Óscar Hassenteufel, el vicepresidente y presidente en ejercicio del Tribunal Supremo Electoral que llevó adelante los comisios nacionales este año, es el Personaje del año 2025 para EL DEBER. El galardón, plasmado en un Patujú de Bronce, reconoce la trayectoria, la serenidad y el liderazgo de Hassenteufel para guiar un proceso electoral considerado histórico por su trascendencia para el país. Su figura fue clave para devolver la confianza de la población luego de los sucesos de 2019 que quedaron marcados para la historia por la sombra del fraude electoral.
A continuación la entrevista que este personaje concedió a ED24, a pocas horas de recibir su galardón:
-¿Ya se siente libre, no?
Ya se cumplió mi mandato en el Tribunal Supremo del Estoral (TSE) y de verdad que, por lo menos, en lo que va de estos días, los estoy disfrutando mucho. Me siento un hombre renovado, libre de toda responsabilidad y compromiso.
-¿Cómo fueron estos cuatro años al mando del TSE, fue su experiencia más dura?
Yo me hice cargo de la presidencia a partir del año 2021, después de la renuncia de Salvador Romero. Siempre suelen haber complicaciones en algunos momentos cuando uno ejerce alguna función así relativamente importante. Pero creo que, efectivamente, esta ha sido una experiencia bastante dura porque recibimos el Tribunal con una mala imagen por lo que había ocurrido el año 2019 y nos costó mucho recuperar la confianza ciudadana. Uno de los grandes problemas con los que tuvimos que luchar fue justamente ese, poder recuperar la confianza de las bolivianas y los bolivianos.
Hay problemas muy concretos que hemos confrontado, pero creo que ese ha sido el gran problema que nos ha tenido ocupados todo este tiempo.
-¿Qué ha sido más difícil dirigir como Tribunal Electoral, elecciones en pandemia, o esta última etapa en la que los amparos judiciales han puesto una tras otra traba a la elección judicial e incluso generó cierto grado de incertidumbre también en las nacionales?
Sí, efectivamente cada momento ha tenido sus complicaciones. En la primera fase, digamos, de nuestra presencia en el Tribunal, tuvimos que enfrentar el tema de la pandemia. Y efectivamente, no era un problema menor, la gente estaba asustada, preocupada. Al final, la gente no quería elecciones, prefería que no haya elecciones por cuidar su salud. Fuimos el segundo país en hacer elecciones en plena pandemia, República Dominicana fue el primero y nos demostró que se podía hacer sin una mayor complicación del tema.
El segundo gran problema fue el tema de la elección judicial, que al final no la pudimos hacer completa por la serie de acciones judiciales que fueron entrabando el proceso y la tercera gran preocupación fue la elección general, pues siempre hay complicaciones con los candidatos, con las organizaciones políticas. Tuvimos que quitarle la personalidad jurídica a algún partido, tuvimos que inhabilitar a algún candidato, etc. Todo eso genera problemas, genera reclamos, genera incertidumbre. Pero también el tema económico influyó mucho en esta última elección general. No tanto en lo interno, sino para tener la elección fuera del país. No teníamos divisas, el Ejecutivo hizo los esfuerzos que pudo, cumplió finalmente con nosotros, con demora, pero logramos salir adelante con el apoyo de los embajadores, de los cónsules y asumiendo medidas creativas para llevar adelante el proceso.
-¿Cuál fue el aspecto que usted se permitiría destacar como fundamental de su gestión y cuál, a su vez, la mayor dificultad que tuvo que enfrentar?
Yo creo que el desarrollo del Sistema de Resultados Rápidos Preliminares, el Sirepre, fue uno de los grandes logros en esta gestión del Tribunal Supremo Electoral. Fue el Sirepre el que nos permitió darle la información de los resultados a la gente alrededor de las 8 de la noche del 17 de agosto, lo cual generó confianza, certidumbre. No hubo reclamos, nadie objeto nada. Creo que ese es un gran avance que hay que destacarlo y hay que mantenerlo, hay que cuidarlo. No es un sistema que hubiera costado millones, no hemos comprado un sistema, no, lo hemos desarrollado al interior del propio Tribunal con los técnicos del Tribunal. Tiene un costo, por supuesto, pero funciona bien, es absolutamente confiable. Yo creo que ese ha sido el mayor logro y lo que hay que destacar y cuidar.
En el aspecto negativo, creo que todavía nos falta lograr una mayor confianza y credibilidad de la ciudadanía. El propio hecho de que en la última ley que aprobó la Asamblea Legislativa, disponiendo que el Tribunal haga un nuevo padrón en los dos años, está mostrando que todavía falta credibilidad. El padrón es un elemento, un instrumento absolutamente confiable. Se los he dicho muchísimas veces, pero todavía no acaba de creerlo, la gente. Con ese padrón se hizo el referendo del 2016, donde gana el no, con ese padrón se hicieron las elecciones judiciales, donde el voto nulo y blanco fue mayoría, lo cual mostró que la gente no estaba de acuerdo con ese sistema de designación de magistrados. Con ese mismo padrón se han hecho otras elecciones, no veo razón para que la gente no confíe en ese instrumento. Pero sigue siendo una tarea incompleta para la gran mayoría de la población.
-¿Que queda por hacer?
Lo que queda por hacer es buscar los mecanismos necesarios para actualizar la plataforma biométrica. Cuando se hizo el empadronamiento para crear este padrón biométrico, allá por el año 2009-2010 se compraron unos equipos. Esos equipos ya han cumplido su vida útil, son equipos obsoletos.Lo que hay que hacer es renovar esos equipos. Eso no lo pudimos lograr nosotros, hicimos dos o tres intentos de llevar adelante unos procesos de licitación, pero no pudimos concluirlo adecuadamente por una serie de razones, teníamos el presupuesto, pero surgieron críticas, cuestionamientos, que se estaba contratando una empresa que había hecho el fraude en Venezuela, tonterías de esas que no nos permitieron realmente avanzar, pero esa es una de las tareas inconclusas.
-Sabemos que usted estaba destinado a ser doctor, ¿cómo es esa historia? ¿y cómo terminó siendo lo que es?
En los primeros años de mi vida, siendo muy chico, cinco años, probablemente, hubo en mi zona (Chaco chuquisaqueño) una pandemia de fiebre amarilla. No había un médico en toda la zona y lograron traer a uno de Sucre que estaba alojado en la casa de mis padres, entonces, yo compartía mucho con él. Él vacunaba, me hablaba, me charlaba y me entró el deseo de hacerme médico. Y ese deseo permaneció por muchos años hasta que llegó el momento de que debía salir bachiller. Luego recibimos la visita de un distinguido personaje que era embajador de Bolivia en la Santa Sede, el doctor Fernando Ortiz, quien nos dio una charla de orientación vocacional, y en ese momento yo cambié aquel deseo de hacerme médico por el deseo de hacerme abogado.
Pero llegué a Sucre a los cursos vestibulares y me inscribí en Medicina, estuve dos días, al tercer día me fui a Derecho, me dije esto no es para mí, me fui a Derecho y creo que escogí bien.
-Otro aspecto de la faceta familiar, la suya es una familia de juristas...
Sí, hay bastante abogados en mi familia, ciertamente. Yo tengo tres hijos, dos de ellos son abogados. Fuimos diez hermanos, quedamos ocho y de esos ocho, cuatro somos abogados. Y tengo primos, sobrinos, varios que son abogados.
-Es familia de juristas y también familia de 'stronguistas'...
En mi grupo de familiares más cercanos todos somos hinchas del Strongest. Yo trabajaba yo en el Ministerio del Trabajo, cuando la ministra era la señora Alcira Espinosa, que fue la primera mujer en asumir un cargo en el Ejecutivo y que después fue a la Corte Nacional de Electoral. Y entonces ella me encomendó un día la tarea de acompañar al Club Strongest a los centros mineros, había sido contratado el Club por el Ministerio para jugar dos partidos en los centros mineros. Entonces fui acompañando la delegación. Yo era un muchacho en ese momento, y entonces me hice, amigo, muy fácilmente, de todos los jugadores del equipo. Esto era en los días del 6 de agosto del año 69, y al mes, el 26 de septiembre,se produjo el accidente de Viloco, donde mueren la mayoría de estos muchachos y eso me dio mucha pena. Yo llegué a derramar algunas lágrimas y desde ese día me hice hincha del Strongest, osea, mi pasión tiene una motivación sentimental.
-¿Qué otra afición tiene fuera del fútbol?
Bueno, el ajedrez es algo que me apasiona y yo jugaba mucho antes porque se podía conseguir amigos que jugaban. Ahora juego con la computadora cuando tengo un poco de tiempo.
-Libre de compromisos y responsabilidades, ¿qué piensa hacer en adelante?
Compartir más con mi familia, mi esposa ha estado abandonada, lo he comentado una vez, muchas veces yo volvía muy tarde y ella no almorzaba o comía algo muy ligero. Entonces, creo que ahora voy a poder compartir y acompañarla más que antes.
-¿Cómo recibió usted la nominación como Personaje del año de El Deber?
Con sorpresa, con mucha emoción y con una inmensa gratitud al grupo El Deber, porque seguramente hay otras personas que también merecían este reconocimiento. Lo agradezco profundamente y lo voy a expresar esta noche con más amplitud. Realmente es algo que me comueve y lo agradezco, de verdad.