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La revelaciones de Ronald MacLean Abaroa

Viernes, 01 de agosto de 2025 a las 00:00

Me llamó la atención el artículo publicado por Ronald MacLean-Abaroa en varios medios de comunicación sobre el cabildeo de Tuto Quiroga y Samuel Doria Medina en Estados Unidos para lograr la venia “gringa” que consolidara el gobierno de Hugo Banzer con los votos del MIR, en 1997. Gestión que MacLean apoyó al lograr una reunión con Jeffrey Sachs.


Da la impresión de que MacLean no tiene afinidad alguna con ninguno de los actuales candidatos a la presidencia. Sin embargo, creo necesario poner varias cosas en contexto, a propósito de su muy personal visión de la historia.


Primero, es importante recordar que en las elecciones generales de 1985 el ganador fue Hugo Banzer Suárez. Sin embargo, el MNR tenía la mayoría parlamentaria necesaria para que Víctor Paz Estenssoro se convirtiera en presidente, y así ocurrió.


Paz tenía dos retos importantes: la hiperinflación y la necesidad de gobernabilidad. Enfrentó la crisis económica con el DS 21060 y firmó el Pacto por la Democracia con ADN, para llevar adelante una serie de reformas que requerían el aval del Congreso. Así gobernó entre 1985 y 1989.


El Pacto por la Democracia implicaba también un acuerdo implícito: al concluir su mandato, Paz Estenssoro dejaría el camino libre para la candidatura presidencial de Hugo Banzer. Llegado el momento, Paz dejó la jefatura del MNR y Gonzalo Sánchez de Lozada tomó la posta. Pero Goni no quiso —ni le interesó— honrar los acuerdos Paz-Banzer. Rompió todo, se lanzó como candidato y ganó. ¿Se acuerdan de la frase: “Ya no tengo las manos atados”?


Banzer cobró la traición. ¿Cómo lo hizo? En el parlamento votó por el mirista Jaime Paz Zamora. En esa época surgió el teorema político-matemático del triple empate. Es decir, Goni y Banzer con 25% de los votos, y Paz Zamora con 21%, estaban empatados —Oscar Eid Franco dixit—. Así se cruzaron ríos de sangre y se formó el Acuerdo Patriótico: mitad de los ministerios para ADN y mitad para el MIR. También hubo espacio para los socios menores, como Oscar Zamora Medinacelli, del FRI. Ese gobierno transcurrió entre 1989 y 1993.


Muchos alaban ese episodio como un ejemplo de construcción de consensos. Yo no. El tercero fue presidente con los votos del segundo para dejar fuera al primero en votación. “¡Qué difícil es amar a Bolivia!” —Paz Zamora dixit—. ¿Difícil, en serio?
En recompensa por el favor recibido, Paz Zamora ordenó a sus parlamentarios que eligieran como vicepresidente al demócrata cristiano Luis Ossio Sanjinés, compañero de fórmula de Hugo Banzer. Es decir: presidente el número tres del podio y vicepresidente el número dos. Gobierno legal, cierto, pero ilegítimo.


¿Por qué citar este antecedente? Porque al finalizar el gobierno del Acuerdo Patriótico tocaba enfrentar elecciones. Banzer iba a ser el candidato oficialista de la alianza ADN-MIR, y un mirista debía acompañarlo. Pero ¿había algún militante dispuesto a asumir “semejante honor”? No. Entonces, buscaron una tercera opción: Motete Zamora.


MacLean tiene razón: fue el Waterloo de Banzer. Le tocó ser candidato oficialista de un gobierno con graves casos de corrupción, como Bolibras, las visas chinas y la corrupción en el Fondo de Desarrollo Campesino, por ejemplo. Resultado: MNR 35,55% y Acuerdo Patriótico 21,05%.


¿Qué vino después? El gobierno de Goni, que impulsó varias reformas, pero también descabezó a la Corte Suprema y persiguió al MIR con la trama de los narcovínculos. Cierto: Oscar Eid Franco estuvo encarcelado durante cuatro años, y muchos dicen que la celda suya debió ser ocupada por su amigo Jaime Paz, exjefe y expresidente. “Errores, no delitos”, argumentó Paz en su defensa política.


Finalmente, llegó el turno democrático de Banzer. En 1997 ganó en las urnas, pero tuvo que formar una alianza con el MIR, la UCS y Condepa. Unos hablaban de megacoalición, y otros de pegacoalición. Y, cierto, dado que EE.UU. tenía mucha influencia, Tuto, Samuel y muchos otros tuvieron que hacer lobby para garantizar que los “sin visa” pudieran ser parte del gobierno. No en vano Banzer mencionó: “Hemos elegido el camino difícil para formar gobierno”.


En ese entonces, ADN ya tenía fracturas no declaradas. Había fuertes pugnas entre los “pitufos” —Tuto, Wálter Guiteras o Guido Náyar— y los “dinosaurios”, como Guillermo Fortún o Franz Ondarza, por ejemplo. No sé en qué bando se ubicaba MacLean, aunque en ADN lo acusaban de tener más afinidad con Goni que con su propio partido.


Termino este recuento con un detalle también relevante: en 2002, MacLean, un experto en candidaturas y campañas, se postuló a la presidencia por ADN y tuvo a Tito Hoz de Vila como compañero de fórmula. Su eslogan fue: “Manos limpias contra la corrupción”. Tuvieron un pésimo desempeño. Apenas lograron el 3,40% de los votos.


Otro detalle no menor: en 2002 Evo Morales fue segundo en la votación nacional. Fue fruto de un proceso de construcción ideológica y del desgaste de la democracia pactada que los críticos la definían como democracia cuoteada. 


En este contexto, mucho más amplio y con larga data, ¿es pertinente que un político pretenda reducir un capítulo de la historia a un “pacto secreto entre Tuto y Samuel”? Cada quién que saque su propia conclusión. 
 

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