Por Mauricio Quroz y Yolanda Mamani
Con el cierre de las elecciones subnacionales y a la espera de eventuales segundas vueltas en las gobernaciones, el presidente Rodrigo Paz Pereira alista una nueva fase política: la validación legislativa de su proyecto de “transformación del Estado”, en un escenario marcado por la fragmentación del poder y los desafíos de gobernabilidad.
Desde Tarija, donde emitió su voto, el mandatario delineó la hoja de ruta que seguirá en las próximas semanas. Su estrategia pasa por convocar a las brigadas parlamentarias para impulsar un paquete de leyes clave, entre ellas hidrocarburos, minería, educación y seguridad jurídica, además de viabilizar préstamos internacionales destinados a infraestructura y desarrollo.
“Este es un ciclo muy politizado. Se acaban las elecciones y presentaremos las normas al Parlamento”, afirmó Paz, al anticipar que buscará construir acuerdos con todas las fuerzas políticas bajo la idea de un “gran centro” que permita viabilizar reformas estructurales.
El giro: del ciclo electoral a la gestión política
El discurso presidencial refleja un punto de inflexión: pasar de un periodo marcado por la intensidad electoral —tres elecciones en seis meses— a una etapa de gobernabilidad y ejecución. Paz no solo cuestionó esa sobrecarga democrática, sino que la asumió como una señal de que el sistema debe ser ajustado.
En paralelo, el mandatario reivindicó avances en sus primeros meses de gestión, como el “ordenamiento de la economía” y la reactivación de la agenda internacional, aunque dejó claro que el siguiente paso dependerá de la articulación con gobiernos subnacionales y el Legislativo.
En ese marco, su propuesta de “Agenda 50/50” —que plantea redistribuir el presupuesto nacional entre el nivel central y las regiones— aparece como el eje político de la nueva etapa. Más que un reparto de recursos, el Gobierno la presenta como una profundización de las autonomías, con mayor capacidad de decisión para los territorios en áreas como educación, salud y desarrollo económico.
Reformas estructurales en carpeta
El paquete de reformas que impulsa el Ejecutivo no es menor. Incluye desde una reforma tributaria bajo la consigna de “capitalismo para todos”, hasta la reconfiguración del aparato estatal mediante el congelamiento de empresas públicas deficitarias y la digitalización de procesos.
A ello se suman leyes estratégicas para sectores clave como hidrocarburos —especialmente sensibles para regiones como Tarija—, minería y recursos evaporíticos, en un contexto en el que el propio presidente reconoció la pérdida de mercados como el argentino y la necesidad de reactivar la producción energética.
Un escenario político fragmentado
Sin embargo, la implementación de esta agenda enfrenta un contexto complejo. El exsenador y analista Carlos Börth advierte que el mapa político que emergerá tras las subnacionales estará marcado por la dispersión.
La implosión del MAS —que en el pasado concentraba el poder territorial— ha dado lugar a múltiples frentes políticos, lo que anticipa asambleas legislativas departamentales y concejos municipales fragmentados, con mayorías débiles o inexistentes.
Esta lectura es compartida por el analista Marcelo Arequipa, quien proyecta un escenario “muy complicado de gobernabilidad” para el Ejecutivo. Según su análisis, el Gobierno enfrentará al menos tres frentes de presión:
- La falta de mayoría propia en la Asamblea Legislativa.
- La posible coexistencia con autoridades subnacionales opositoras.
- La presión social, particularmente desde la Central Obrera Boliviana (COB), que ya anticipó movilizaciones.
Para Arequipa, la clave estará en la capacidad de gestión política del Gobierno: construir alianzas legislativas —incluso con actores como Samuel Doria Medina— y establecer rápidamente mecanismos de coordinación con las nuevas autoridades territoriales.
Entre la incertidumbre y la oportunidad
A diferencia de los diagnósticos más críticos, el politólogo Carlos Cordero ofrece una mirada más optimista. Considera que Paz optó por no intervenir directamente en las subnacionales, lo que permitió que el “juego democrático” se desarrolle con mayor autonomía.
En su criterio, los resultados de estas elecciones no solo reconfigurarán el poder territorial, sino que abrirán el debate sobre temas estructurales como el pacto fiscal y la redistribución de recursos bajo el esquema del 50/50.