Ya no es solo parquear en las calles donde, debidamente señalizadas con carteles visibles, se puede leer Prohibido estacionar, tampoco es nueva la torpe manía de estacionar en doble fila quitando el 50% de posibilidades de transitar por las estrechas calles del centro de Santa Cruz de la Sierra. A este atropello se suma la falta de respeto a las luces de semáforos que están de adorno y al cruce hacia la izquierda preferentemente de los “dueños” de la ciudad que sin mirar por dónde ni quién viene se arrojan a la ilegalidad más convulsiva. La enajenación del casco viejo es tal que este anodino comportamiento se admite en silencio, que las cosas son así por cultura, estilo o por ganas nomás. El sistemático atropello a las normativas y a la educación vial se hermanan con la legitimidad que el conductor más despistado le reconfirma todos los días. La puntualidad, la solidaridad, la hospitalidad y el respeto por el otro, valores intrínsecos del ser cruceño, no se vislumbran, no se sienten, ni se perciben allí en el corazón de la ciudad, en el nervio más camba de la urbe, en el sitio más neurálgico de la capital oriental. ¿Cuándo se dejó el centro citadino a que lo rifen a fondo perdido? ¿Desde cuándo se abandonó un sitio emblemático para que sea un ejemplo de desastre nacional?
La Secretaría Municipal de Tránsito y Transporte, en su página web dice: que sus objetivos son ofrecer a la comunidad el derecho a la movilidad en todas sus formas de desplazamiento, buscando crear una movilidad urbana sostenible y segura para la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Pues nada de eso se cumple, más bien todo lo contrario. Ni controles, ni grúas, ni personal educativo, ni campañas, ni presencia, ni autoridad alguna. Es un “Sálvese quien pueda” y si no, denles una vuelta a las históricas calles para sufrir en carne propia lo que miles de personas padecen a diario cuando toca visitarlo. Y si se continúa con la incompetente versión del ‘no se puede’, será una provechosa oportunidad para que el buen ciudadano organizado haga el trabajo que el municipio no hace, de otro modo se habrá olvidado el cruceño de reclamar lo que es suyo y le pertenece.