Lo que empezó como una inquietud para abrir nuevos mercados para la miel que obtenían los productores del Chaco chuquisaqueño, terminó convirtiéndose en una inédita e histórica primera biblioteca de mieles en Bolivia.
Lo primero que detectaron como importante para ingresar a nuevos mercados como el de Santa Cruz y La Paz, era conocer las mieles que hay en Chuquisaca, caracterizarlas, diferenciarlas y saber sus atributos, tanto de las nativas, como las de Apis mellifera (abeja extranjera, mayormente procedente de África y Europa).
Fue entonces que, gracias a la Fundación Pasos, que los ha venido capacitando e impulsando, se tendieron puentes de cooperación interinstitucional entre las universidades de San Francisco Xavier, de Chuquisaca, y la Universidad de Milán, Italia, hasta donde se enviaron muestras que se estudiaron y bajo las normas europeas, se llegaron a certificar, según explicó Armando Delgado, responsable de la Fundación Pasos, en Monteagudo.
La biblioteca de mieles es ahora una realidad. Fruto de todo esto, albergan allí diferentes mieles de todos los pisos ecológicos de Chuquisaca y también las mieles de abejas nativas de diferentes especies. La idea es ir almacenando y coleccionándolas a escala nacional. Como cereza del pastel, cada muestra codificada con sus características y valor nutritivo han sido puesta en un libro que se presentará este 23 de mayo.
Las mujeres de la miel
Las mujeres en Monteagudo (Chuquisaca) se dedicaban a las labores de casa y a apoyar en las actividades de agricultura, principalmente, pero de un tiempo a esta parte, son ellas las que comandan la crianza y manejo de abejas sin aguijón, o como se dice con propiedad: meliponicultura.
Parece un trabalenguas el nombre de esta práctica ancestral que se enfoca en la conservación de estas abejas nativas y su producción de miel -entre ellas la de la famosa Señorita-, pero ese enrevesado nombre y las complejas etiquetas científicas de cada tipo y especie, Edith Martínez y su grupo de meticulosas obreras, lo manejan como todas unas expertas, y se han convertido en una especie de agrupación de mujeres de la miel, como se empeñó a llamarlas un reportaje de la Deutsche Welle (agencia alemana de noticias).
Lo que antes era un trabajo netamente para hombres, ahora tiene mano de obra femenina. De los 360 productores de miel de la abeja extranjera (Apis Mellifera), 170 son mujeres y la totalidad de productores (315) de la abeja nativa tienen rostro de mujer en Monteagudo y Villa Vaca Guzmán (chaco chuquisaqueño).
No fue producto del azar, en el área protegida Iñao, la ONG Fundación Pasos trabaja con las organizaciones de productores. Cuando ingresaron a la zona, la apicultura era bien incipiente y se la manejaba solo como hobby. Las organizaciones en 2014 estaban integradas únicamente por varones, pero eso fue cambiando.
Se empezó a capacitar a las féminas sobre derechos humanos y derechos de las mujeres, y se fueron empoderando, al punto de que actualmente ellas hacen manejo propio de la actividad de la miel, e incluso, se han convertido en facilitadoras en apicultura, conjuntamente con la Universidad San Francisco Xavier.
Así es como se ha dinamizado la apicultura en el chaco, y es que una vez generaron ingresos económicos, ellas se motivaron y acabaron siendo mayoría.
Producción y ganancia
Actualmente en el chaco chuquisaqueño está la asociación más grande de mujeres al cuidado y manejo de abejas nativas, ellas son la Asociación de Mujeres Meliponicultoras Ecológica del Chaco Chuquisaqueño (Ammecch).
Tienen una capacidad de producción de 600 ml por colmena de abeja Señorita, Negra y Tankarillo. Es ínfimamente menor en comparación con la producción de la otra abeja (Apis Mellifera), que es de 20 kg. por caja, pero sus bondades nutritivas y medicinales lo justifican, detalla Edith, a quien la investigación y el trabajo en el campo la apasionan.
Las señoras usan equipos de protección y poco a poco han ido perdiendo el miedo, hasta darse cuenta que las abejas no son tan agresivas como la gente piensa. Sus ingresos son muy modestos, son de entre Bs 9.000 a Bs 14.000 anualmente, cuando tienen en promedio unas 15 colmenas, pero están entusiasmadas.
Los 360 productores de Apis llegan a tener 200 toneladas de miel y las 315 productoras nativas, tienen capacidad de producir unos 1.500 litros.
Una vida en torno a la miel
Edith creció en torno a la miel, sus padres y hermanos son apicultores, el bendito producto no les ha faltado con el sustento y ella irradia lo que sabe a sus pares, que con entusiasmo y delicadeza plantan las cajitas en la tierra, que parecen más unas casitas de pájaros, pero que una vez año o cuando la naturaleza lo dispone, entrega su dulce producto.
Las mujeres en Monteagudo (Chuquisaca) se dedicaban a las labores de casa y a apoyar en las actividades de agricultura, principalmente, pero de un tiempo a esta parte, son ellas las que comandan la crianza y manejo de abejas sin aguijón, o como se dice con propiedad: meliponicultura.
Parece un trabalenguas el nombre de esta práctica ancestral que se enfoca en la conservación de estas abejas nativas y su producción de miel -entre ellas la de la famosa Señorita-, pero ese enrevesado nombre y las complejas etiquetas científicas de cada tipo y especie, Edith Martínez y su grupo de meticulosas obreras, lo manejan como todas unas expertas, y se han convertido en una especie de agrupación de mujeres de la miel, como se empeñó a llamarlas un reportaje de la Deutsche Welle (agencia alemana de noticias).
Lo que antes era un trabajo netamente para hombres, ahora tiene mano de obra femenina. De los 360 productores de miel de la abeja extranjera (Apis Mellifera), 170 son mujeres y la totalidad de productores (315) de la abeja nativa tienen rostro de mujer en Monteagudo y Villa Vaca Guzmán (chaco chuquisaqueño).
No fue producto del azar, en el área protegida Iñao, la ONG Fundación Pasos trabaja con las organizaciones de productores. Cuando ingresaron a la zona, la apicultura era bien incipiente y se la manejaba solo como hobby. Las organizaciones en 2014 estaban integradas únicamente por varones, pero eso fue cambiando.
Se empezó a capacitar a las féminas sobre derechos humanos y derechos de las mujeres, y se fueron empoderando, al punto de que actualmente ellas hacen manejo propio de la actividad de la miel, e incluso, se han convertido en facilitadoras en apicultura, conjuntamente con la Universidad San Francisco Xavier.
Así es como se ha dinamizado la apicultura en el chaco, y es que una vez generaron ingresos económicos, ellas se motivaron y acabaron siendo mayoría.
Actualmente en el chaco chuquisaqueño está la asociación más grande de mujeres al cuidado y manejo de abejas nativas, ellas son la Asociación de Mujeres Meliponicultoras Ecológica del Chaco Chuquisaqueño (Ammecch).
Tienen una capacidad de producción de 600 ml por colmena de abeja Señorita, Negra y Tankarillo. Es ínfimamente menor en comparación con la producción de la otra abeja (Apis Mellifera), que es de 20 kg. por caja, pero sus bondades nutritivas y medicinales lo justifican, detalla Edith, a quien la investigación y el trabajo en el campo la apasionan.
Las señoras usan equipos de protección y poco a poco han ido perdiendo el miedo, hasta darse cuenta que las abejas no son tan agresivas como la gente piensa. Sus ingresos son muy modestos, son de entre Bs 9.000 a Bs 14.000 anualmente, cuando tienen en promedio unas 15 colmenas, pero están entusiasmadas.
Los 360 productores de Apis llegan a tener 200 toneladas de miel y las 315 productoras nativas, tienen capacidad de producir unos 1.500 litros.
Una vida en torno a la miel
Edith creció en torno a la miel, sus padres y hermanos son apicultores, el bendito producto no les ha faltado con el sustento y ella irradia lo que sabe a sus pares, que con entusiasmo y delicadeza plantan las cajitas en la tierra, que parecen más unas casitas de pájaros, pero que una vez año o cuando la naturaleza lo dispone, entrega su dulce producto.
Edith creció en torno a la miel, sus padres y hermanos son apicultores, el bendito producto no les ha faltado con el sustento y ella irradia lo que sabe a sus pares, que con entusiasmo y delicadeza plantan las cajitas en la tierra, que parecen más unas casitas de pájaros, pero que una vez año o cuando la naturaleza lo dispone, entrega su dulce producto.