Hay películas que, sin importar cuánto tiempo haya pasado, merecen volver a la pantalla grande. Tal es el caso de Star Wars: Episode III – Revenge of the Sith, que este 24 de abril regresa a los cines nacionales con motivo de su 20 aniversario.
Pero más allá de la nostalgia o el fenómeno cultural que siempre representa Star Wars, vale la pena preguntarse: ¿por qué volver a ver este episodio en específico, dos décadas después de su estreno?
La venganza de los Sith no sólo cierra la trilogía de precuelas, sino que marca el punto de inflexión más doloroso en toda la saga: la caída de Anakin Skywalker al lado oscuro y el nacimiento de Darth Vader. A diferencia del tono más aventurero de The Phantom Menace o la carga romántica y política de Attack of the Clones, el Episodio III abraza por completo la tragedia. No hay espacio para finales felices.
George Lucas construyó esta entrega como una ópera épica con tintes shakesperianos. El protagonista, impulsado por el miedo a la pérdida, la manipulación del poder y una visión distorsionada del deber, termina por traicionar todo lo que alguna vez defendió. La ejecución de la Orden 66, la aniquilación de los Jedi y el duelo final entre Anakin y Obi-Wan en Mustafar son secuencias cargadas de simbolismo, emoción y una oscuridad que no tiene precedentes en la saga.
Todos los anteriores son momentos que cualquier warsie de corazón atesora todos los días y que sin duda pagaría por ver de nuevo en la pantalla grande. Volver a verla en el cine permite, además, apreciar su dimensión visual y sonora como debe ser: en pantalla gigante y con un equipo de sonoro decente.
La fotografía, los efectos especiales —sorprendentemente vigentes— y la partitura espectacular e icónica de John Williams son una experiencia inmersiva que trasciende la pantalla. La película estará disponible en 4D en algunas salas de Cinépolis, por lo que esta tragedia intergaláctica cobrará vida con vibraciones, movimiento y estímulos sensoriales que intensifican los momentos más dramáticos. Algo que hace 20 años no existía en México.
Más allá del espectáculo, Revenge of the Sith también es una película política. El ascenso de Palpatine al poder absoluto bajo la excusa de una crisis bélica es un comentario sobre cómo las democracias pueden convertirse en dictaduras si el miedo gana terreno. En los tiempos actuales, su discurso resulta inquietantemente vigente y necesario.
El regreso de esta cinta también es una oportunidad para una nueva generación de fans que no pudo verla en su estreno original. Hoy, con el universo de Star Wars expandido a través de series como Ahsoka y The Mandalorian, el Episodio III cobra aún más sentido narrativo y emocional. Es el puente que une la caída de los Jedi con la rebelión, el eslabón que da contexto a personajes clave y motiva la lucha por restaurar el equilibrio.
En definitiva, Revenge of the Sith no es solo un capítulo más de una saga. Es el momento en que todo se rompe. Y no hay mejor forma de revivirlo que en la sala oscura del cine, donde el eco del “It’s over, I have the high ground” todavía resuena con fuerza.