Algo sumamente extraño ha pasado en el país: hemos tenido dos eventos de discusión de ideas.
El primero fue un debate organizado por Asuntos Centrales entre los economistas Gonzalo Chávez y Mauricio Ríos, centrado en la crisis económica y las reformas estructurales.
El debate evaluó dos visiones (que parecen distintas). Mauricio Ríos García defendió una liberalización total con dolarización, eliminación de subsidios y reducción del Estado, mientras que Gonzalo Chávez propuso un enfoque basado en educación, descentralización y un Estado mínimo pero regulador.
Menciono que parecen distintas porque ambas coinciden en mayor libertad para las decisiones económicas y un rol activo del mercado, aunque con un énfasis distinto en el papel del Estado.
Las impresiones al respecto fueron diversas de parte de varios analistas. Una evaluación hecha con Inteligencia Artificial señaló que ambos plantearon argumentos coherentes dentro de sus modelos, pero carecieron de precisión técnica y datos cuantitativos clave para respaldar sus propuestas. Pero, a fin de cuentas, fue un debate, un intercambio de ideas, algo que nos faltaba en el país, más allá de las diferencias de criterio.
Ese es un aporte valioso a la discusión económica del país porque puede generar en adelante más espacios: hacernos perder el miedo a decir lo que pensamos y a escuchar lo que no nos gusta escuchar.
Así como el debate económico permitió confrontar ideas sobre la crisis económica, el foro “Liderazgo para un Nuevo Ciclo” organizado por Nueva Economía, Grupo El Deber y Radio Panamericana también abrió un espacio de discusión sobre las decisiones que marcarán el rumbo nacional.
Participaron Samuel Doria Medina, Chi Hyun Chung, el representante de Luis Fernando Camacho, Vicente Cuéllar, Andrónico Rodriguez, Rodrigo Paz, Branko Marinkovic y Amparo Ballivián.
En el foro existió un consenso de que la situación actual requiere cambios profundos en la conducción económica y política del país. Se advirtió que, sin medidas urgentes y consensuadas, el panorama podría empeorar.
Como posibles soluciones, se plantearon varias ideas para salir de la crisis. Algunas fueron más generales como la diversificación productiva, el fortalecimiento del sector privado y la atracción de inversiones. En esa misma categoría destacaron la importancia de restablecer la confianza en las instituciones y mejorar la gestión pública para garantizar estabilidad económica. Salvo contadas excepciones, faltaron detalles de los planes específicos para reconstruir la economía del país.
Destaco que en el foro se expresaron diversas ideas dentro de un marco de absoluto respeto, sin pifias y recriminaciones directas. En los últimos años, el debate de ideas ha sido desplazado por el discurso polarizado y la confrontación ideológica. Recuperar estos espacios no solo permite el intercambio de posturas, sino que también ayuda a generar soluciones basadas en consenso.
Estos espacios contribuyen a la democracia. El politólogo italiano Giovanni afirmó en su obra “La Democracia en Treinta Lecciones” (2008) que “La democracia directa como tal se basa en las interacciones ‘cara a cara’ entre presentes, entre personas que se influyen mutuamente y que cambian de opinión escuchándose entre sí.”
Ambos son pasos para reconstruir la democracia boliviana. En “Cómo mueren las democracias” (2018), Steven Levitsky y Daniel Ziblatt dijeron “Cuando los partidos rivales se convierten en enemigos, la competición política deriva en una guerra y nuestras instituciones se transforman en armas. El resultado es un sistema que se halla siempre al borde del precipicio.”
O como lo habría dicho el filósofo Voltaire hace dos siglos “Daría mi vida por defender tu derecho a expresar tu opinión, aunque no esté de acuerdo con ella", algo que me dejó pensando cuando la escuché a inicios de siglo.
En un país donde la crispación política es constante, fomentar la discusión abierta y respetuosa es un paso para fortalecer nuestra frágil democracia.