María Sarah Mansilla de Gutiérrez | Secretaria Municipal de Cultura y Turismo
El motivo principal de mi visita a Chengdú fue responder a una invitación oficial del Gobierno de China, a través de su Consulado General en Santa Cruz de la Sierra, la señora Wang Huijun, cónsul general, con quien hemos trabajado estrechamente en temas culturales. Ella quiso que también nosotros conociéramos su país, su gente y su desarrollo. Fue un gesto de gran amabilidad y una oportunidad invaluable para aprender.
Para Santa Cruz de la Sierra, este tipo de invitaciones son muy significativas, porque nos permiten conocer de primera mano lugares que se han adelantado décadas en su desarrollo. Nos abre la mente, nos inspira y nos muestra caminos posibles para aplicar aquí, en nuestra propia ciudad.
Estas visitas fortalecen los lazos que unen a nuestras ciudades. El hermanamiento entre Chengdú y Santa Cruz de la Sierra no es solo un acuerdo simbólico; es una oportunidad real para aprender mutuamente, compartir conocimiento y proyectar un futuro más sostenible y humano.
Cuando se establece un vínculo así, nacen nuevas conversaciones, nuevas ideas y un verdadero sentido de cooperación.
Durante la visita, tuve el honor de reunirme con el Sr. Jiang Bin, director general de la Oficina de Asuntos Exteriores, quien expresó su interés por fortalecer los lazos de cooperación cultural y educativa con nuestra ciudad.
Chengdú me impresionó profundamente. Es una ciudad impecable, construida con la más alta tecnología y con un gran respeto por el medio ambiente. Es verde, limpia y organizada. Han logrado un equilibrio admirable entre modernidad y tradición: en un mismo día puedes recorrer avenidas futuristas y luego caminar por barrios antiguos llenos de historia, donde la gente sigue conservando sus costumbres.
El hecho de que Chengdú tenga planificado su crecimiento a 35 años muestra una visión admirable. Demuestra respeto por la planificación, por la continuidad y por la idea de que el desarrollo debe ser sostenido y con propósito. Es una lección que deberíamos valorar mucho en nuestras ciudades latinoamericanas.
Uno de los momentos más conmovedores fue mi visita a la Universidad de Estudios Internacionales de Chengdú, donde fui recibida por el Prof. Zhang Huachun, rector de la Universidad, y por la Sra. Chen Guo, decana de la Facultad de Lenguas de Europa Occidental.
Los estudiantes me ofrecieron un hermoso espectáculo musical y leyeron en español fragmentos de la Saga Benjamín. Yo les hablé sobre la importancia de escuchar el propio corazón, de soñar y de aprender a través de los libros. Fue un encuentro lleno de alegría, respeto y generosidad.
También tuve el privilegio de reunirme con la Sra. Yin Chuan, directora del Departamento de Derechos de Autor de la Editorial de Niños y Jóvenes de Sichuan, donde conversamos sobre la posibilidad de futuras colaboraciones editoriales que difundan la literatura infantil y juvenil boliviana en China.
Una de las cosas que más me impresionó fue la devoción del pueblo chino por la educación. La formación de los educadores y la exigencia en la enseñanza son pilares de su desarrollo. Comprendí que detrás de cada ciudad moderna hay un sistema educativo sólido y una profunda valoración del conocimiento.
Y al mismo tiempo, un respeto absoluto por la cultura, la historia y las tradiciones que los sostienen como pueblo.
Santa Cruz y Chengdú tienen mucho en común: el respeto por la tradición, por la fe y por las raíces culturales. Esa coincidencia espiritual nos hermana, más allá de las distancias geográficas.
Este viaje nos ha abierto nuevas posibilidades. Queremos que la población cruceña sepa que en China existen ferias, universidades y espacios donde pueden aprender, comerciar y compartir experiencias.
Son oportunidades para estrechar lazos no solo culturales, sino también económicos y educativos, y fortalecer el intercambio entre nuestras ciudades hermanas.
Lo que más me emocionó fue la devoción, el orden y la fe del pueblo chino. Este viaje me enseñó que cuando una ciudad une conocimiento, cultura y planificación, logra transformarse.
El hermanamiento entre Chengdú y Santa Cruz debe seguir creciendo, porque las ciudades se parecen a las personas: florecen cuando se relacionan con generosidad y respeto.
Los viajes institucionales no solo abren puertas entre ciudades, también entre culturas.
Y cuando la cultura dialoga, los pueblos crecen.