El retorno de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos despertó un inusitado interés en Bolivia. Un repaso a las redes sociales dejaba entrever el entusiasmo de muchos internautas por el discurso de posesión del republicano. Algunos lo califican de liberal, otros realzan su conservadurismo religioso y, los más cuestionadores, revelan el carácter autoritario del que hace gala el singular mandatario.
Fiel a su estilo, las provocaciones discursivas han marcado su primera intervención nada más asumir la presidencia. Bajo su mando, aseguró, comienza “la edad de oro” para Estados Unidos. Un epíteto demasiado grandilocuente si lo justifica con su intención de volver a ser una "nación manufacturera que producirá mayor cantidad de petróleo y gas que cualquier país del mundo". Así es Trump, el nuevo presidente de Estados Unidos. Un ser contradictorio, capaz de sostener su campaña electoral con encendidos alegatos contra China para después invitar a su jefe de Estado al acto de posesión.
La irreverencia fanfarrona de la que hace gala se ha convertido en una señal de identidad para Trump. Más aún cuando comparte escenario con el excéntrico Elon Musk, quien además de aportar más de 200 millones de dólares para la campaña del empresario, comandará un nuevo departamento de Estado dedicado a la Eficiencia Gubernamental. ¿Será parte de esa eficiencia el hecho de cambiar el nombre al Golfo de México o de comprar Groenlandia como lo hicieron antaño con Alaska? Inicia una nueva presidencia Trump con las mismas pompas que hace 8 años, pero, indudablemente, con más dudas.