Por Guillermo Gándara, Prospectivista
Por más de una década, la Red Iberoamericana de Prospectiva (RIBER) ha sostenido una misión esencial: explorar futuros capaces de impulsar el bienestar, el desarrollo sostenible y la circulación del conocimiento. Integrada por 200 miembros de 20 países, esta organización sin fines de lucro se ha consolidado como un referente en estudios de futuros y prospectiva estratégica en la región.
Permanecer activa durante diez años es, por sí mismo, un logro notable; hacerlo manteniendo la cohesión, el diálogo y la colaboración constante entre actores tan diversos es quizás su mayor resultado.
A lo largo de este periodo, la red ha logrado reunir presencialmente a especialistas y entusiastas de la prospectiva en ciudades como Santo Domingo, Cali, La Paz, Santa Cruz de la Sierra, Monterrey y San Salvador. Estos encuentros han permitido fortalecer capacidades, compartir aprendizajes y expandir la comprensión colectiva sobre la importancia de anticipar y diseñar los futuros posibles.
Uno de los mensajes más potentes que emergen de este trabajo es claro y contundente: el futuro se construye tanto por acción como por inacción. No solo lo determinan las decisiones que tomamos, sino también aquellas que postergamos o evitamos. Cada elección, cada paso y cada silencio deja una huella que influye en la trayectoria colectiva. Así, la ausencia de decisiones también moldea el porvenir, aunque muchas veces lo haga en direcciones menos deseables o contrarias al bienestar común.
Esta premisa adquiere especial relevancia frente a los múltiples desafíos que América Latina deberá enfrentar en las próximas décadas. La región se encuentra en un punto decisivo, donde las tensiones sociales, económicas, ambientales y tecnológicas requieren respuestas oportunas, colaborativas y sostenidas. Entender que la falta de acción también es una forma de decidir nos invita a asumir con mayor conciencia nuestro rol en la construcción de futuros posibles, recordándonos que cada omisión puede alejar a nuestras sociedades de los escenarios deseables que aspiramos alcanzar.
En su publicación Latinoamérica 2050: retos, escenarios y acciones, la red revisa los quince desafíos del milenio aplicados al contexto regional y plantea tres escenarios que ilustran posibles rumbos: un escenario ideal donde la región se convierte en un crisol de nuevas alianzas y ecosistemas; un escenario tendencial que combina avances y retrocesos; y un escenario indeseable marcado por la devastación, la opresión y la migración forzada. Estos ejercicios no buscan adivinar el futuro, sino advertir que los caminos se construyen con decisiones colectivas.
Apostar por redes colaborativas en la exploración del futuro no es una elección casual. La complejidad de los desafíos contemporáneos exige miradas diversas, enfoques multidisciplinarios y la capacidad de construir visiones compartidas. Solo desde múltiples perspectivas es posible imaginar futuros posibles, trabajar por los más deseables y evitar los indeseables.
En este esfuerzo, las instituciones de educación superior desempeñan un rol decisivo. Forman competencias para pensar futuros, impulsan investigación aplicada con visión de largo plazo, proponen soluciones sostenibles a problemáticas locales y difunden conocimiento que moviliza a la sociedad.
Universidades como Unifranz se han convertido en aliadas estratégicas para promover estos diálogos, organizar encuentros y fortalecer comunidades comprometidas con la anticipación y la acción, como el Futures Week, un espacio que, entre el 10 y 13 de noviembre, reunirá en La Paz a expertos, académicos, empresarios y representantes del sector público para reflexionar sobre los futuros posibles de Bolivia y de la región y sumar voluntades a la construcción de un porvenir colectivo.
El futuro no es un destino inevitable, sino una obra en permanente construcción. Cada día, con nuestras decisiones —y también con nuestras omisiones— definimos qué tipo de Iberoamérica queremos legar. Construir futuros deseables es una tarea común, urgente y profundamente humana.