En menos de 48 horas, el hombre conocido como el “chef de Putin” ha puesto en vilo a Rusia y el mundo entero con una serie de amenazas que lanzó a través de videos. Es un viejo conocido por las tácticas brutales que empleó durante bastante tiempo junto a un grupo mercenario, creado por él y al que llamó Wagner.
El viernes 23 de junio, el nombre de Yevgeny Prigozhin salió a la luz pública cuando acusó al ejército ruso de atacar un campamento de Wagner y matar a un "gran número de sus hombres. Por ello, aseguró que tomaría represalias con fuerza y que llegaría hasta Moscú.
Prigozhin tiene 61 años, nació el 1 de junio de 1961 en San Petersburgo. Estudió en un secundario y se destacó en esquí de fondo, deporte que practicó con su padrastro Samuil Zharkoy. Desde muy joven mantuvo problemas con la ley, fue procesado por reincidencia, asociación ilícita, fraude y reclutamiento de menores para someterlos al ejercicio de la prostitución.
Durante la época de la Unión Soviética fue condenado a 12 años de prisión. Cumplió nueve en una colonia penal y cuando salió, perdonado, el mundo había cambiado tras la caída de la URSS.
Cuando salió en libertad, Yevgeny se dedicó a la venta de hot dogs con su padrastro. Trabajó con un compañero de escuela, quien era propietario de una popular cadena de supermercados (Contraste) que con el paso del tiempo éste lo convirtió en copropietario del negocio. Este pasollevó a Yevgeny a abrir un negocio propio en 1996 llamado Antiguas Costumbres, que se convirtió en uno de los primeros restaurantes de élite en San Petersburgo.
A partir de ahí su negocio se extendió y le permitió abrir otros restaurantes junto a su socio Kirill Zilminov. En 1997 ambos compraron un barco, lo adaptaron y lo llevaron al río Nevá, donde inauguraron “Isla Nueva”. Este lugar pasó a ser el preferido por ricos, famosos y gran parte de la élite rusa donde llegó a conocer a Vladimir Putin.
En 2001, Putin agasajó al presidente francés Jacques Chirac. Prigozhin, uno de los dueños del restaurante, fue personalmente a llevarles los platos a los mandatarios. Desde entonces, comenzó una estrecha relación con Putin. Encantado con la comida y el servicio, el presidente ruso le encargó los banquetes del Kremlin en cada recibimiento de jefes de Estado, que le valieron el apodo de “chef de Putin”.
Desde aquel año, Yevgeny Prigozhin se convirtió en un oligarca rico al conseguir lucrativos contratos de catering con el Kremlin, lo que le valió el apodo de chef de Putin.
Entre 2013 y 2018, según denunció la Fundación Anti Corrupción (FBK), que fundó el preso político Alexei Navalny, Prigozhin se benefició con contratos gubernamentales por unos 3.100 millones de dólares.
Desde 2010 suministra alimentos a la Agencia para el Manejo de Emergencias; desde 2011, a las escuelas de Moscú; desde 2012, a las fuerzas armadas. Desde 2014 se ocupa de los servicios de limpieza de los establecimientos militares; desde 2015 también de las viviendas y los servicios comunales asociados a ellos. Desde 2016 se encarga de toda reparación en las instalaciones dependientes del Ministerio de Defensa.
Su transformación en un brutal jefe militar se produjo a raíz de los movimientos separatistas apoyados por Rusia en 2014 en el Donbás, en el este de Ucrania.
La estrella política de Prigozhin se disparó en Rusia tras la invasión total de Ucrania por parte de Moscú en febrero de 2022.
El nacimiento del grupo Wagner “El chef de Putin” fundó el grupo denominado Wagner que es conocido como una organización mercenaria en las sombras que luchaba en el este de Ucrania y, cada vez más, por otras causas que Rusia apoyaba en distintos lugares del mundo. Según el portal CNN, los mercenarios de Wagner operaron en la República Centroafricana, Sudán, Libia, Mozambique, Ucrania y Siria. A lo largo de los años, han adquirido una reputación especialmente truculenta y se les ha relacionado con diversas violaciones de los derechos humanos. Mientras que muchas tropas rusas regulares sufrieron reveses en el campo de batalla, los combatientes de Wagner parecían ser los únicos capaces de lograr avances tangibles. El Grupo Wagner se presenta como una “empresa militar privada”, pero en realidad se trata de una organización paramilitar respaldada por las fuerzas armadas rusas. Sus combatientes participaron en la ocupación ilegal de Crimea y en las batallas mucho más sangrientas en el este del país. Desde su fundación hasta el día de hoy, los mercenarios de Wagner son conocidos por sus despiadadas violaciones a los derechos humanos en zonas de conflicto de todo el mundo. “En su brutal defensa del régimen de Al Assad en Siria, los mercenarios de Prigozhin cimentaron su reputación como los oscuros ejecutores de Putin, llevando a cabo misiones que el ejército ruso no llevaría a cabo abiertamente, o no podría hacer en absoluto”, señala el OCCRP en su informe. El grupo también aplica la misma crueldad con los propios. Muchos de sus combatientes son convictos que, a cambio de ganar su libertad, son enviados a los campos de batalla. Aunque las empresas de mercenarios son técnicamente ilegales según la Constitución rusa, lo cierto es que se han convertido en un componente clave de la estrategia de “guerra híbrida” que viene llevando a cabo Moscú y ofrecen al jefe de estado ruso un medio con el que “ejecutar sus objetivos políticos y hacer avanzar los intereses de seguridad nacional rusos en todo el mundo”, de acuerdo a un informe del Centro para los Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS). Los mercenarios del Grupo Wagner han sido acusados de haber perpetrado ataques contra barrios residenciales, así como de ejecutar a civiles cerca de Kiev. De hecho, durante los primeros días de la invasión, el gobierno de Volodimir Zelensky denunció que Putin envió a sus mercenarios para “asesinar” al presidente ucraniano y a su familia. Las amenazas En un video especialmente sombrío de principios de mayo, Prigozhin aparecía junto a una pila de combatientes de Wagner muertos y apuntaba específicamente al ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu, y al jefe de las fuerzas armadas rusas, el general Valery Gerasimov. La sangre aún está fresca, decía, señalando los cadáveres a su espalda. Vinieron aquí como voluntarios y están muriendo para que ustedes puedan sentarse como gatos gordos en sus oficinas de lujo. Putin preside lo que a menudo se describe como un sistema de corte, donde las luchas internas y la competencia entre las élites se fomentan de hecho para producir resultados, siempre que la vertical del poder permanezca leal y responda ante el jefe del Estado.