En el sexto día de hospitalización, el papa Francisco tiene en vilo al mundo católico. Su estado de salud siempre ha sido motivo de preocupación, situación que se puso sobre el tapete desde los primeros meses de su pontificado, cuando este entregó firmada una carta de renuncia en caso de que él quedara impedido por motivos de salud. Desde entonces no han parado los rumores cada vez que este ha recaído en sus diferentes cuadros pulmonares, y más todavía cuando tuvo que usar silla de ruedas debido a la artrosis que padece y que le causa tanto dolor en las rodillas.
Esta vez Francisco está internado por una infección polimicrobiana en los pulmones y eso tiene intranquilos a varios porque al sumo pontífice le extirparon una parte de un pulmón cuando tenía 21 años y ahora, con 88, hay una lógica preocupación. Mientras tanto las novedades en su evolución solo las puede comunicar la Santa Sede, y estos informes suelen ser cortos y tranquilizadores.
Entonces, con más razón que nunca, se ha puesto especial interés en su autobiografía que se publicó hace un mes y que titula “Esperanza”. La misma contiene novedosos detalles de su vida, e incluso confesiones, como, por ejemplo, que se considera “pecador”, que lamenta el aislamiento que provoca el poder y añora poder comer pizza en la mesa de un restaurante. El mundo católico espera tener Francisco para rato y que pese al evidente deterioro de su persona, esté al frente de la silla de Pedro, gobernando, ojalá, con el corazón.