El lío del litio mantiene en pie de guerra a oficialistas y opositores. Las peleas, nada dialécticas, se han sucedido en los diversos espacios legislativos en los cuales se debatió los contratos de explotación del litio. Desde el arcismo se presiona, ya sin descaro, para la aprobación de los contratos. Los opositores dilatan el debate con la intención de posponerlo hasta que se consolide un nuevo gobierno. Un poco más lejos, en la aguerrida Potosí, vigilan expectantes las decisiones que se asuman respecto a la explotación del litio.
El litio del lío asfixia a Bolivia. Argentina y Chile han sabido ‘hacer caja’ con la explotación del mineral. Las condiciones de sus salares son muy similares a las nuestras. Por lo tanto, replicar o adecuar sus modelos permitiría resolver un problema que se prolonga, al menos, desde hace 40 años. Sólo en 2024, Argentina exportó $us 631 millones. En el mismo periodo, Chile alcanzó los $us 2.877 millones, lo que le situó como el mayor exportador de litio en el mundo. Las cifras, en Bolivia, están muy lejos de compararse con las de los países vecinos.
Sin litio, con lío. Parece ser la máxima boliviana, mas propensa al bloqueo que a la solución. El tinte ideológico que tiñe la Constitución Política del Estado es el primer, y principal, escollo para la explotación del litio. Solo permite a los bolivianos realizar esa labor. Pero, sin tecnología ni conocimiento, se torna una misión imposible. Mientras el tiempo pasa sin lograr soluciones reales, el valor del litio disminuye y la innovación tecnológica encuentra nuevas alternativas para reemplazarlo. Sería un lío no lograr una salida al litio.