El periodismo despide a Jorge Lanata y reflexiona sobre la misión que desempeña en la sociedad moderna. En sus más de 45 años de trabajo periodístico, Lanata tuvo la valentía de encarar al poder e incomodar a los políticos con sus cuestionamientos constantes. “La verdad duele”, remarcaba en uno de sus más sinceros alegatos sobre la profesión que le apasionó. Fiel a su estilo, encaró con firmeza las investigaciones periodísticas. Gracias a su fuerte personalidad, pudo confrontar a presidentes, ministros y diputados.
Ejemplo del periodismo tradicional, trabajaba al margen de las nuevas tecnologías. No estaba en contra de ellas, más bien, supo ponerlas a su servicio. Eso sí, la base del periodismo pasional estaba en el diálogo con las personas, en la entrevista punzante y el diálogo intenso al borde del irrespeto. Era Lanata, tan personal como crítico con el periodismo militante que estalló en Argentina en los últimos 20 años. “Los periodistas preguntamos, los militantes responden” les interpelaba desde su micrófono en radio Mitre.
Gonzalo López también se nos fue junto con el año. Su única similitud con Lanata radica en la pasión con la que vivió el periodismo. Lo llevaba en la sangre. En el caso de Gonzalo, tradujo esa pasión en la meticulosidad cuidadosa con el dato. Maestro del periodismo económico en EL DEBER enseño a quien compartió escritorio con él, el valor irrefutable del dato. Como nadie lo buscaba, lo exponía y lo argumentaba para que los lectores entendieran su repercusión. Era un periodista distinto, pulcro, respetuoso con la objetividad y comprometido con las audiencias. El año acabó y se llevó a dos periodistas ejemplares. En este 2025 nos queda hacerles honores y mantener el amor inclaudicable por el periodismo de la verdad.