Quedan poco más de 70 días para la cita con las urnas, si es que nada entorpece en este mismo periodo de tiempo las elecciones. Poco más de dos meses para decidir el voto y decantarse por uno de los, de momento, 10 candidatos a la presidencia. Lamentablemente, al referirnos a este proceso electoral nos hemos acostumbrado a escribir con una insoportable cantidad de condicionantes que dejan abiertas las puertas a las innumerables inquietudes que acompañan al proceso en sí.
Esas mismas incertidumbres se reflejan en la decisión del voto. Apenas un 30 % de los votantes asegura tener definido a quien respaldará en las elecciones; aunque alguno de ellos es consciente que lo puede cambiar si es que el retorno del ‘voto útil’ se hace presente de nuevo. La gran mayoría de los votantes bolivianos no tienen claro a quien respaldar en estas elecciones. Dicho de otro modo, no encuentran una propuesta o candidato convincente para sacar a Bolivia de la crisis actual en la que está sumergida.
En esta oportunidad, ni siquiera las redes sociales nos sirven de guía. En ellas, abundan los videos y debates vinculados a los actores políticos. Estos ‘trending topic’ momentáneos adquieren tanta relevancia que llevan a alterar las agendas políticas de los candidatos. Solo así se explica cómo, días atrás, se debatía tanto sobre la conveniencia de ‘volver sexy’ trabajar en el Estado. Con un dominio predominante del voto joven; discursos, candidatos y propuestas se han adaptado no solo a su lenguaje, sino también a sus prioridades. Quizá por ello, hay quienes se entusiasman tanto por los likes a pesar de que, en intención de voto, no graviten en lo más mínimo.