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Motivaciones del voto y otros temas relacionados

Viernes, 31 de octubre de 2025 a las 06:00

Muchas personas que en las recientes elecciones votaron por LIBRE, siguen sin comprender por qué, un candidato con los atributos que se le reconoce a Jorge Quiroga, no pudo alzarse con la victoria. Al respecto, un hombre, de cuya identidad no tengo noticia, ha adelantado a través de las redes sociales, explicaciones antojadizas, como que los bolivianos no votan por el mejor candidato, sino por el que dice “estupideces”; o “votan por el color, por el olor o por la raza”.  Si esta fuera una opinión aislada, no valdría la pena hablar de ella, pero, lamentablemente lo que se dice en las redes sociales y también en algunos medios institucionalizados, hace temer que esta mirada sea compartida en amplios sectores de nuestra sociedad.

Las motivaciones del voto, que se oyen en ese video, no son solamente cuestionables: son ofensivas, racistas y discriminadoras, conceptos totalmente reñidos con la Democracia que nos toca recuperar.  Además, y sin que venga a cuento, el autor del video, recoge la idea, generalizada en el imaginario de las elites cruceñas, según la cual, Santa Cruz ha progresado por su propio esfuerzo y sin contar, en momento alguno, con el apoyo de los sucesivos gobiernos nacionales. Sin ánimo de restar méritos a los logros alcanzados por el empresariado que vive y trabaja en Santa Cruz, abordo este tema en lo que sigue, porque esta visión, reiteradamente expuesta, ahonda la animosidad entre regiones del país, fenómeno que ha venido creciendo al punto que mucha gente ya habla abiertamente de la existencia de “dos Bolivias”.

Tan falso es que quienes en la segunda vuelta votaron por Rodrigo Paz y Edman Lara, no tengan capacidad de discernimiento, como lo es que Santa Cruz “nunca” haya recibido apoyo de parte de los gobiernos del país. Es verdad que, durante demasiado tiempo, la región fue prácticamente ignorada por quienes han gobernado el país con una mirada centralista, pero no hay que olvidar que, en la segunda mitad del siglo pasado y, especialmente, durante la década de 1970, los Bancos Agrícola y Del Estado, concedieron generosos créditos a agricultores y ganaderos, cuyos descendientes, o ellos mismos, hoy son importantes empresarios agropecuarios y agroindustriales. Hasta ahí, nada objetable, pero ocurrió que, al haber sido las políticas de crédito de dichos bancos estatales, extremadamente tolerantes, esos préstamos tuvieron baja recuperación. Además,  en ese contexto de regulaciones financieras escasas o débiles, un grupo de Bancos creados en la década del 70 y siguientes, entre los que figuraban el Banco Sur y el BIDESA, cuyos accionistas principales eran conocidos empresarios cruceños, hicieron préstamos ”vinculados”, es decir, a empresas de las que eran dueños, directamente o a través de palos blancos, con recursos intermediados por el Banco Central de Bolivia, entidad responsable, en última instancia, de su devolución a las instituciones internacionales acreedoras.

Tales prácticas crediticias, influyeron para que, en la década de 1990, 12 bancos, entre ellos los dos estatales, y los privados arriba nombrados, cuyas carteras de crédito fueron calificadas de incobrables, se declararon en quiebra. Como consecuencia, el Estado tuvo que asumir pérdidas que, a finales de los años 90, ascendieron a 1.000 millones de dólares (en ese tiempo, el producto interno bruto, o sea la riqueza total del país, ascendía a 8.400 millones de dólares).  No hace falta ser muy perspicaz para suponer que los créditos que no se pagaron, contribuyeron a la acumulación de capital en las empresas que se beneficiaron de ellos.  Esto no fue una exclusividad cruceña, pues también quebraron, por similares razones, otros bancos, como el Minero, el de Cochabamba y el de Potosí.  Así ha sido nuestra República, históricamente manejada por gobernantes afines a los poderosos, a los que proporcionaban ventajas que, a la postre, causaban daño a las arcas fiscales.   Al respecto el profesor Juan Antonio Morales, en un ensayo publicado en el año 2000, bajo el título “La banca de Desarrollo”, describe y analiza el papel del Estado en el financiamiento al desarrollo, mediante créditos otorgados al sector privado, y concluye que “los resultados obtenidos, sugieren la inconveniencia de un eventual restablecimiento de la banca estatal de desarrollo en Bolivia”. (https://www.bcb.gob.bo/webdocs/publicacionesbcb/revista_analisis/ra_vol0401/resumen_1_v4_1.pdf).  Años después, asistiríamos a la creación del Banco de Desarrollo Productivo y a la quiebra del Banco Fassil, cuyos resultados y motivaciones, respectivamente, todavía están por verse.

Volviendo al tema de las motivaciones del voto, es obvio  que la gente que antes votaba por el MAS y en la primera vuelta bien puede suponerse que votó por el PDC, lo hizo porque tiene memoria de que sus vidas y las de sus padres, abuelos y antepasados más lejanos, han estado  marcadas por  el hecho de que durante casi dos siglos,  los recursos del Tesoro Nacional, fueron siempre insuficientes para atender las necesidades de salud, educación, provisión de servicios básicos, y otras condiciones indispensables para que  puedan  vivir, trabajar y progresar en su propia tierra.  Este voto, que se mantuvo o creció en la segunda vuelta, expresa, por una parte, el rechazo al extravío cada vez mayor, en el que cayó el  “Instrumento para la Soberanía de los Pueblos” y, por otra, la percepción de que el binomio Paz-Lara era el que menor riesgo presentaba, de  una eventual regresión a los “tiempos de antes”.  Con esa misma percepción, y valorando los aspectos positivos que deja el llamado “proceso de cambio”, es probable que una buena parte de quienes, en la primera vuelta, anularon su voto por consigna, o votaron por UNIDAD u otras opciones, decidieran apoyar al binomio Paz-Lara. 

Queda en manos de los nuevos mandatarios, no defraudar la confianza que casi el 55% de los electores ha depositado en ellos. El desafío es enorme y, para encararlo con éxito, es fundamental la conformación de un equipo de gobierno no solo altamente calificado en el manejo de la economía, sino también dotado de inteligencia política y sensibilidad social, empatía y capacidad de comunicación con todos los segmentos de la población.  A los gobernados, nos corresponde bajar el tono de descalificación, intolerancia y enfrentamiento, y apoyar el proceso de sanación de las heridas abiertas, en lugar de profundizarlas.

 

 

 

 

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