Un día después de la cumbre hemisférica Escudo de las Américas, convocada en Miami por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comenzaron a emerger las primeras lecturas sobre el alcance político y militar de la iniciativa que busca crear una coalición regional contra los cárteles de la droga.
Desde Viena, donde participa en el periodo anual de sesiones de Naciones Unidas sobre la lucha global contra el narcotráfico y el crimen organizado, el ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, defendió la propuesta estadounidense como parte de una nueva etapa de cooperación internacional frente a delitos transnacionales.
“Esta es una iniciativa que el mundo democrático está tomando. La cooperación entre países para combatir delitos de lesa humanidad como el narcotráfico es fundamental”, afirmó Oviedo.
La propuesta fue formalizada el sábado por Trump durante una reunión con una docena de mandatarios latinoamericanos aliados, entre ellos el presidente Rodrigo Paz, en el resort Trump National Doral Miami.
Nueva coalición
El plan denominado Escudo de las Américas busca articular capacidades policiales, militares y de inteligencia para enfrentar el crecimiento de los carteles de la droga y las redes criminales transnacionales en el continente.
Según Trump, su administración ha designado a varias organizaciones criminales como grupos terroristas extranjeros, lo que permitirá destinar mayores recursos a su combate. “Durante demasiado tiempo las mafias creyeron que América era su territorio. Ese tiempo se ha acabado”, afirmó el mandatario anfitrión.
La estrategia forma parte de una visión más amplia de seguridad hemisférica que Washington impulsa bajo una reinterpretación de la histórica Doctrina Monroe, con la que busca reforzar su influencia en el continente y frenar la expansión de redes criminales.
Giro estratégico
Varios analistas consideran que la iniciativa marca un cambio en el enfoque regional frente al narcotráfico. El exembajador boliviano en Estados Unidos Jaime Aparicio explicó que el proyecto apunta a una regionalización de la lucha contra la droga, que podría involucrar no solo a las policías, sino también a las fuerzas militares y a organismos de inteligencia.
“Se está hablando ya de una coalición militar. Es un concepto distinto al de la cooperación tradicional con agencias como la DEA. Aquí se abre la posibilidad de operaciones regionales contra los carteles”, sostuvo. Ese enfoque implicaría un cambio significativo en la arquitectura de seguridad del continente, especialmente en regiones donde los carteles han ampliado su influencia.
La agenda de Bolivia
Desde el Gobierno boliviano se ha planteado que la participación del país en esta nueva coalición debe combinar la cooperación en seguridad con beneficios económicos. El ministro Oviedo explicó que la posición boliviana, impulsada por el presidente Rodrigo Paz, busca aprovechar el nuevo escenario para fortalecer el comercio, atraer inversiones y abrir mercados para los productores nacionales.
“Vamos a estar firmes contra el narcotráfico y el terrorismo, pero también debemos aprovechar estas relaciones para generar desarrollo y fuentes de empleo”, dijo.
El propio Paz sostuvo durante la cumbre que Bolivia ocupa una posición estratégica en la seguridad del continente. “Sin Bolivia no hay seguridad hemisférica ni desarrollo económico pleno en nuestra región”, escribió el mandatario en sus redes sociales.
Cuba y el nuevo equilibrio
En ese contexto, el presidente boliviano también se refirió al escenario político regional y sugirió que los cambios en el continente podrían tener impacto en Cuba.
“Creo que será más pronto Cuba pidiendo hablar con el mundo que el mundo con Cuba”, afirmó Paz al ser consultado por la prensa internacional durante su participación en la cumbre.
La declaración se produjo en un momento en que Washington intensifica su presión política y diplomática en el Caribe, mientras varios gobiernos latinoamericanos alineados con Estados Unidos impulsan una agenda regional centrada en seguridad y estabilidad.
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel reaccionó con dureza a la reunión de Miami, calificándola de una cumbre “reaccionaria y neocolonial” que compromete a los gobiernos participantes a aceptar el uso de fuerza militar estadounidense en sus países.
Al mismo tiempo, algunos analistas advierten que el verdadero impacto de la iniciativa dependerá de cómo los países logren traducir los acuerdos de seguridad en beneficios económicos y de cooperación. “El desafío para Bolivia es aprovechar esta cercanía con Estados Unidos para abrir mercados, atraer inversiones y fortalecer su economía”, explicó el economista Fernando Romero.