“Estamos vivos, puedo decir que los milagros sí existen”. Fue una de las frases de Mirtha Fuentes, mientras reposaba en una camilla en el hospital Germán Busch de Trinidad, capital de Beni, luego del accidente aéreo que sufrió junto a tres pasajeros, además del piloto de la aeronave, en una zona pantanosa y selvática de la región beniana.
Estas cinco personas, que se encontraban desaparecidas desde el mediodía del miércoles 30 de abril hasta la mañana del viernes 2 de mayo, sobrevivieron comiendo chivé.
Ellos fueron rescatados por un grupo de pescadores que abriéndose paso a punta de machete y remando por varias horas llegaron hasta el lugar donde se encontraban los cinco sobrevivientes, entre ellos un menor de cinco años.
Los pescadores, que el día del accidente escucharon gritos de auxilio de los sobrevivientes de la aeronave, dieron pistas del lugar donde se había precipitado.
El primero en pasar desde la panza de la avioneta siniestrada a la embarcación fue el niño, cargado en brazos; luego las mujeres y por último el piloto. Tras el rescate, los sobrevivientes fueron entregados a los rescatistas de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB), quienes desde el cielo monitoreaban el trabajo de los pescadores.
Deshidratados y cansados, así se encontraban los pasajeros y el menor de edad cuando fueron rescatados por pescadores y luego por militares de la FAB en un pantano
Sobre el accidente El miércoles 30 de abril se reportó la desaparición de una avioneta Cessna 172 con matrícula CP-199 con cinco personas a bordo, entre ellos el menor de cinco años, situación que ocasionó la angustia de los familiares y también de la sociedad por hallarlos con vida. La aeronave partió al mediodía desde Baures y tenía como destino Trinidad. Sin embargo, esto no se dio y el último reporte de comunicación del piloto Pablo Andrés Velarde Heredia fue 20 minutos después del despegue, cuando se declaró en emergencia al tener fallas mecánicas. Fue el mismo presidente del Estado, Luis Arce Catacora, quien ordenó el despliegue inmediato de los equipos de rescate de la FAB, entre otras entidades, para localizar a los pasajeros y piloto de la avioneta. Luego del rescate, y un poco más tranquilo, Velarde recordó que el aterrizaje fue puesto en manos de Dios, al margen de lo que tenga que pasar. Relató, además, que la calma que mantuvieron los cuatro pasajeros, después del impacto y durante la espera del rescate, fue clave para sobrevivir. Mitigaron el hambre con puñados de chivé, que no quedó contaminado al estar sellado en su envoltura. El piloto, de 27 años, contó que la gasolina que se expandió sobre el pantano al momento del accidente fue determinante para que no sean devorados por caimanes o picados por las víboras que merodeaban en el pantano. “Al momento de tocar el pantano recibí un golpe duro con el parabrisas. Fue cuestión de tranquilizarnos”, dijo a La Palabra del Beni. Precisamente Velarde fue la última persona que salió del agua tras el impacto, ya que el resto logró salir con rapidez porque el golpe no fue duro y las puertas quedaron abiertas. A su vez, la pasajera Fuentes destacó la templanza que demostró el piloto al dar las órdenes de mantener la calma y subir a la panza de la avioneta para ponerse a buen resguardo. “A pesar de los golpes, salimos de debajo del agua, nos pusimos a llorar de felicidad porque salimos vivos, gracias a Dios y gracias a la inteligencia del piloto”, expresó. Desde el hospital Germán Busch informaron que los viajeros sufrieron golpes y deshidratación en diferentes grados, pero que están estables. Mientras que en el hospital Materno Infantil de Trinidad, el menor de cinco años se recupera favorablemente mientras recibe alimentación. LOS DATOS FALLAS EN EL MOTOR El aterrizaje forzoso se produjo en Pedro Ignacio Muiba, por una falla que presentó el motor de la aeronave. La Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) activó una investigación técnica para determinar la causa del accidente. DISTANTE A 123 KM DE TRINIDAD La aeronave partió desde Baures hacia Trinidad. No implicaría largas horas de viaje, pero las 48 horas de espera de los ocupantes se convirtieron en una eternidad. “ÁNGELES” PESCADORES La presencia de los pescadores cerca del accidente fue un bálsamo para los desaparecidos, que lanzaron gritos de pedidos de auxilio. Los que merodearon alertaron a las autoridades y así se consumió el rescate.