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Procesos vs. Proyectos: Situación de la política partidaria

Lunes, 16 de diciembre de 2024 a las 23:00
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En Bolivia, la poltica partidaria suele estar marcada por una constante: la preferencia por los procesos en detrimento de los proyectos. Esta tendencia, aunque no exclusiva de nuestro pas, tiene profundas implicaciones en la manera en que se gobierna y se entiende la gestin pblica. Mientras los procesos son cortoplacistas, reactivos y generalmente orientados a la supervivencia inmediata, los proyectos implican una visin de largo plazo, planificacin meticulosa y un compromiso con resultados que, en la mayora de los casos, trascienden los plazos electorales.

El sistema poltico parece estar atrapado en una espiral de decisiones que priorizan la inmediatez. Los polticos, condicionados por la necesidad de mantener una base de apoyo popular, enfocan sus esfuerzos en medidas que generen resultados rpidos y visibles, aunque efmeros. Estas medidas, que podran catalogarse como "procesos, estn diseadas para abordar crisis inmediatas o cumplir promesas electorales que rara vez cuentan con una base tcnica slida.

Por ejemplo, los bonos sociales, aunque representan un paliativo necesario para los sectores ms vulnerables, no se integran en estrategias ms amplias de desarrollo humano sostenible. De la misma manera, las decisiones econmicas de corto plazo, como la dependencia del subsidio a los hidrocarburos, ignoran la necesidad de transitar hacia un modelo ms diversificado y sostenible. En este contexto, los procesos" se convierten en parches que perpetan la dependencia y limitan el crecimiento estructural.

Los proyectos, por su naturaleza, son ms complejos y demandan un compromiso que va ms all del horizonte poltico tradicional. Un proyecto requiere diagnstico, planificacin, ejecucin y seguimiento, etapas que demandan tiempo, recursos y, sobre todo, visin. Este enfoque, sin embargo, choca con una realidad poltica donde los actores estn ms interesados en el xito personal o partidario inmediato que en construir un legado sostenible. Esta carencia de enfoque en proyectos de largo plazo tambin se refleja en la falta de polticas de Estado. Las transiciones de poder suelen venir acompaadas de una desarticulacin de las iniciativas existentes, aun cuando estas puedan ser beneficiosas. La falta de continuidad no solo refleja una ausencia de consenso nacional, sino tambin una visin estrecha que ve a los proyectos como un botn poltico antes que como una herramienta para el desarrollo.

Otra faceta de esta problemtica es la fragilidad ideolgica dentro de los partidos polticos. Los transfuguismos, un fenmeno recurrente, son evidencia de cmo los intereses personales a menudo superan el compromiso con las ideas. Cuando los propios militantes abandonan sus filas para unirse a otras siglas, no slo debilitan a sus partidos, sino que tambin erosionan la confianza del electorado en la coherencia ideolgica y la estabilidad poltica.

En lugar de recurrir a esto, los actores polticos podran optar por generar procesos democrticos internos que les permitan expresar sus discrepancias y contribuir a la evolucin ideolgica de las organizaciones. Estos procesos, aunque demandan tiempo y recursos, son esenciales para fortalecer estos organismos y, por ende, la democracia misma. La capacidad de un partido para gestionar el disenso y construir consensos internos es un indicador clave de su madurez poltica.

La poltica nacional necesita transitar de una cultura de procesos a una cultura de proyectos. Esto implica no solo pensar en el largo plazo, sino tambin entender que las verdaderas soluciones a los problemas estructurales del pas requieren sacrificios inmediatos por beneficios futuros. Reformas en educacin, salud, infraestructura y diversificacin econmica son ejemplos de reas donde los proyectos, si bien costosos y laboriosos, podran transformar el pas de manera significativa.

La poltica de corto plazo puede ganar elecciones, pero solo la poltica de largo plazo puede construir un futuro para todos. El verdadero reto, entonces, no es slo elegir mejores lderes, sino tambin cambiar la forma en que entendemos el ejercicio del poder. Porque, al final, el legado de una generacin poltica no se mide por los procesos que implement, sino por los proyectos que dej como herencia.

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