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El bicentenario cruceño

Lunes, 10 de febrero de 2025 a las 00:37

En el bicentenario del pueblo cruceño queremos recordar no solo los 200 años de independencia, son también su cultura y sus raíces históricas. El cabildo realizado el 24 de septiembre de 1810 en la plaza “La Concordia”, decide rebelarse contra la corona española, y proclamar Santa Cruz su independencia el 14 de febrero de 1825. José Manuel Mercado, apodado el “Colorado”, tomaba la plaza de Santa Cruz de la Sierra, y declaraba la independencia cruceña, un acontecimiento fundamental en la gesta emancipadora que llegaba a su fin tras 15 años. El acta fue escrita con sangre de los combatientes que vinieron desde los cuatro puntos cardinales de la región. Todos ellos con el mismo espíritu fuerte, combativo y libertario, que ha caracterizado al hombre de esta tierra. 


A propósito de esta fecha histórica y fundamental para los cruceños (que no será feriado porque no autorizará el centralismo) debemos recordar que venimos de una simbiosis de razas, que se ha entremezclando hasta convertirse en un producto mestizado como el que con orgullo contamos. Sin embargo, los brasileros, los argentinos y los paraguayos, por la cercanía han tenido que influir también en la conformación cultural de los habitantes del departamento. De esa simbiosis o amalgama es que surge como una realidad incuestionable el cruceño o camba, su cultura y su identidad regional.   


En Santa Cruz convergen, se afincan y con el tiempo se integran, hombres y mujeres provenientes de todos los rincones de Bolivia. Se trata de un proceso voluntario, que no ha ocurrido con ningún otro departamento (la ciudad de El Alto recibe migración solo andina). La confluencia de razas, culturas, hábitos, costumbres y clima tropical, resultan determinantes en nuestra forma de ser, de vivir y de convivir, de pensar y de actuar y hasta nuestra singular forma de hablar. 


La investigación académica de Edgar Moreno, aclaraba que Santa Cruz fue dividida en la parte norte para formar los departamentos de Beni y Pando, donde fundamentalmente se encuentra el grueso de la cultura mojeña con sus propias características y particularidades, pero también con grandes similitudes con las demás culturas aborígenes del oriente (Moreno Rodríguez, Edgar, Andrés Ibáñez y el laberinto boliviano, Santa Cruz de la Sierra, Ed. El País, 2012, pp. 15 y s.). En las riberas del río Ichilo, frente al Puerto Villarroel, convergen mojeños, yucarés y Yukis. En efecto la cultura camba se encuentra esparcida a lo largo y ancho del oriente boliviano, ya que los cruceños, benianos y pandinos descendemos del mismo tronco común. 


En general, los pueblos y grupos como Los Chanés, Los Chiquitanos, Los Guaraníes, Los Chiriguanos, Los Guarayos y Sirionós, vienen a ser las raíces de la cultura oriental. Edgar Moreno aclaraba, también, que lo que surgió desde las serranías de Chiquitos en 1561 fue una entidad social de características propias por el cruce entre españoles e indígenas durante la conquista y la colonia. Los descendientes de la población oriental establecieron actividades productivas, se internó y domó la selva, logró multiplicarse y se entendió y dejó como herencia una lengua y costumbres imperdibles, con un recio mestizaje de características especiales.  


Todo ese mestizaje ha generado el “alma cruceña”, que viene a ser el ensamble de voluntades entre nativos y españoles que existe no solo desde el momento de la creación del departamento de Santa Cruz, sino desde mucho tiempo atrás. Y es que la historia de Santa Cruz no comienza el 26 de febrero de 1561, cuando se fundó la ciudad a orillas del arroyo Sutós. 


El sueño de Ñuflo de Chaves de “desencantar la selva” y encontrar las riquezas de “El Dorado”, parece hacerse realidad con la producción petrolera, minera y la poderosa industria agropecuaria. Santa Cruz se ha convertido en el punto de encuentro entre Oriente y Occidente, entre las tierras bajas y las tierras altas. Y, en los hechos, es la puerta que comunica a lo que fueron los virreinatos de La Plata y El Perú. En pleno siglo XXI, Santa Cruz ya no es solo la locomotora del desarrollo económico, sino además el epicentro político nacional, que demanda la refundación de Bolivia. 
 

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