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Tu bloqueas, yo bloqueo… bloqueamos

Jueves, 02 de abril de 2026 a las 04:00

“Presidente, denos la talla a su cinturón”, le dijo un camionero a un dictador militar.

El sector del transporte, como otros, ha vuelto normal, lo que no debiera ser. Mi derecho termina donde comienza el del otro. Tengo derecho a la protesta aunque pueda perjudicarme, por ejemplo,  la huelga de hambre; o, cuando paro mi camión,  me estoy infligiendo un daño. Lo que no debo hacer es infligir daño a otros. 

Quienes pedían la medida del cinturón al dictador, compartiendo y reproduciendo prepotencia, también han inviabilizado que el ferrocarril pueda unir oriente y occidente porque los “perjudicaba”, aunque los perjudicados son otros: productores que no pueden abaratar sus costos de transporte para competir. Aquellos, no debieran anular desproporcionadamente derechos ajenos ni convertir la coacción sobre terceros en método normal de presión.

Considero que hoy existe un debate mal planteado, cuando se pone en discusión un proyecto de ley “anti-bloqueo”, ya que está confundiendo dos cosas distintas: falta de norma específica y falta de aplicación de normas ya existentes. Salvo excepciones, quienes entran al falso debate, ni siquiera conocen la legislación y menos la cultura democrática. Más bien reproduce la contracultura, que es el NO respeto a los demás. 

Mi derecho a transitar, trabajar para vivir y sustentar a mis hijos, es quebrantado. Y aquí no es un problema ideológico y no es un problema de ciertas coyunturas. En los años 90s, el campeón de los bloqueos llegó a ser presidente el 2005; y, la respuesta cívica cruceña de entonces fue “por un día de paro, nosotros trabajaremos dos”. Posteriormente, los perjudicados, también pusieron “pititas”. 

Hoy, en una nueva etapa, los de siempre vuelven a bloquear y no hay respuesta ciudadana; pareciera que hemos sido domados, como dice Bourdieu; o, ¿sólo las representaciones corporativas, por naturaleza no democráticas, han secuestrado nuestra legitimidad y representación? Y esto encarna una violencia profunda cultural, porque si los bolivianos no corporativizados no tenemos conciencia y práctica de la defensa de nuestros intereses y sólo la tienen las corporaciones, realmente estamos perdidos. Y más aún con una institucionalidad venida a menos. El año pasado, en julio y agosto hice limpieza a mi vehículo por la mala gasolina; en septiembre se paró y cambié filtros y otros; pero no salí a bloquear.

La reflexión de las nuevas generaciones políticas debe ser esa, revertir y generar activismo en esa perspectiva, generar conciencia de nuestros derechos, de ejercerlos y volvernos a empoderar de ellos porque fueron conquistados históricamente. No necesitamos una hemorragia legislativa para proceder a aquello. 

Perico Pérez, ciudadano de a pie (no mi gran amigo chukuta), bastará que ponga denuncia para que el aparato del Estado se active, al existir un derecho secuestrado y quebrantado. Respaldo constitucional, jurisprudencial y legal, existe; recordemos aquel amparo constitucional del productor de bananos que se pudrían en los camiones “secuestrados” por un paro. 

Obviamente, Perico Pérez no debiera ocupar la vereda de la calle para tertuliar perjudicando a los transeúntes; tampoco estacionar su vehículo en la misma vereda, así sea la de su casa. Para empoderarse se debe cambiar la actitud de BLOQUEAR al otro, de disminuir la violencia que yo reproduzco, para tener la solvencia en el reclamo contra el BLOQUEADOR; comenzando desde el diálogo, lo más básico de la interacción humana. 

(*) El autor es criminólogo y nonnino de Valen

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