Potosí despertó este miércoles de ceniza convertido en un velorio. La Gobernación declaró duelo por cinco días y las actividades para cerrar el Carnaval de este fin de semana quedaron suspendidas. En el cementerio, Potosí despidió a 31 personas fallecidas en la carretera.
“Duele tanto… tantos entierros en solo un día”, dijo la asambleísta Azucena Fuertes tras reclamar mayor compromiso de las autoridades. Anunció que se tramita una ley especial departamental para endurecer los controles en las carreteras,
En un contacto con EL DEBER, Fuertes contó que el camposanto, acostumbrado al luto, no había conocido una jornada como esta en años.
En un rincón del cementerio, un policía municipal pedía a las familias que acortaran los rituales. Era imposible cumplir con la tradición de acompañar al ataúd hasta el nicho y luego despedir a los asistentes en la puerta. No había espacio ni tiempo: los entierros eran continuos, uno tras otro, una procesión de duelo que parecía no acabar. “El cementerio ha colapsado”, admitió Fuertes.
La tragedia que tiñó de negro el carnaval de Potosí ocurrió el lunes 3 de marzo, a 90 kilómetros de la ciudad, en el sector conocido como Las Leñas. Un bus que retornaba de Oruro, tras la entrada de Carnaval de Oruro y colisionó frontalmente con una vagoneta particular, cayendo a un barranco. Ese día 31 personas murieron en el acto y otras 22 quedaron heridas.
Entre los fallecidos había bailarines, músicos y espectadores que habían viajado a Oruro para la festividad. Algunos aún llevaban en sus maletas la vestimenta de sus fraternidades, una evidencia cruel de lo que fue su último viaje.
Las escenas posteriores al accidente mostraron las mismas fallas estructurales que Potosí arrastra desde hace décadas. La morgue, con capacidad limitada, colapsó en cuestión de horas. No había camillas suficientes y los cuerpos, cubiertos apenas con sábanas, se alinearon en el suelo frío, relató la asambleísta.
Un solo médico forense tuvo que asumir la titánica tarea de identificar y revisar los cadáveres. A medida que llegaban las familias desde Santa Cruz, La Paz y Oruro —muchas víctimas no eran potosinas—, el llanto se mezclaba con la rabia. Hasta el martes, aún faltaba establecer la identidad de dos de los fallecidos.
“Mientras aquí enterramos a nuestros muertos, la ATT y Tránsito se echan la pelotita, ninguno quiere asumir su responsabilidad”, denunció Azucena Fuertes.
Para la asambleísta, el exceso de velocidad, la falta de controles y la permisividad de las autoridades nacionales son tan responsables como el conductor de la vagoneta. Grover P., de 23 años, no tenía licencia para conducir y, según el informe preliminar, invadió el carril contrario. Viajaba con su esposa y su pequeño hijo, quienes ahora se recuperan en un hospital.
Ese martes, la muerte pareció extenderse en fila india por las calles de Potosí, desde las casas hasta el cementerio. Cuatro parejas fueron enterradas juntas, tras haber compartido un último Carnaval. En algunos nichos, los amigos dejaron flores, en otros, dejaron las caretas y cintas que usaron en la entrada de Oruro. Nadie bailó. Nadie quiso. El carnaval quedó sepultado junto a ellos.
Desde la asamblea propongo una Ley de transporte departamental y exijo control efectivo en las trancas a los choferes. No podemos seguir naturalizado los accidentes con muertes y el consumo de alcohol al volante. ¿Dónde esta tránsito?, ¿Dónde esta la ATT?, cuestionó Fuertes.