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Cara a cara

Sabado, 05 de abril de 2025 a las 02:00

Esta mañana recurrí al diccionario antes de iniciar con este espacio sabatino. Alguna palabra podría describir el embarullado contexto preelectoral que vivimos. Desde la proliferación de singulares candidatos con pretensiones presidenciales y carentes de estructuras, siglas y programas; hasta las disputas epistolares que resquebrajan la unidad en un bloque que nunca hizo honor a su nombre, arrancamos una turbulenta carrera presidencial que se alargará mucho más de lo que el país y los bolivianos merecemos.

Busqué la palabra ‘consenso’. Según la RAE, se trata de un acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo o entre varios grupos. Al indagar un poco más, vuelvo a preguntar sobre el significado de ‘consenso político’ y obtengo como respuesta que es “una condición indispensable en los regímenes democráticos ya que se basan en la idea de que en ellos reside la soberanía”. Aunque esa herramienta inquietante alimentada por la IA me advierte que “es una falsedad, ya que muy difícilmente, todos y cada uno de los ciudadanos tenga exactamente la misma opinión”. 

La falta de diálogo honesto entorpece los acuerdos. Una de las cualidades de nuestros políticos radica en el arte de marear la perdiz y borrar con el codo lo escrito con la mano. Si no, que se lo digan al MAS y sus avezados políticos capaces de torcer la Constitución para habilitar a su caudillo y de reescribir sus estatutos para bloquear al bloqueador. El país requiere el consenso para encaminar las soluciones que nos permitan salir de la crisis económica, política y social que nos atenaza. Y el consenso demanda desprendimiento a los egos personales de los políticos que aspiran a liderar esta transición hacia la normalidad.

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