“Que no cunda el pánico”, la expresión popularizada por el Chapulín Colorado está adquiriendo estado de mantra en la Bolivia actual. Vivimos momentos de zozobra que solo los bien entrados en años podemos recordar. Sin embargo, este sentimiento de descalabro generalizado se agudiza hoy día con los apocalípticos mensajes que circulan desde las redes sociales y encuentran un eco descontrolado en los grupos de whatsapp. La situación no es para nada alentadora, es cierto, pero no por ello debemos caer en el frenesí de las especulaciones.
La proliferación de noticias falsas, debilita la confianza e incrementa el aislamiento informativo. En estos días de tensiones, han aparecido comunicados ‘truchos’, algunos de ellos muy trabajados, que alimentan la inquietud social. Y son las redes, como altavoces del anonimato, donde se propagan rápidamente para desprender una venenosa corriente de opinión radicalizada.
“El periodismo cumple su función cuando sirve a la sociedad, no cuando se sirve de ella”, decía el gran maestro del periodismo Javier Darío Restrepo. Esa mirada de servicio es la que nutre al periodismo responsable que se ejerce, casi como si de una especie en peligro de extinción, se tratase. En contraposición a este principio del buen periodismo, han surgido incontables cuentas en redes sociales con un propósito confuso que desmerecen el respeto por el rigor periodístico y la corrección informativo. Quizá por ello, para que no caigamos en pánico, sea momento de activar ‘las antenitas de vinil’ para “detectar la presencia del enemigo” disfrazado de ansiedad.