Cada 11 de enero, Bolivia celebra el día del acullico. La costumbre de masticar hoja de coca es milenaria, aunque de manera reciente se ha expandido a círculos sociales de lo más diverso. Más allá de debatir la idoneidad del acullico, no quiero empezar el año con polémicas regaladas, debo confesar mi asombro al conocer una invitación remitida desde el Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización, regional Santa Cruz.
La convocatoria apela al ‘acullico del bicentenario’. Curiosa fusión. Al parecer, este 2025 veremos muy seguido el uso de la etiqueta ‘bicentenario’ para denominar una y mil actividades. Se trata, al parecer, de sacar el mayor rédito político a un momento histórico del que todo boliviano se siente orgulloso: la independencia como país y el surgimiento consiguiente de la República de Bolivia. Cual político urgido de popularidad, más aún en la antesala de una campaña electoral, el Gobierno apelará en cuanto momento pueda a la histórica fecha patria.
Mañana también se recuerda el día mundial del agradecimiento. Al igual que el acullico, se trata de una milenaria tradición capaz de unir e integrar a las sociedades. En esta oportunidad, sí me atrevo a mencionar las grandes cualidades que este hábito aporta. Ser agradecido aumenta la felicidad, mejora el sueño, reduce el estrés, consolida las relaciones y fortalece el sistema inmune entre otros varios beneficios. En fin, solo me resta darle las gracias por llegar hasta este punto de la lectura y desearle, hoy y siempre, un feliz día.