El 14 de febrero de 2025, Santa Cruz cumplirá 200 años de haber proclamado su independencia de la corona española. Después de casi quince años de guerra, la gobernación de Santa Cruz de la Sierra con sus cinco provincias se convirtió en un territorio emancipado y acosado por el antiguo régimen que se resistía a morir. El 28 de marzo de ese año, el realista Ramos entregaba Chiquitos al Imperio de Brasil, las tropas de Mato Grosso ocuparon Santa Ana, San Miguel y San Rafael hasta fines de mayo, cuando salieron voluntariamente.
Fueron meses de zozobras los que vivieron los cruceños. A pesar de las incertidumbres lograron pensar lo que querían para su futuro. Ese proyecto se concretizó en 21 instrucciones que llevaron los dos diputados a la Asamblea Deliberante que dio origen a Bolivia el 6 de agosto de 1825. Las instrucciones son una muestra de la visión de los patriotas para el futuro de Santa Cruz. En primer lugar, la democracia, el voto general y la condición de ciudadanía para todos sus habitantes, incluyendo la población indígena de las antiguas misiones. En lo económico el libre comercio como la base de la prosperidad de los pueblos y para ellos propusieron la construcción de caminos para vincularse con los países vecinos y salir al Atlántico. En lo social pedían la difusión de la educación en todos los niveles, la educación técnica y artística y una universidad en Santa Cruz de la Sierra.
A lo largo del siglo XIX, se fue articulando ese proyecto, con ese deseo incansable de lograr el progreso, construyeron caminos en base a sociedades de acciones, abrieron rutas comerciales y convirtieron a la capital en un nodo de comercio. La producción de las provincias llegaba a Santa Cruz de la Sierra y desde allí partía ya sea al resto del país, hacia el sur a la Argentina, hacia el este por tierra a Brasil, a Cuiabá y a Corumbá y desde allí por vapores al Atlántico y hacia el norte al Beni y por el Mamoré hasta el Pará en Brasil.
Construyeron escuelas de niños y de niñas, colegios secundarios y ante la ausencia de una universidad pública en 1866 crearon una universidad privada a cargo de Aquino Rodríguez, hasta que en 1880 se estableció la universidad pública. Daniel Suárez trajo en 1875, una máquina a vapor por Corumbá y los hermanos Chávez la importaron por el Mamoré. Nada detenía a esos emprendedores que entendían la felicidad que traía el progreso.
Durante los primeros cien años de vida independiente los cruceños pensaron, debatieron y demandaron la construcción de vías férreas que unan a Santa Cruz con el resto de Bolivia y con el río Paraguay. En 1919, Angel Sandoval importó el primer automóvil, que llegó no sin inconvenientes por la vía de Puerto Suárez. Y en 1925, aterrizaba en el Trompillo el primer avión un Junkers denominado El Oriente, donado por la comunidad alemana, que tenía una presencia importante en el comercio cruceño.
La generación de 1925 entendió la importancia de planificar, aunque no tenían los recursos, pensaron con un departamento que se integre a Bolivia y al mundo. Los planes proyectaron la electrificación como el inicio de la modernización, el agua potable, el pavimento, los hospitales, el diseño de la capital, la potencialización de las provincias y crearon instituciones para la consecución a esos propósitos. La ley de regalías petroleras de Germán Busch fue decisiva para obtener los recursos necesarios para las obras públicas. Las luchas cívicas enfrentaron al departamento con el estado central para lograr que se cumpliera dicha ley y se abonaran al tesoro departamental los recursos que por derecho le correspondía, lo que finalmente se logró con la presidencia de Barrientos. Santa Cruz despegó y se hizo de manera eficiente porque se había planificado, porque hubo instituciones y sobre todo hombres y mujeres capaces y convencidos de la necesidad de avanzar.
Este 2025, nos toca a todos los que vivimos en Santa Cruz, pensar y soñar con lo que queremos para nuestro departamento. En lo social, educativo, cultural, político, económico, medioambiental, territorial con la metropolización y la integración continental. No es el plan de una persona, de una institución, es un trabajo compartido, que debe despojarse de los odios que nos han dominado, que nos han enfrentado, que han hecho trizas lo que tanto nos costó construir. La Santa Cruz del futuro está en nuestras manos, es nuestro desafío y debemos construirlo nosotros mismos.
Paula Peña Hasbún |historiadora