Aunque para algunos usar petardos y bombas de estruendo para las fiestas de fin de año puede ser un desahogo, una alegría y un detonador emocional, para otros resulta lo opuesto. Y entre estos últimos están las mascotas, perros, gatos y demás. El estruendoso sonido de los cohetes puede ser motivo de estrés, miedo y angustia. Claramente repercuten en el aparato auditivo de los animales, niños, adultos mayores provocando cambios de comportamientos y de humor, incluso puede ocasionar taquicardias, temblores, etc. El oído de nuestros queridos cuadrúpedos es tres veces más sensible que el de los humanos. Puede entonces resultarle perturbador y hasta ocasionarles daños en su capacidad auditiva. Es conveniente insonorizar el ambiente, darles un sitio tranquilo y camuflar los estruendos externos con música. Seguramente sus deseos serían que llueva mucho y que la pólvora esté mojada para estas fechas.
Un profesor de teología de Hurlingham, provincia de Buenos Aires, llamado Fernando Romero, tomó la guitarra un día y compuso la popular canción que recorrió el mundial con la pasión albiceleste durante el torneo. Con la música de Muchachos, de La Mosca, le cambió la letra y fue millones. El hincha de Racing reconoce que la mutación que va teniendo el tema no lo pone celoso. Este Maradoniano de corazón contó amable y casi como pidiendo permiso el momento de hacer el himno que recorrió las gargantas de millones de personas. La pegadiza melodía con contenido tribunero llegó al puesto 35 en Spotify en el mundo. Recibe llamados de varios continentes, ha dado la vuelta al planeta y desearía contactarse con algún jugador que alzó la copa. Había una vez un hombre que se tuvo fe y le abarcó la vida.