El presidente electo de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, expresó su disposición a mejorar y profundizar los vínculos con Chile, aunque sin anunciar un restablecimiento inmediato de las relaciones diplomáticas a nivel de embajadores, interrumpidas desde 1979, tras el fallido intento de negociación conocido como el “abrazo de Charaña”, cuando ambos países exploraron sin éxito una salida soberana al mar para Bolivia.
“Con Chile tenemos relaciones. De hecho, tenemos consulados. Pero no el tipo de relaciones que quisiéramos tener. Bolivia tiene un interés muy grande sobre el Pacífico. Vamos a trabajar para mejorar las relaciones, pero además para que sean de beneficio mutuo. Hay una suerte de vinculación con las mafias internacionales que hay que resolver. Será de interés que Bolivia, con su peso específico sobre el Pacífico, sea parte de una relación positiva y de beneficio para ambos países”, afirmó Paz en contacto con los periodistas.
Una mirada pragmática y regional
El mandatario electo —que asumirá el próximo 8 de noviembre— se refirió a este escenario mientas busca instalar un ‘reset’ de la política exterior, con énfasis en la transparencia contractual, la cooperación contra ilícitos y la rearticulación de alianzas con países democráticos, incluyendo Estados Unidos. En el caso de Chile, su enfoque prioriza la seguridad fronteriza, el combate al contrabando y al tráfico de migrantes, así como la integración bioceánica, antes que una agenda de reivindicaciones históricas.
Esta posición marca distancia del largo ciclo diplomático del expresidente Evo Morales, quien llevó dos litigios ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ): uno sobre la obligación de negociar una salida soberana al mar —fallado en 2018 en contra de Bolivia— y otro sobre las aguas del Silala, donde la Corte reconoció su condición de cauce internacional compartido y pidió a ambos países proteger ese recurso.
“Legalizar no es legitimar el delito”
Durante la campaña, Paz provocó un intenso debate en Chile y Bolivia al prometer regularizar los vehículos “chutos” (autos internados sin impuestos), aunque luego aclaró que no incluirá a los vehículos robados en Chile y contrabandeados al país. “Legalizar no es legitimar el delito. No podemos seguir siendo un mercado de receptación”, declaró entonces.
Su postura fue interpretada como una señal de equilibrio entre el pragmatismo económico y la cooperación judicial y policial con el país vecino, en un contexto en que ambos gobiernos enfrentan mafias que operan en la frontera y usan el contrabando de vehículos como moneda de cambio en el narcotráfico.
Reacciones desde Santiago
Desde Chile, las felicitaciones al presidente electo incluyeron mensajes de apertura, aunque con matices. Eso sí, el mandatario Gabriel Boric estuvo entre los primeros líderes en exteriorizar sus felicitaciones por su ascenso a la primera magistratura del país.
De los ocho candidatos que buscarán la presidencia de Chile el 16 noviembre solo dos, ambos de derecha, se refirieron al cambio de ciclo que se dará en Bolivia a partir del próximo 8 de noviembre. Ni siquiera Marco Enríquez-Ominami se expresó a pesar de su proximidad al país y particularmente al MAS en tiempos en los que el Grupo de Puebla intentó reconciliar a ese partido.
La candidata conservadora Evelyn Matthei sostuvo que su país tiene “voluntad y compromiso de avanzar en temas urgentes como la migración irregular, el control fronterizo y la cooperación contra el crimen organizado transnacional”, mientras que el líder republicano José Antonio Kast fue más directo: “Si soy elegido Presidente, me comprometo a reanudar las relaciones diplomáticas con Bolivia desde el día uno, dejando atrás las divisiones del pasado. Chile y Bolivia deben unirse para enfrentar la inmigración ilegal, el narcotráfico y construir una alianza común de progreso para nuestros pueblos hermanos”.
Kast también aprovechó para marcar distancia con el presidente saliente boliviano, Luis Arce, a quien acusó de mantener una “relación de amistad directa” con Boric: “Bolivia se ha quitado el yugo de los amigos del actual gobierno en Chile”, dijo el ultraconservador.
Un clima propicio para el diálogo
El contexto regional favorece una reconfiguración diplomática. El canciller chileno Alberto van Klaveren inauguró el lunes el XVIII Encuentro Chile–Bolivia: Construyendo un futuro común en Santiago, donde destacó que ambos países “han retomado espacios de coordinación con una agenda capaz de procesar diferencias e identificar oportunidades”.
El evento —que reúne a académicos, diplomáticos y periodistas de ambas naciones— refleja una voluntad compartida de reconstruir confianza, justo cuando Bolivia inicia una nueva etapa política y económica. En esa cita, la autoridad chilena no se refirió en específico al cambio de mando en el país, pero planteó varias reflexiones.
Entre la historia y el futuro
En todo caso, el restablecimiento de relaciones diplomáticas a nivel de embajadores no forma parte inmediata de la agenda de Paz, pero su discurso apunta a una normalización gradual, basada en intereses comunes y en el principio de respeto mutuo.
“La diplomacia del siglo XXI —ha dicho el presidente electo— no puede ser la del aislamiento, sino la de la cooperación responsable”.