Acerca de la caída de la URSS, Yegor Gaidar, primer ministro de Boris Yeltsin, dice en su libro State and evolution: “El sistema soviético fue devorado desde dentro, por sus propios jerarcas. Marx escribió que la burguesía cava su propia tumba. Pues bien, la oligarquía comunista también estaba cavando su propia tumba, pero esta vez fueron astutos y mercenarios excavadores, porque se propusieron beneficiarse con su propia muerte”.
Y añade: “Bueno, más precisamente, ellos se propusieron convertir un funeral en una fiesta, una celebración de la liberación del viejo sistema y el nacimiento de uno nuevo, que ellos mismos iban a controlar”.
Los jerarcas soviéticos privatizaron para ellos mismos las empresas estatales. La propiedad privada había ganado una nueva batalla después de setenta años de abolida.
Por supuesto que Vladimir Putin fue uno de los beneficiarios.
A propósito de este sicópata, el periodista alemán Lothar Gorris, en una entrevista para Der Spiegel con el experto Ivan Krastev, dice que los medios occidentales cometen un error cuando acusan a Putín de ser corrupto.
Lo que dice Krastev sobre este tema es de un cinismo escalofriante: “Primero, dicen (esos medios) que Putin es corrupto. Eso es verdad. Pero, ¿explica su política? Putin ha sido el líder de una potencia nuclear durante 20 años. Piensa en términos de historia, traición y malicia. Para una persona así, la corrupción es simplemente un instrumento de poder.”
Si vamos a buscar similitudes con las cosas que ocurren en la política boliviana, y con un personaje boliviano, una frase de esta entrevista nos ayuda mucho. “Si llevas 20 años en el poder en un Estado autoritario, ya nadie se atreve a contradecirte. Has establecido un sistema, tú mismo te has convertido en el sistema y no imaginas que el país no refleje eso. Tampoco puedes imaginar que exista un sucesor adecuado. Entonces, tú tienes que resolver todos los problemas mientras estés vivo.”
Ahora, en Bolivia, asistimos a la demolición del MAS desde dentro. Un espectáculo que los bolivianos miran complacidos. Sus dirigentes apenas se saludan entre ellos. La corriente que exige la jubilación del cocalero Morales es muy fuerte, aunque él mantenga bajo su control algunos sectores del Gobierno, incluidos los cargos de embajadores en la ONU y la OEA, que ahora desprestigian al país con sus votos a favor de Putin.
A propósito de estos votos, Agustín Basave, en un artículo titulado Izquierda zarista, dice: “Como diría Desmond Tutu, ser neutral ante una injusticia es elegir el lado del opresor, es enviar una señal de apoyo al ataque armado”.
Buena definición: existe una izquierda zarista, capaz de convertir a sus dirigentes en monarcas, aunque parece que los bolivianos que cometieron ese error están recapacitando.