Bolivia ha copado los titulares de los medios internacionales con la noticia de la detención y posterior expulsión de uno de los narcotraficantes más buscados por los organismos policiales antidrogas a nivel mundial. Lo he celebrado porque nuestro país generalmente ocupa los titulares de la prensa por hechos negativos, he celebrado esta acción como una reivindicación de que el cambio de gobierno está trayendo nuevos aires en la política boliviana, no son los jefes antidroga los extraditados, no es el jefe de Estado que está bajo sospecha de proteger a los productores de clorhidrato de cocaína, no son los falsos operativos antidroga negociados para que primero desocupen la fábrica y luego ingrese la fuerza antidroga.
Hoy estamos celebrando que un presidente, un ministro de Gobierno, un comandante de la Policía, se presentan ante la sociedad para dar una buena noticia que demuestra una firme decisión de luchar contra las mafias del narcotráfico, de enfrentar este flagelo sin ningún complejo, y de querer cambiar la imagen del país a nivel internacional.
La magnitud de la influencia del narcotráfico en la sociedad es inmensa, por eso los bloqueos y los actos delictivos se amplían a todo el país, ya que un narcoestado involucra a muchos sectores de la sociedad en su negocio, la producción, el transporte, la comercialización, la provisión de insumos, precursores, servicios financieros y grupos de acciones violentas, esto sin contar los efectos nocivos como el incremento de la violencia, la criminalidad organizada, la corrupción y la trastocación de valores en la sociedad.
Bolivia se convirtió en el refugio de los grandes carteles de la droga como el PCC, el Comando Vermelho de Brasil, las FARC y el ELN y otros grupos europeos, sudamericanos y mexicanos. La presencia de Marset en nuestro país, no era un hecho aislado, obedecía a una protección institucional del narcoestado, y a su penetración en ciertos sectores corruptos de la sociedad.
El crecimiento de la actividad del narcotráfico en Bolivia ha cambiado la imagen del narcotráfico en el país no solo por su mayor magnitud, sino también por el uso de métodos más violentos, la presencia de cárteles no solo se refleja en la mayor frecuencia de hechos criminales reportados a diario por la prensa, y lo admiten autoridades policiales y los organismos internacionales.
Las evidencias sobre el incremento de la violencia criminal, de la desestructuración social en las zonas cocaleras y del poder territorial de los grupos ligados al narcotráfico, debido al crecimiento de esta actividad en el país, queda claro que esa visión descrita de campesinos que protestan por una reivindicación justa es errónea y esconden el carácter criminal del negocio y su vinculación con la economía capitalista.
Como me decía mi desaparecida y entrañable compañera Susana Seleme, "los sindicatos del Chapare han sucumbido hace mucho a la mercantilización capitalista como fuerza primaria de un negocio criminal transnacional".
El fenómeno de expansión del narcotráfico en Bolivia no se ha dado por el poder de la demanda de consumo en países desarrollados, sino que responde a la aplicación de determinadas políticas gubernamentales impulsadas por el MAS, lo que confirma a Bolivia como un narcoestado. Durante su gobierno no se respetaron las zonas productoras tradicionales de cultivo de coca; los sembradíos se han extendido a los parques nacionales, a los parques departamentales, a los departamentos de Santa Cruz y Beni, se encuentran plantas de refinación de clorhidrato de cocaína en el altiplano de Oruro, en El Alto de la Paz, en comunidades de Potosí, en la zona conocida como "México Chico". En síntesis, contaminaron todo el país con el narcotráfico.
Esta es la razón de fondo de los bloqueos, las mafias del narcotráfico con la elección del nuevo gobierno, han quedado fuera del juego político institucional, pero mantienen todavía una fuerza social focalizada en El Chapare y a ellos no les importa la talla moral de su líder, los delitos que ha cometido, lo abominable que es como ser humano, y en eso coinciden sus aliados internacionales, esas mafias que tienen penetrados a varios gobiernos de la región, son los mismos que cuestionan las nuevas alianzas estratégicas del gobierno de Rodrigo Paz para combatirlos, pero como dicen los chinos, “no importa de qué color sea el gato, lo importante es que cace ratones". A la mafia no le interesa la sociedad, la juventud, la democracia, la libertad, la justicia, solo sus negocios.
Es tarea de todos lograr la transición hacia una sociedad que defienda valores, principios de honestidad, trabajo, esfuerzo, sacrificio y censure lo ilegal, lo fácil y lo dañino que es el narcotráfico para los bolivianos.