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La batalla de la esperanza

Domingo, 22 de diciembre de 2024 a las 04:00
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Se acaba el ao y, con l, cerramos un captulo ms de esta larga historia que juntos hemos escrito domingo a domingo.  Treinta aos despus de iniciar esta travesa, me permito una pausa temporal para mirar hacia atrs, hacia el camino recorrido. Lo que encuentro no son solo cifras, teoras o estadsticas. Lo que encuentro son rostros, abrazos y la memoria viva de ms de 5.000 estudiantes y me atrevera decir por lo menos 1.000.000 de lectores que, desde sus trincheras, siguen peleando la buena batalla de la esperanza. Concentrmonos en el tema educativo. La pasin de mi vida.

No es poca cosa. Cada una de esas vidas transformadas por la educacin es, en s misma, una pequea revolucin. Tal vez nunca lo habamos puesto en nmeros, pero hagamos un ejercicio de esos que tanto nos gustan a los economistas. Qu pasa si asumimos que cada uno de esos profesionales que ayudamos a formar aporta, en promedio, 10.000 dlares anuales a la economa nacional? Pues resulta que, en tres dcadas, hemos generado un capital humano equivalente a 1.500 millones de dlares. No est mal para un ejrcito de soadores.

Pero, seamos francos, las cifras solo cuentan parte de la historia. Porque la verdadera riqueza no est en los billetes, est en las ideas. Est en cada negocio que abri sus puertas, en cada empresa que sobrevivi a la tormenta, en cada familia que pudo mirar el futuro con menos miedo. La esperanza no se imprime en papel moneda, se siembra en los corazones. Y eso, no tiene precio ni tipo de cambio.

Ahora hablemos de mis artculos en la prensa nacional. Desde esta trinchera acadmica, la batalla ha tenido otra arma poderosa: la palabra. Desde el 9 de octubre de 1989, cada domingo, sin faltar salvo en los feriados navideos, he puesto en juego las palabras. Algunos dirn que los artculos de prensa no cambian el mundo, pero yo creo en la fe de la palabra escrita. Porque mientras haya ideas, debate, anlisis, propuestas habr futuro. Desde aqu, he intentado torcer un poquito el rumbo de la historia, dejando en cada prrafo una semilla de crtica, una chispa de indignacin o una luz de esperanza.

S que no estoy solo en esta cruzada. Aqu, del otro lado de la pgina, estn ustedes, los que leen, los que discuten, los que me escriben para disentir o para agradecer. Esta relacin, a veces tensa, a veces entraable, ha sido el mayor tesoro de estos aos. Porque, al final, la verdadera batalla no se libra en las calles, sino en las mentes. Ah se ganan o se pierden los futuros posibles.

La batalla no ha terminado. De hecho, me atrevera a decir que apenas comienza. No se trata solo de resistir, se trata de transformar. Y la gran transformacin que necesitamos, la verdadera revolucin del bicentenario, no ser de litio ni de gas. Ser la conquista del planeta de las ideas.

Es hora de cambiar el patrn de desarrollo. No ms dependencia de los recursos naturales, no ms vivir del milagro de la naturaleza como si el destino estuviera escrito en la geologa. Es hora de hacer lo que nunca hemos hecho: apostar al capital humano. No al que se fuga a otros pases, sino al que se queda y transforma. Necesitamos una nueva geografa de ideas donde la educacin sea la brjula, la inteligencia colectiva sea la fuerza, y la creatividad sea el mapa.

Para lograr esto, propongo tres desafos fundamentales:

1. Un encuentro nacional por la libertad, la productividad, la competitividad y la solidaridad.

Si seguimos pelendonos entre nosotros, seremos el pas que, teniendo los recursos, no tiene progreso. Necesitamos un propsito comn, una agenda compartida donde todos estemos de acuerdo en lo esencial. No es fcil, lo s. Pero la esperanza nunca ha sido cosa de cobardes.

2. Cambiar el patrn de desarrollo.

Hemos vivido 200 aos extrayendo lo que la tierra nos da. Eso se acab. O aprendemos a extraer lo que la mente humana puede crear, o seguiremos rezando por milagros geolgicos. La geografa de la riqueza no est en el subsuelo, est en las aulas, en los laboratorios, en los talleres de emprendimiento. Bolivia debe conquistar el planeta educacin, el planeta de las ideas. Esta es nuestra gran oportunidad para convertir el bicentenario en un parteaguas histrico.

3. El propsito mayor: el choque educativo.

Sin educacin, todo lo anterior es humo. La educacin tiene que ser la industria pesada del siglo XXI. Y no hablo solo de aulas con pizarras, hablo de educacin tecnolgica, de inteligencia artificial, de formar gente que pueda entender y dominar el mundo digital. Esto no se lograr con discursos ni con buenas intenciones. Se logra con un plan claro, con un Estado que no estorbe y con un sector privado que asuma el liderazgo. Esta ser la batalla ms dura, pero tambin la ms importante.

La batalla de la esperanza no es cosa de uno solo. No hay salvadores, no hay caudillos que lo hagan todo. Esta es una obra colectiva, donde cada quien pone una piedra. No creo en los lderes que gritan, creo en los que escuchan. No creo en los que se creen imprescindibles, creo en los que saben que solos no pueden.

Llega diciembre y, como cada ao, es momento de hacer una pausa. De mirar hacia atrs, pero tambin de mirar hacia adentro. Quizs ha sido un ao duro, con inflacin, con escasez de dlares y con ms incertidumbres que certezas. Pero, saben qu? Aqu seguimos. Si algo nos ense la historia, es que la esperanza sobrevive a todas las crisis. No es ingenua, no es tonta. La esperanza es tozuda, es testaruda, y cuando le cierran la puerta, se cuela por la ventana.

Yo, por mi parte, me tomar un respiro. Necesito reponer fuerzas, porque la batalla no se gana con soldados cansados. Volveremos con estos artculos dominicales la segunda semana de enero de 2025. Prometo regresar con ms ideas, ms sueos y, s, con ms esperanza. No porque sea fcil, sino porque es necesario.

A todos ustedes, mis lectores fieles, les deseo unas fiestas llenas de paz, de amor y, sobre todo, de esperanza. Que, entre el panetn y la sidra, se cuelen algunas buenas ideas. Que el ao nuevo nos encuentre menos resignados y ms dispuestos a dar pelea. Porque, al final, la esperanza no se rinde, se multiplica. Feliz 2025!

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