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Las preguntas que deja el caso Pelicot sobre las fantasías porno y el deseo masculino

Lunes, 23 de diciembre de 2024 a las 13:31
"Simplemente no hay suficiente educación sobre la diferencia entre recrear una fantasía que implica una pseudoviolación y una versión completamente no consentida de la misma", argumenta Suzanne Noble
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Advertencia: Esta historia contiene descripciones de abuso sexual.

Durante casi una dcada, el esposo de Gisle Pelicot la haba estado drogando en secreto e invitando a hombres que conoca por internet para que tuvieran relaciones sexuales con ella, su Bella Durmiente, en el dormitorio conyugal mientras l los grababa en video.

Estos desconocidos, cuyas edades iban de los 22 a los 70 aos, y cuyas ocupaciones incluan bombero, enfermero, periodista, alcaide de prisin y soldado, siguieron las instrucciones de Dominique Pelicot. Tal era su deseo de un cuerpo femenino sumiso para penetrar, que mantuvieron relaciones sexuales sin reparos con una abuela jubilada cuya figura, estando fuertemente sedada, se asemejaba a un mueco de trapo.

Haba 50 hombres en el tribunal, todos viviendo en un radio de 50 km de Mazan, un pequeo pueblo en el sur de Francia donde vivan los Pelicot. Al parecer, eran como cualquier otro hombre.

Una mujer de unos 30 aos me dijo: Cuando le sobre esto por primera vez, no quise estar cerca de ningn hombre durante al menos una semana, ni siquiera de mi prometido. Me horroriz por completo.

Otra mujer, de casi 70 aos, tan cercana a la edad de Gisle Pelicot, no poda dejar de pensar en lo que podran albergar las mentes de los hombres, incluso las de su esposo e hijos. Es esto solo la punta del iceberg?.

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Dominique Pelicot fue condenado a 20 aos de prisin, la pena mxima para el delito de violacin en Francia.

Como escribi la doctora Stella Duffy, de 61 aos, autora y terapeuta, en Instagram el da en que se dict el veredicto: Espero y trato de creer en #notallmen (no todos los hombres), pero imagino que las esposas, novias, mejores amigas, hijas y madres del pueblo de Gisle Pelicot tambin pensaban eso. Y ahora saben que no es es as. Cada mujer con la que hablo dice que este caso ha cambiado la forma en que ve a los hombres. Espero que tambin haya cambiado la forma en que los hombres ven a otros hombres.

Ahora que se ha hecho justicia, podemos mirar ms all de este caso monstruoso y preguntarnos: de dnde provino el comportamiento cruel y violento de estos hombres? Acaso no podan ver que el sexo sin consentimiento es violacin?

Pero tambin hay una pregunta ms amplia. Qu dice sobre la naturaleza del deseo masculino el hecho de que tantos hombres en un rea relativamente pequea compartieran esta fantasa de dominacin extrema sobre una mujer?

Cmo internet cambi las normas

Es difcil imaginar la escala de violaciones y abusos sexuales orquestadas contra Pelicot sin la existencia del internet.

La plataforma en que Dominique Pelicot buscaba hombres para violar a su esposa era un sitio web francs no moderado -que ahora ha sido cerrado- y que facilitaba la reunin de personas con intereses sexuales compartidos, sin restricciones, mucho ms de lo que habra sido posible en la poca anterior a internet.

Uno de los abogados de Pelicot compar la web con un arma homicida, diciendo al tribunal que sin ella el caso nunca habra alcanzado tales proporciones.

Pero internet tambin ha contribuido a cambiar poco a poco la actitud ante el sexo consentido y no abusivo, normalizando lo que antes muchos consideraban extremo.

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Gisle Pelicot renunci a su derecho al anonimato y se convirti en un smbolo contra la violencia sexual.

En la transicin entre las antiguas revistas para adultos y pelculas erticas compradas en turbias tiendas de sexo del barrio londinense Soho y los sitios web modernos como PornHub, que solo en enero de 2024 tuvo 11.400 millones de visitas mviles a nivel mundial, los lmites de la pornografa se han expandido enormemente.

La incorporacin de actividades cada vez ms extremas o de nicho aumenta las expectativas, por lo que el sexo convencional puede volverse algo mundano.

Segn una encuesta realizada a usuarios en lnea de Reino Unido en enero de 2024, casi 1 de cada 10 encuestados, de entre 25 y 49 aos, inform ver pornografa casi todos los das, siendo la gran mayora de ellos hombres.

Daisy, una graduada universitaria de 24 aos, me cont que la mayora de las personas que conoce ven pornografa, incluida ella misma. Prefiere usar un sitio feminista cuyos filtros de bsqueda incluyen trminos como apasionado y sensual, adems de rudo. Sin embargo, algunos de sus amigos varones dicen que ya no ven pornografa porque no podan disfrutar del sexo despus de haber visto demasiada pornografa cuando eran solo nios.

Un estudio de 2023 realizado para la comisionada de la infancia de Inglaterra, Rachel de Souza, revel que una cuarta parte de los jvenes de entre 16 y 21 aos vieron pornografa en internet por primera vez cuando an estaban en la escuela primaria.

En ese momento, De Souza afirm que el contenido para adultos al que los padres pudieron haber accedido en su juventud podra considerarse anticuado en comparacin con el mundo actual de la pornografa en lnea.

El porno realmente moldea las actitudes?

Los nios que ven porno de manera habitual en sus telfonos antes de la pubertad, inevitablemente crecen con expectativas sexuales distintas de las que despertaba la revista Playboy en el siglo XX.

Si bien no se ha establecido una relacin de causalidad directa, hay evidencia sustancial de una asociacin entre el consumo de pornografa y actitudes y comportamientos sexuales nocivos hacia las mujeres.

Segn una investigacin gubernamental anterior a la pandemia del covid-19, hay pruebas de que el consumo de pornografa est asociado con una mayor probabilidad de desear o participar en actos sexuales vistos en pornografa, as como una mayor probabilidad de creer que las mujeres quieren participar en estos actos especficos.

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Uno de los abogados de Pelicot compar la web que us su exmarido con un arma homicida.

Algunos de estos actos pueden contemplar comportamientos dominantes y agresivos tales como bofetadas, asfixia, arcadas y escupitajos. Daisy me dijo: La asfixia se ha convertido en algo normal, rutinario, esperado, como los besos en el cuello. A la ltima persona con la que sal, le dije desde el principio que no me gustaba la asfixia y l estuvo bien con eso.

Pero ella cree que no todas las mujeres se atreven a decirlo. Segn mi experiencia, la mayora de los hombres no quiere que una mujer sea dominante en el cuarto. Ah es donde quieren tener el poder".

Cuarenta aos mayor que Daisy, Suzanne Noble ha escrito sobre sus propias aventuras sexuales y ahora tiene un sitio web y un podcast llamado Sex Advice for Seniors (consejos sobre sexo para mayores). Ella cree que la disponibilidad de porno que muestra fantasas de violacin normaliza un acto que tiene sus races en la violencia y presenta la violacin como una actividad que las mujeres desean.

"Simplemente no hay suficiente educacin sobre la diferencia entre recrear una fantasa que implica una pseudoviolacin y una versin completamente no consentida de la misma, argumenta.

De pequeos anuncios a la vida real

As como internet sac la pornografa de las callejuelas y la llev a los dormitorios, tambin ha facilitado el acceso a eventos en la vida real. Anteriormente, las personas interesadas en, por ejemplo, el S&M (sadomasoquismo) podan conectarse a travs de pequeos anuncios en la parte trasera de revistas de contactos, utilizando los buzones de oficinas postales en lugar de enviar correspondencia a sus propios hogares. Era una forma muy lenta y ardua de organizar un encuentro sexual. Ahora es mucho ms fcil conectarse con esos grupos en lnea y luego planear encuentros en persona.

En Reino Unido, se ha vuelto comn encontrar el amor y las relaciones a travs de aplicaciones de citas y tambin es ms fcil conectarse con personas que desean probar ciertas preferencias sexuales, gracias a una gran variedad de aplicaciones sociales como Feeld, diseada para que las personas exploren deseos fuera de los esquemas tradicionales.

Su glosario en lnea incluye una lista de 31 deseos, como poliamor, bondage (prctica que puede implicar atar, sujetar o restringir de manera consensuada a la pareja) y sumisin.

Albertina Fisher es una terapeuta psicosexual en lnea que, en el ejercicio de su trabajo, habla con sus clientes sobre sus fantasas sexuales. No hay nada de malo en tener una fantasa sexual; la diferencia es si la fantasa se convierte en comportamiento sin consentimiento, explica.

Ella me dice que las fantasas masculinas y femeninas son diferentes, pero a menudo incluyen sumisin y dominacin. Lo importante acerca de preferencias sexuales como el BDSM (bondage, disciplina o dominacin, sadismo y masoquismo) es que sean seguras, racionales y consensuadas. Lo que dos personas quieran hacer juntas est perfectamente bien. Destaca que esto solo aplica cuando ambas partes consienten.

Todo esto, por supuesto, est completamente separado del caso Pelicot. Eso es violencia sexual, dice. Y es extremadamente angustiante que algo as pueda ocurrir dentro de lo que pareca ser una relacin amorosa. Actuar una fantasa sin consentimiento es una forma extrema de narcisismo.

Cuando la pareja est incapacitada, todas sus necesidades son negadas. As es que tienes la fantasa de una mujer de la que no tienes que preocuparte por complacer.

Preguntas sobre el deseo

Un aspecto clave y problemtico de toda la cuestin de la fantasa es el deseo. En la era postfreudiana, se ha convertido en una verdad comn que los deseos no deben ser reprimidos. Gran parte de la teora de la liberacin de los aos 60 subrayaba la autorrealizacin a travs de la realizacin del deseo sexual.

Sin embargo, el deseo masculino se ha convertido en un concepto cada vez ms debatido, entre otras cosas por las cuestiones de poder y dominacin que a menudo estn entrelazadas en l.

Los hombres que fueron juzgados en el caso Pelicot tuvieron dificultad para verse a s mismos como perpetradores. Algunos argumentaron que asuman que Gisle Pelicot haba consentido o que estaban participando en un juego sexual libertino. Tal como lo vean muchos de ellos, simplemente estaban persiguiendo sus deseos.

Existe una oscura lnea divisoria donde una forma muy bsica de deseo heterosexual masculino (o el impulso primitivo de tener sexo con una mujer, o mujeres, de la manera ms sencilla) puede convertirse en un esfuerzo compartido, creando un espritu de superacin de lmites que puede prestar poca atencin o cuidado a la experiencia femenina.

Esto quiz explique por qu una actriz de OnlyFans, Lily Phillips, atrajo recientemente una enorme fila de participantes en su intento de tener sexo con 100 hombres en un solo da.

La tendencia a objetivizar a las mujeres puede, en algunos casos, desarrollarse en un deseo de aniquilar por completo la cuestin del deseo femenino, por no hablar de la libertad de eleccin de las mujeres.

Obviamente, el deseo masculino toma muchas formas, la mayora de ellas de una naturaleza completamente saludable, pero tradicionalmente ha estado limitado por normas culturales. Ahora esos lmites han cambiado radicalmente en Reino Unido y en otras partes del mundo occidental. Y la conviccin subyacente de que la realizacin del deseo es un acto de autoliberacin constituye una combinacin potente y a ratos inquietante.

El atractivo de Andrew Tate

Andre de Trichateau, un terapeuta basado en South Kensington, Londres, sac a relucir el atractivo de influencers masculinistas como Andrew Tate, un autoproclamado misgino, que tiene 10,4 millones de seguidores en X.

Trichateau dice que se ha encontrado con hombres que se sienten degradados y desplazados por el auge del feminismo. Algunos hombres no saben quin ser, afirma. Los hombres son socializados para ser dominantes, pero tambin se espera que estn en contacto con sus emociones, que sean capaces de mostrar vulnerabilidad.

Esta confusin puede llevarles a la ira, dirigida al movimiento feminista, y (a su vez esto puede llevarles a seguir a) personas como Tate.

Con un 60% de clientela masculina, Trichateau observa que los hombres pueden ser socializados para considerar el poder y la dominacin como parte de su identidad.

No se trata de justificar nada parecido al caso Pelicot, prosigue, pero objetivamente veo que ese comportamiento es una va de escape de la impotencia y la inadecuacin. Es tentador y prohibido.

El caso es inquietante porque muestra los extremos a los que llega la gente.

Tambin seal que los grupos en lnea como el que utiliz Pelicot pueden ser muy poderosos. En un grupo te aceptan. Las ideas se validan. Si una persona dice que est bien, todo el mundo le sigue la corriente.

Muchas de las conversaciones durante y desde el juicio de Pelicot se han centrado en cmo distinguir entre sexo consentido y no consentido, y en si debera definirse mejor en la ley, pero el problema es que lo que implica el consentimiento es una cuestin compleja.

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Desde el inicio del juicio, el caso de Gisle Pelicot puso en el centro de la discusin el tema del consentimiento sexual.

En opinin de Daisy, de 24 aos, algunas mujeres de su edad tienden a seguir las preferencias sexuales de los hombres sin tener en cuenta sus propias sensaciones. Creen que algo es sexy si el hombre con el que estn piensa que es sexy.

As pues, si los hombres heterosexuales en particular se inspiran cada vez ms en la pornografa para sus preferencias sexuales, se plantean nuevas preguntas sobre la forma cambiante del deseo masculino. Y si las mujeres jvenes pueden sentir que el precio de la intimidad es estar de acuerdo con esos deseos, por extremos que sean, entonces podra decirse que el consentimiento no es una cuestin de blanco o negro.

En ltima instancia, puede que haya un alivio generalizado porque el caso Pelicot haya terminado y se haya hecho justicia, pero deja tras de s an ms preguntas, preguntas que, en el espritu de una mujer francesa asombrosamente fuerte, quiz sea mejor debatir abiertamente.

*Louise Chunn es fundadora de la plataforma de bsqueda de terapeutas Welldoing y exeditora de la revista Psychologies

BBC

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