¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Clasificados

Payasos

Lunes, 06 de abril de 2026 a las 03:55

Tres datos para este traje hecho de retazos. La importancia de los payasos a lo largo de la historia de la humanidad. La creatividad de uno de ellos, capaz de fundar un imperio millonario. Y la protesta callejera de los payasos paceños, motivada por una resolución ministerial. ¿Cómo nos miramos en ese espejo?

Quizás reconociendo, en principio, a arlequines y payasos, insoslayables en el andamiaje de la historia universal (egipcios, por ejemplo, 2.500 antes de Cristo). Sujetos de gestos exagerados, capaces de mofarse de los dobleces de la sociedad -y sus élites-, con ironía y en lo posible con elegancia inteligente y mordaz. Capaces de poner en evidencia sus faltas, sus contradicciones, con una habilidad única, dificilísima, que nos obliga, en segundos, al pensamiento complejo. Porque sí, sí, sí, la risa, el humor, no son cualquier cosa; surgen de un pensamiento cognitivo nada sencillo. “Estudios sugieren que este tipo de humor potencia la memoria, la creatividad y la capacidad de resolución de problemas al activar el pensamiento divergente”, se lee en internet. Ajá. Ya lo sabía el mismísimo reinventor del propio humor, Enrique Gardiel Poncela, que sostuvo toda su obra teatral y cinematográfica en el “humor inteligente”.

Inteligentísimo fue el canadiense Guy Laliberté, integrante de un grupo de artistas, payasos y malabaristas callejeros en Quebec, que llevó el circo a otro nivel: combinó teatro, acrobacia, música, danza, diseño escénico, vestuario, luces y demás, en un solo espectáculo conceptual, narrativo. Es decir, un cuento largo, una ópera, digamos, al modo circense. Qué maravilla. Eso es el Circo del Sol. Un espectáculo que pronto aterrizó en Las Vegas de modo permanente y ahora es una franquicia mundial con distintas sedes, una empresa multimillonaria.

Ese circo del sol con minúscula, lo vi replicar hace muchísimos años en un colegio pequeñito en La Paz. Leonardo Da Vinci. Un colegio alternativo, de método Montessori. No sé si el modelo fue ese Circo del Sol grande, pero lo que hicieron fue contar la historia de la humanidad, desde los primeros humanos alrededor del fuego, en un espectáculo que reunía a todos los estudiantes donde se los requiriese, no necesariamente por cursos, sino al modo de una obra teatral infinita, en la que los actores entraban y salían permanentemente, la escenografía cambiaba al ritmo de la propia obra, sin detenerse, igual que la música en una sola pieza continua. Una maravilla. El evento se llamaba “Día de la familia”, el único que se realizaba en el colegio (nada de días del padre, de la madre, del mar o de la pera) con participación de las familias, siempre diversas. Se organizaban talleres de costura para que los familiares que quisieran costuraran los trajes, lo mismo con los demás requerimientos de la obra. El resto del año, las actividades eran sólo del colegio y los estudiantes. Padres/madres, abstenerse. Un colegio ejemplar.

Por fortuna, hay algunos colegios similares y, por desgracia, la inmensa mayoría no es así. Por eso, el reclamo de los distinguidos payasos paceños, perjudicados por la resolución ministerial que prohíbe fiestas y agasajos extracurriculares en los colegios del país, no viene suelto. Está vinculado a la calidad, la propuesta, el horizonte educativo del país, de modo general, incluidos precisamente esos eventos (y toda la cadena económica que de éstos deriva, por muy chistoso que parezca). Porque lo que sucede es algo así:

Maestros que agasajan a los niños con pizza y coca cola. –¿Y? –Es comida chatarra. –Ah... O maestros que piden cuota de 50 pesos y llevan a los niños al cine a ver… cualquier cosa. Como también hay padres y madres de familia que agasajan a los maestros con auto-cuota de 40 pesos para hacerles un regalo: vales de compra de electrodomésticos en tienda grande, torta, flores y así. La manzana es prehistórica y los valores, amantes del capitalismo, andan ebrios en “viaje de estudios” en Cancún.

Quiero decir que el asunto no es prohibir aquellas actividades extracurriculares, sino la ausencia total de un sentido pedagógico creativo que pudiera sacar provecho de esas actividades lúdicas –con repercusiones económicas en sectores vulnerables de un país pobre y victimista–. Pues me animo a decir, con todo respeto por los distinguidos payasos paceños, que si hubiera pruebas PISA que midieran la calidad humorística-pedagógica- sin duda alguna el equipo argentino, con Les Luthiers por delante, estaría en el top 10 universal. Y me temo que los señores payasos locales estarían en “serios” problemas. Así, payasos y ministerio de Educación, empatan.

¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones: