El 20 de enero de 1961, durante su discurso de posesin, el presidente John F. Kennedy pronunci una frase que ha trascendido generaciones: No preguntes qu puede hacer tu pas por ti, sino qu puedes hacer t por tu pas. Este llamado a la accin subraya una verdad innegable: el progreso no puede depender nicamente del Estado, pues todos somos parte de este. Millones de bolivianos vivimos este principio cada da: trabajamos, emprendemos y cumplimos con nuestras obligaciones. Sin embargo, tambin necesitamos que el Estado cumpla su rol esencial: proveer estabilidad, reglas predecibles, instituciones confiables y liderazgos ntegros. Sin estos elementos, no es posible desarrollar libremente nuestras actividades. Pero construir un entorno as no depende solo de acciones individuales, sino de decisiones colectivas que requieren un sistema democrtico funcional, donde las elecciones sean ms que un acto de votar y los resultados sean respetados. Ese ha sido, en general, nuestro sueo. En algn momento de nuestras vidas, todos hemos soado con una Bolivia que funcione: un pas que nos permita crecer, desarrollarnos y construir un legado. Ese sueo, legtimo y diverso, pudo incluir ideologas, identidades culturales, aspiraciones regionales o creencias religiosas. Sin embargo, con el tiempo, muchos hemos visto cmo ese sueo se ha transformado en una pesadilla. Ya sea que hayamos confiado en el liberalismo, el socialismo, el indigenismo, el autonomismo o cualquier otra visin, el desencanto es generalizado. Los lderes de diferentes facciones han priorizado sus propios intereses y espacios de poder, dejando atrs una Bolivia llena de esperanza. Es esto inevitable? No. Es normal? S, hasta cierto punto. Como lo explica Bruce Bueno de Mesquita y sus coautores en su obra La lgica de la supervivencia poltica, los lderes tienden a actuar en funcin de sus intereses ms que del bienestar comn. Este patrn explica por qu lderes que implementan polticas cuestionables a menudo permanecen en el poder, mientras que aquellos que priorizan el bien pblico enfrentan dificultades para mantenerse. Incluso las acciones aparentemente altruistas pueden obedecer a intereses propios, como ilustra Bueno de Mesquita en otro libro El juego del pronosticador, donde analiza figuras y hechos histricos bajo esta lgica. En su anlisis, hasta la Madre Teresa encaja en este modelo, aunque con resultados beneficiosos. Aceptemos la realidad: la poltica tiende a guiarse por intereses personales. Pero no debemos resignarnos. Como proponen los laureados recientemente por el Premio Nobel de Economa Daron Acemoglu y James Robinson en Los orgenes econmicos de la dictadura y la democracia", la clave para una democracia que funcione radica en el diseo de instituciones slidas y en una sociedad movilizada. En efecto, se requiere una sociedad que luche por valores fundamentales como la justicia, la libertad, el respeto y las oportunidades. Solo as podremos convertir nuestras pesadillas en un nuevo despertar. De nios, sobamos con progresar, confiando en que las autoridades velaban por nuestro bienestar. Pero al crecer, muchos descubrimos que el Estado no solo no nos apoya, sino que en ocasiones nos atropella. Podemos cambiar esto? S, con realismo y pragmatismo. Esto implica reconocer nuestras limitaciones, pero tambin enfocarnos en construir un entorno donde soar sea nuevamente posible. Un entorno que no solo inspire, sino que tambin permita resultados tangibles. En sntesis, la poltica a menudo sigue los intereses de unos pocos, pero no es inevitable que sea as. Una democracia funcional es aquella donde los ciudadanos toman las riendas, donde el sueo de una Bolivia justa y prspera no depende de promesas vacas, sino de acciones concretas: instituciones fuertes, igualdad de oportunidades y una sociedad activa y vigilante. Si cada uno contribuye a construirlo, no solo podremos despertar de la pesadilla, sino tambin comenzar a soar.