El pozo al que cayó el pequeño Rayan no es solo un agujero en la tierra. Es el intento frustrado de alcanzar un sueño tan sencillo como tener agua, en una región falta de oportunidades donde los lugareños no tienen ni para llevar a sus hijos al colegio.
En las montañas del Rif de Marruecos, al norte del país, Rayan creció jugando a las canicas, al fútbol y estaba aprendiendo a montar en bici, pero huía de los juegos electrónicos. Los móviles no le atraían ni le gustaba que le hicieran fotos. Hace siete años, dos antes de que naciera y cuando ya vivían su hermana Loubna, de 13 años, y su hermano Badar, de 11, su padre decidió buscar la tan ansiada agua a unos metros de su casa. Invirtió 4.000 euros, excavó un pozo de 60 metros y no encontró lo que buscaba. "Solo en nuestro terreno se han perforado trece pozos, se han invertido 51.000 euros y solo dos han dado agua, explica hoy Said, de visita en una de las casas desperdigadas por las montañas, a solo cien metros de la de Rayan.
Funeral
Según ha asegurado Abderrahim Bouazza, diputado de la provincia de Chefchaouen, a la agencia AFP, el funeral del pequeño Rayan tendrá lugar mañana lunes. De momento no se ha filtrado información oficial sobre una posible autopsia, aunque el cuerpo del niño de 5 años fue llevado al hospital militar de Rabat.