Las polémicas declaraciones del papa pidiendo a Ucrania que tenga el coraje de izar la bandera blanca y negocie con Rusia han sacado a la luz las incoherencias del mensaje diplomático del Vaticano.
En una entrevista a la televisión suiza RTS difundida el sábado, el papa argentino de 87 años invitó a Ucrania a izar la bandera blanca y negociar (...) antes de que las cosas empeoren.
Un papa que habla mucho
A diferencia de sus predecesores que tenían una cultura de diplomacia occidental, el papa argentino tiene una visión no europea, con ventajas pero también limitaciones, dice a la AFP François Mabille, director del Observatorio Geopolítico de lo Religioso en el Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (Iris) de París.
El vaticanista italiano Marco Politi apunta que Francisco está diplomáticamente aislado en el área de la OTAN.
Además Francisco es un papa que habla mucho, incluso a la prensa, multiplicando los riesgos, señala Mabille. Es más un papa militante que un papa jefe de Estado, como habíamos visto hasta ahora, apunta el investigador.
El pontífice, criticado a veces por ejercer el poder en solitario, maneja su propia comunicación, por lo que hay una especie de disociación entre la palabra pontificia y la palabra del aparato diplomático.
Un ejemplo de ello es cuando en agosto de 2023 Francisco invitó a jóvenes católicos rusos a reclamar la herencia de la Gran Rusia de Pedro el Grande y Catalina II.
Ucrania lo acusó entonces de transmitir propaganda imperialista desde Moscú, lo que obligó a la Santa Sede a rectificar.
El papa, que reza todas las semanas por la Ucrania martirizada, intenta mantener un frágil equilibrio diplomático en este conflicto que ya ha socavado el diálogo con la Iglesia ortodoxa rusa y su líder, el patriarca Cirilo, cercano a Putin.
El papel de mediador de la Santa Sede, que fue clave entre otros en el acercamiento en 2014 entre Cuba y Estados Unidos, parece impotente en el caso de Ucrania y de otros conflictos actuales.
Además de los llamamientos del papa, que no han tenido ningún efecto, la gira diplomática de su enviado, el cardenal italiano Matteo Zuppi, pasó desapercibida a pesar de su paso por Washington, Kiev, Moscú y Pekín.
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