A sus 50 años, la cruceña y psicóloga clínica Shirley Virginia Cuéllar Rojas comparte con Para Ellas una historia llena de amor incondicional y resiliencia. Es madre de María Belén Hoyos, de 15 años, y recuerda que el diagnóstico de autismo de su hija significó “un antes y un después” en su vida.
En los primeros años, la falta de información y comprensión generó angustia, ya que la adolescente no habla, y a veces presentaba conductas disruptivas. Sin embargo, esa etapa dio paso a un proceso de aprendizaje, aceptación y crecimiento, en el que madre e hija comenzaron a construir un camino basado en el entendimiento y el acompañamiento diario.
Impulsada por la incertidumbre inicial y el deseo de ofrecerle a su hija un futuro digno, decidió buscar respuestas y soñar con la creación de un espacio donde niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) reciban atención con amor y profesionalismo.
Su mayor anhelo es que María Belén sea feliz, se sienta incluida y logre una vida plena, propósito que hoy también extiende a otras familias.
Actualmente, pese a no contar aún con un espacio físico, la fundación “Belén” trabaja activamente en varias comunidades de Santa Cruz, brindando apoyo psicológico y emocional, orientación en nutrición, estrategias de afrontamiento y visitas a colegios para promover la concientización.
“Nuestra misión es fomentar el desarrollo integral de las personas con TEA mediante un acompañamiento especializado y promover una sociedad más empática e inclusiva”. Asimismo, hace un llamado urgente a la sociedad, al sistema educativo y a las autoridades para no dejar de lado esta realidad.
Señala que, aunque la inclusión es un derecho, muchos colegios no están preparados para atender a niños con autismo, lo que obliga a las familias a asumir altos costos.
“En Bolivia existen al menos 45.000 niños con diagnóstico registrado, además de muchos otros que no cuentan con las condiciones para acceder a un tratamiento ni a los trámites necesarios”, anota la psicóloga y mamá.
En ese contexto, recuerda que este 2 de abril se conmemora el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, una fecha clave para visibilizar y promover una sociedad más inclusiva.
- ¿Qué mitos sobre el autismo le gustaría derribar?
Las personas con autismo sí experimentan emociones, muchas veces de forma intensa. Sin embargo, pueden tener dificultades para expresarlas o comprender las de otros, manifestándolo en conductas como berrinches, que reflejan lo que sienten internamente.
El autismo no es una enfermedad, sino una condición del neurodesarrollo. Con apoyo e intervención temprana, es posible mejorar significativamente la calidad de vida.
- ¿Cómo pueden las personas sumarse a esta causa?
-Crear un mundo inclusivo implica entender y aceptar el autismo para construir una sociedad más empática. Informarnos sobre sus características nos permite comprender mejor a quienes lo viven y darles espacio para expresarse y compartir sus experiencias.
También es fundamental aceptar la diversidad, brindar apoyo a las familias y ser pacientes, reconociendo que cada persona tiene necesidades distintas y merece oportunidades para desarrollar su autonomía. Nadie está exento de enfrentar un diagnóstico cercano; por eso, trabajar juntos es la clave para la inclusión.
- ¿Qué mensaje le gustaría dejar a la sociedad?
Como madre y psicóloga, no podemos ser indiferentes al autismo, una condición que afecta a varias familias y cuya prevalencia va en aumento.
Es necesario unirnos como padres, profesionales y sociedad, porque juntos hacemos la diferencia. No podemos hablar de inclusión si no tomamos en cuenta a nuestros niños y jóvenes con autismo. Todos ellos necesitan más empatía y compromiso para construir un mundo más humano, inclusivo y solidario.