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Un pequeño escarabajo, una gran advertencia

Domingo, 05 de abril de 2026 a las 04:00

El escarabajo tigre ornamentado boliviano, también conocido como escarabajo chiquitano (Pometon bolivianus), acaba de convertirse en ganador de un concurso internacional de conservación organizado por el Indianapolis Zoo. La distinción, que podría parecer anecdótica tratándose de un pequeño insecto, ha servido para llamar la atención sobre una riqueza natural que Bolivia posee en abundancia pero que con frecuencia pasa desapercibida: su extraordinaria biodiversidad.

Se trata de una especie endémica que habita únicamente en el Bosque Seco Chiquitano. Su rareza científica ha despertado el interés de investigadores y conservacionistas. El insecto presenta una cabeza metálica azul verdosa o tornasolada que le da la apariencia de una joya; su cuerpo muestra líneas oscuras contrastantes y élitros de tonos anaranjados intensos que explican su aspecto particularmente ornamentado.

Muchos podrían preguntarse por qué tanto alboroto por un simple escarabajo. Precisamente ese es el objetivo del concurso: llamar la atención sobre la supervivencia de las especies. En el mundo existen decenas de miles de especies animales, vegetales y microorganismos en peligro de extinción o en algún grado de vulnerabilidad, y la desaparición de cualquiera de ellas puede alterar el equilibrio de los ecosistemas.

La biodiversidad sostiene procesos esenciales para la vida. Provee alimentos, agua, medicinas, fibras y materias primas, y sustenta actividades económicas como la agricultura, la pesca, el turismo ecológico y la investigación científica. Para muchas comunidades indígenas y rurales también forma parte de su identidad cultural y de sus conocimientos tradicionales.

Bolivia es considerado uno de los países megadiversos del planeta, gracias a la variedad de ecosistemas que se extienden desde los Andes hasta la Amazonia, el Chaco y la Chiquitania. El país alberga más de 20.000 especies de plantas y miles de especies animales. Sin embargo, esta riqueza enfrenta presiones crecientes: deforestación, expansión agrícola, minería, incendios forestales, tráfico ilegal de fauna y cambio climático. Se estima que alrededor de mil especies de fauna presentan algún grado de amenaza.

Entre los riesgos más devastadores destacan los incendios forestales que, año tras año, arrasan extensas superficies de bosque. A pesar de su gravedad, todavía no existe una medición clara de su impacto acumulado sobre la biodiversidad ni un plan suficientemente eficaz para evitar su repetición.

Bolivia cuenta con marcos legales e instituciones destinadas a la conservación, pero el problema rara vez es la ausencia de normas. Más bien se trata de su aplicación irregular, la falta de recursos para hacerlas cumplir, los conflictos entre conservación y explotación económica y la debilidad de los mecanismos de control ambiental. En la práctica, la protección de la biodiversidad suele quedar subordinada a presiones productivas de corto plazo.

Pero la responsabilidad no recae únicamente en el Estado. También es necesario fortalecer la conciencia pública. Muchos bolivianos saben que el país posee una gran riqueza natural, pero el conocimiento sobre el estado real de sus ecosistemas sigue siendo limitado. De ahí la importancia de iniciativas de divulgación que acerquen la biodiversidad a la ciudadanía, bajo una idea simple: no se puede proteger lo que no se conoce.

Tal vez la inesperada notoriedad de un pequeño escarabajo chiquitano sirva para recordarnos que cada especie cuenta y que protegerlas no es solo una tarea ambiental, sino también una responsabilidad con el patrimonio natural del país y con las generaciones futuras.

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