Katerine Antezana estuvo internada en el hospital de Cossmil de La Paz. Es la esposa del general de Ejército en servicio pasivo Tomás Peña y Lillo quien desapreció el 26 de junio, cuando se produjo un asalto militar fallido a Palacio Quemado, la antigua sede del Gobierno boliviano.
A pesar de las instrucciones de los médicos, Katerine optó por volver a su casa. En un contacto con EL DEBER denunció hostigamiento policial y aseguró que estará en su domicilio a la espera de noticias de su esposo.
El militar está en una lista de las personas buscadas por la Policía. Es uno de los sospechosos de haber colaborado al general Juan José Zúñiga en la asonada militar de la pasada semana.
“Ese día mi esposo salió a su trabajo porque es presidente de jefes y oficiales en retiro. Me llamó para decirme que estaba regresando a almorzar, pero eso no sucedió. Desde ese día desapareció, nadie sabe de su paradero, vivimos una incertidumbre con mi familia”, afirmó.
Katerine dijo que teme que los policías “siembren pruebas” para poder incriminarlo en el caso.
Recordó así que, desde la una de la madrugada del 26 de junio, los agentes policiales rondan por su casa. “Me dijeron que era algo de rutina y que buscaban a mi esposo. Les dije que no se encontraba; tenía temor porque yo estaba con mi niño de cinco años y me dijeron que iba a venir la prensa, y fiscales. Por eso, les firme un acta de ingreso. Verificaron toda la casa, no teníamos problemas y verificaron que mi esposo no estaba”, dijo.
Pero a las 04:00 de ese mismo jueves regresaron los policías, pero ya de forma prepotente. No le mostraron orden de allanamiento y tampoco estuvo un fiscal con ellos.
“Mi esposo es Presidente de la Unión de Militares del Servicio Pasivo, es un hombre de honor; fue comandante de la Octava División de Ejército de Santa Cruz, jamás le gustó la política. Por e so presentamos, días después, una acción de libertad, pero nos la negaron, pero vamos a salir a todas partes en busca de mi esposo. Hay mucha gente inocente encarcelada”, subrayó.