Francisca vive en El Alto, Alejandra en Yapacaní y María en el Plan 3.000. Con historias distintas, viven el mismo drama: son madres solteras jóvenes; comienzan el día a las 4 de la mañana y lo terminan a las 11 de la noche, están atrapadas en un país cuyo régimen les promete dignidad y sólo les da desesperación. Escuchan a sus vecinos: “el gas se acaba”, “el pan sube” y “el boliviano no vale nada”.
La inflación en Bolivia no es sólo una cifra técnica, es una tragedia diaria; es elegir entre leche para los hijos o pasaje para el trabajo. No nos confundamos: la crisis actual es la consecuencia natural de veinte años de socialismo. Ocurrió en la URSS, en Venezuela, ocurrió en Cuba y ocurrió en Bolivia; siempre y en todo lugar el socialismo termina en hambre.
Se prometió justicia, pero se construyó miseria. Se habló de igualdad, pero se consolidó una oligarquía azul. La escasez de alimentos, la falta de gasolina y los mercados vacíos son la evidencia de un modelo patético, caduco e insostenible, pero esto no se trata solo de economía, se trata de humanidad. No hay política más criminal que condenar a una mujer a ver llorar de hambre a su hijo mientras escucha al gobierno negar la crisis. No hay mayor cobardía que justificar el fracaso económico con una ideología perversa. El socialismo empobreció al país, pero a ellas les robó el futuro porque una madre sin esperanza no solo es una víctima: es una herida abierta en la conciencia nacional con el riesgo de que cientos de familias mueran de hambre.
En este año electoral, el voto no es un trámite adicional, votar por libertad, por inversión, por empleo digno, no es votar por números, es votar por ellas, por las madres que, en plena oscuridad (ya que se viene el racionamiento), siguen luchando con la fuerza de quien no tiene otra opción más que subsistir con el estómago vacío.
Seamos claros: Bolivia no puede seguir normalizando el hambre ni puede seguir con el modelo que profundiza el dolor que sufren las familias de Francisca, Alejandra y María. Ese modelo -moralmente- criminal es el socialismo.
Toda reforma que no incluya el cambio total de modelo económico, es una reforma incompleta.