La noche cruceña adquiere nuevos rumbos. Lejos quedaron aquellas imágenes de una avenida San Martín invadida por jóvenes en autos que hacían tronar sus equipos de música durante la madrugada. Ahora, los vehículos vuelven a ocupar calles y avenidas por las madrugadas. Miles de conductores salen al caer la noche a buscar combustible en los surtidores. Aguardan pacientemente en filas que apenas avanzan, con la esperanza de abastecer los tanques y lograr un poco más de autonomía y movilidad para los siguientes días.
En busca de esa ansiada autonomía, se impulsa una cooperativa cruceña de combustible. La propuesta privada se proyecta como una solución a la escasez de diésel y gasolina que afecta a un sector productivo en emergencia. El proyecto cuenta con el aval del Comité pro Santa Cruz y, de alguna manera, revive los tiempos de antaño en los cuales el tesón de los cruceños asentó los pilares del desarrollo de la región con una mirada solidaria y cooperativizada. Ante una necesidad compartida, el cruceño no duda en avanzar sobre la solución antes de aguardar la respuesta, casi siempre tardía, del Estado.
En el marco de la prematura campaña electoral, los precandidatos apelan una y otra vez al modelo cruceño como la vía más factible para salir de la crisis económica que adquiere tintes dramáticos según alertan los cívicos cruceños al señalar que "la comida de los bolivianos está en peligro”. Más allá de entrar en el debate sobre la idoneidad de los modelos productivos, casi tan dogmatizada como el fútbol en altura; me permito resaltar la verdadera esencia del modelo cruceño, ese en el cual se prima la búsqueda de soluciones antes de la reivindicación con bloqueos asfixiantes.