Las tropas rusas atacaron ayer la torre de televisión de Kiev y bombardearon la ciudad de Járkov, intensificando así su ofensiva en Ucrania a pesar de las sanciones occidentales contra Moscú.
Poco antes, el ministerio de Defensa ruso había avisado a los civiles para que abandonen sus hogares porque iba a lanzar un bombardeo contra la infraestructura de comunicaciones. La emisión de televisión fue interrumpida y cinco personas murieron.
Los ataques a Járkov, la segunda ciudad del país de 1,4 millones de habitantes, dejaron 18 muertos y 26 heridos, según los servicios de socorro. Mientras que Filippo Grandi, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), advirtió que el número de personas que logró huir de Ucrania ascendió a 677.000 durante los primeros cinco días de la invasión rusa. Pero la magnitud de la tragedia y los efectos de la crisis no provocó cambios en la “operación militar especial” que el presidente ruso, Vladimir Putin, ordenó sobre Ucrania el pasado 24 de febrero. De hecho, imágenes satelitales captaron una columna de más de 60 kilómetros de vehículos blindados y artillería rusos que avanzaban desde el norte en dirección a Kiev. Además, los rusos parecían registrar avances en el sur del país, en la región del mar de Azov. El puerto Mariúpol estaba sin electricidad por los bombardeos y el gobernador de la región indicó que la localidad de Volnovaja, de 20.000 habitantes, quedó casi “destruida” por la agresión. El Ministerio de Defensa ruso informó que sus tropas avanzaban por la costa desde la península de Crimea (anexada en 2014), con apoyo de las milicias separatistas prorrusas de Donetsk, lo que brinda una continuidad territorial estratégica para las fuerzas invasoras. Rusia controla también los accesos a la ciudad costera de Jerson de 290.000 habitantes. Ante este escenario, el primer ministro británico, Boris Johnson, denunció bombardeos “absolutamente nauseabundos” y sugirió excluir a Rusia del Consejo de Seguridad de la ONU. La organización celebró intensas reuniones es desde el pasado fin de semana.
Hay más, pues a esa cifra se suma el millón de desplazados internos. Este éxodo “podría convertirse en la crisis de refugiados más importante de este siglo en Europa”, afirmó Grandi.
Además, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) convocó audiencias el 7 y el 8 de marzo en un caso que le fue presentado por Ucrania, que acusa a Rusia de genocidio. La juez presidenta de la Corte, Joan Donoghue, llamó la atención de Rusia “sobre la necesidad de actuar de manera que toda decisión de la Corte pueda tener los efectos deseados”, precisó la CIJ, principal órgano judicial de Naciones Unidas, con sede en La Haya.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, dijo que el bombardeo ruso contra Járkov es un “crimen de guerra” y señaló que la defensa de la capital, Kiev, ahora es la “prioridad”. “El bombardeo contra Járkov es un crimen de guerra. Es terrorismo por parte de Rusia”, dijo Zelenski en un video divulgado por Telegram.
La plaza central de Járkov devastada. Un periodista de la AFP constató que los vidrios de las ventanas estallaron y que había escombros por todas partes. Los servicios de emergencia estaban desplegados evacuando heridos.
Rusia también posee aliados en esta parte del mundo. Vladimir Putin y Nicolás Maduro mantuvieron una comunicación telefónica y ese diálogo fue confirmado por el Kremlin mediante un comunicado de prensa.
“Vladimir Putin compartió sus valoraciones sobre los acontecimientos en torno a Ucrania, señalando que los objetivos de la operación militar especial son la protección de los civiles en Donbás, el reconocimiento por parte de Kiev de la RPD y la RPL y la soberanía de Rusia sobre Crimea, así como la desmilitarización y desnazificación del Estado ucraniano, y la garantía de su estatus neutral y libre de armas nucleares”, señala el comunicado de apoyo de Maduro en favor de Putin.
Pero, por la magnitud de la operación militar rusa que sobrepasó los límites de Donbás, la Unión Europea (UE) insistió en la presión para que Moscú deje Ucrania. Los 27 países del bloque decidieron prohibir la difusión de los medios estatales rusos RT y Sputnik y autorizaron la exclusión de “algunos bancos rusos” del sistema interbancario Swift.
Estados Unidos, Europa y los países aliados ya habían indicado su intención de adoptar sanciones sin precedentes para castigar a Moscú, que iban de la exclusión de Swift al bloqueo de divisas, pasando por sanciones individuales contra la élite política, gubernamental y empresarial rusa.
La lluvia de sanciones se amplió igualmente en los ámbitos deportivo, cultural y empresarial. La federación internacional de atletismo, World Athletics, excluyó a deportistas rusos y Bielorrusia (un país aliado de Moscú) de todas sus competiciones; la organización del Mundial de Voleibol le ha sido retirada a Rusia y sus patinadores no podrán competir “hasta nueva orden”, al igual que sus selecciones de tenis y ciclismo.
Varias orquestas y festivales anularon sus compromisos con el músico ruso Valeri Guérguiev, un defensor de Putin, despedido ayer de la dirección de la orquesta filarmónica de Múnich.
El gigante de la tecnología Apple suspendió por su lado la venta de sus productos en Rusia, mientras que el Banco Mundial y otras organizaciones anuncian ayudas millonarias a Kiev.