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Cara a Cara

Sabado, 12 de agosto de 2023 a las 20:00

Las mafias del narcotráfico ganan poder y se incrustan cada vez más en las sociedades de Latinoamérica. Ya venían sacudiendo los cimientos de México y Colombia desde hace décadas, pero ahora ya siembran terror en países como Ecuador y hacen alarde de su poderío e impunidad de manera cotidiana en prácticamente todos los países de la región. El candidato ecuatoriano Villavicencio pago con su vida su osadía de denunciarlas y prometer combatirlas. Lo mataron con total desparpajo en medio de una multitud. Los narcos actúan así porque se siente omnipotentes y protegidos. No tanto los que aprietan el gatillo –porque estos son pinches sicarios–, sino los siniestros padrinos que mueven los hilos desde las sombras.

 La Unión Europea ha venido trabajando con 18 países de Latinoamérica en el combate del crimen organizado y las mafias. Sus impulsores están convencidos de que esta tarea requiere que los Estados se organicen y colaboren entre sí. Pero, ¿qué pasa si algunos Estados ya han sido infiltrados por mafiosos poderosos? ¿Tendrán éstos un genuino propósito colaborativo o están ahí sólo para guardar las apariencias? Esa duda razonable hace que la resistencia social sea fundamental para hacer retroceder a la mafia. Porque al final, los grandes mafiosos se pasean a sus anchas por nuestras ciudades; han lavado su dinero en prósperos negocios y ejercen una enorme influencia con su plata y por medio de la extorsión. Por ello, la denuncia y el apego a la cultura de la legalidad son las armas que la sociedad tiene a su alcance para combatirlos. Se necesitan muchos valientes Villavicencio para ganar esta guerra.

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