Testigo silencioso del bullicio y los juegos de los estudiantes del Nacional Florida por más de un siglo. Por su lado pasaron el poeta Raúl Otero Reiche y el compositor Nicolás Menacho, primero como estudiantes y después como maestros, por citar solo dos de las muchas personalidades cruceñas que alguna vez estuvieron bajo su sombra.
Ya era grande cuando a principios del siglo XX y a pocos metros de él se jugaban los primeros campeonatos oficiales del fútbol cruceño y era un referente ineludible de la ciudad cuando, debajo de él, un grupo de muchachos dio vida al club Real Santa Cruz a principios de los años 60. Nadie sabe exactamente su edad, pero se estima que tiene cerca o más de 200 años de vida. El árbol de cupesí de la calle Moldes y Chuquisaca es y ha sido parte de la historia cruceña.
“Cuando el edificio del colegio Nacional Florida se inauguró, a fines de la segunda década del siglo XX el cupesí ya estaba igualingo y ese no es un dato menor, porque para que tenga ese grado de corteza con esas características de acumular tierra y un montón de materia orgánica que posibilita la convivencia con decenas de especies epífitas es por efecto de los años, así es que no me extrañaría que tenga unos 200 años”, comenta el investigador e historiador Carlos Cirbián, que tiene una importante colección de fotos antiguas de Santa Cruz de la Sierra y en varias de las imágenes de las primeras décadas del siglo XX aparece retratado el peculiar árbol, en lo que para entonces era el extremo sur de la ciudad, porque más allá solo había monte.
Cirbián cuenta que, a metros de él, detrás de lo que luego fue el hotel Asturias, estaba la Cancha Suska, que en los años 20 y hasta antes de la Guerra del Chaco fue el escenario de los campeonatos oficiales del fútbol cruceño, en tiempos en los que el equipo Franco Jugadores, lo ganaba casi todo. El desaparecido historiador Aquiles Gómez Coca recordaba que ya en Santa Cruz de antaño era un referente “Frente al cupesí, era una señal más en las referencias que daba la gente de esos tiempos cuando se refería al Tambo Brunó, (o Bruneau)”, escribió Gómez.
Un árbol necesario
Años atrás el Colectivo Árbol tomó la iniciativa de hacer un relevamiento de los árboles más antiguos de la ciudad e identificarlos con una pequeña placa y en esa tarea estuvo el botánico Alcibiades Alejandro Angulo, que cuenta que si bien no se pudo hacer un estudio de dendrocronología, que establece la edad del árbol, se pudo constatar por sus características externas, que el cupesí del Nacional Florida supera los 100 años de vida y no sería extraño que llegue a los 200 años. Antes su nombre científico era Prosopis chilensis, pero gracias a unos estudios genéticos recientes, ahora se llama Nebultuma chilensis y es de amplia distribución en Bolivia. Se lo puede encontrar de manera natural en seis departamentos del país. No es endémico de Bolivia y hay también en Perú, Chile y Argentina.
Angulo explica que el antiguo cupesí de la calle Moldes es un Forofito, término con el que se conoce a los árboles que reúnen condiciones para servir de hogar a otras especies, desde el punto de vista ecológico, son un ecosistema de alto valor funcional. “El día que se pierde un Forofito no se puede reemplazar, porque lo que se pierde no es un árbol, sino todo un ecosistema, porque desde el punto de vista ecológico funcionan como unidades, como un todo. Si usted lo pierde hay muchas otras especies que se pierden con él. Por más que se planten cien nuevos cupesís no se va a recuperar lo que se ha perdido”, sostiene el botánico.
Por ejemplo, cita Angulo, en la corteza del cupesí del Nacional Florida viven las especies Nigüa (Rhipsalis baccifera), Clavel del aire (Tillandsia didisticha), Güembe de tronco (Anthurium plowmanii) y la Pitajaya silvestre (Selenicereus setaceus).
Hay que protegerlo
Así como a las personas de edad avanzada, así también se deben cuidar con más empeño los árboles más antiguos que tiene la ciudad, explica Angulo “Hay que hacerle prácticamente un carnet a él y a todos los árboles longevos de la ciudad para que tengan periódicamente una revisión fitosanitaria, que es equivalente a una revisión médica. Es decir, los encargados de la Alcaldía que conozcan el manejo de plantas o de árboles pueden revisarlo periódicamente, hacerle monitoreos, tratarlo como un ser vivo que merece atención”, aconseja el botánico, que también sugiere que se haga una rejilla protectora para evitar que sirva de urinario y evitar que sea dañado por los autos que parquean muy cerca de él.
Inspiración
El más que centenario cupesí ha sido también fuente de inspiración para dos campañas que ha realizado el Colectivo Árbol en 2021. Una acerca de la vida secreta de los árboles y la otra para concienciar acerca de la importancia del cordón ecológico. Monserrat Contreras fue la encargada de coordinar las campañas a través de láminas pedagógicas que todavía se pueden ver en la cuenta de Facebook de la organización.
“Desarrollamos un personaje el Abuelo Cupe, inspirado en el cupesí del Nacional Florida. El abuelo narra y da información que la gente puede entender”, explica Contreras, que destaca que el viejo árbol sigue siendo uno de los íconos históricos de Santa Cruz. Indudablemente este árbol centenario es también parte de la identidad cruceña que hay que cuidar.
Recuerdos
El mítico Cupesí del Florida
Aquiles Gómez Coca*
Compañero inseparable de la esquina del famoso y recordado Colegio Nacional Florida. Allí estaba el frondoso ejemplar, cuando la compañía constructora “Tomelic-Skiljan” construyó el colegio en la segunda década del siglo pasado. Pues en aquellos años ya era una señal más en las referencias que daba la gente de esos tiempos cuando se refería al Tambo Brunó, antigua fundición y herrería de Ferrier y Brunó, donde se hacían los ejes de carruajes y carros chiquitanos, donde se “enllantaban” las ruedas de carros y carretones, donde se hacían las chapas y llaves hechizas de este pueblo que supo valerse de sus propios recursos y habilidades.
En el patio del referido tambo, también se fabricaron las armellas, tiradores y picaportes, se herraron a los silloneros y bestias de carga, todo eso, se trabajaba en las postrimerías del siglo pasado y allí estaba el árbol de nuestra referencia, joven luciendo su verde esmeralda en cada primavera y completando los adoquines que cruzaban la calle del tambo al colegio más completo de su época.
Fue testigo silencioso de todas las generaciones de bachilleres y estudiantes del Florida, su sombra mañanera, se prodigó para que allí en el aula de la esquina, don Mario Sandoval Saavedra dictara y explicara sus imborrables lecciones de la escuela de Kant, de Platón y Aristóteles….Allí cabecearon los “escolásticos” y durmieron los medievales, bajo la voz pausada del hombre de los silogismos y tendencias….Por esa misma aula, también pasó nuestro recordado Míster Melgar, el caballero elegante y de gentil figura y lo propio hizo, el maestro admirador de Tirso de Molina, de la Ilíada y de los más bellos poemas de todos los tiempos, como fue el recordado Víctor Quinteros, profesor de literatura y otras greguerías.
¡Oh mi viejo cupesí! …., cuantos recuerdos se escribieron a la sombra de sus ramajes cundidos de quinachis y pitajayas!...Cuantos idilios truncos del ayer los contemplaste como testigo mudo y centenario!...Te has vuelto viejo; pero tus años son sabios porque conocen parte de la historia de este pueblo, como también el pueblo te conoce a vos.
* Historiador, archivero y escritor (1932-1994) Extraído del libro “¡Qué tiempos aquellos de mi viejo Santa Cruz!” (2008) Editorial Fundación Nova. Santa Cruz de la Sierra-Bolivia.
Foto: Archivo personal del historiador e investigador Carlos Cirbián.