Precariedad. El agua del campo de juego del estadio de Real Santa Cruz fue sacada con vallas y venestas por funcionarios e hinchas del Club Blooming. El sistema de drenaje de este escenario no funcionó como se esperaba.
La venesta con la que se cubre el ingreso a la zona de los vestuarios sirvió como botagua, al igual que las vallas publicitarias. Los metales fueron empujados entre varias personas para intentar secar la cancha.
Los funcionarios de la academia fueron apoyados por los hinchas que bajaron desde las tribunas. Muchos de ellos, con camisetas del equipo cruceño, también tomaron palos con gomas para quitar el agua.
Inicialmente, el árbitro Gery Vargas indicó que la cancha no estaba en condiciones para la práctica del fútbol por los grandes charcos de agua. Emitió un informe verbal a los medios y se refugió en el vestuario.
Ante esa situación, Moisés Villarroel, capitán de Blooming y Carlos Lampe, de Bolívar indicaron que ambos planteles estaban dispuestos a jugar. Minutos después hubo una segunda inspección de la terna arbitral, que determinó dar luz verde al inicio del partido con una demora de más de una hora.