Bolivia fue local en Monterrey, pintó de verde las tribunas del estadio y alentó todo el partido. Su empuje también ayudó a la Selección a remontar para derrotar 2-1 a Surinam y clasificarse a la final del repechaje contra Irak.
Fácilmente hubo unas 15.000 personas en el Gigante de Acero. Fueron los protagonistas de la fiesta en la previa y durante el cotejo.
Bolivia, Bolivia, Bolivia se escuchó muchas veces.
Si la FIFA da una calificación al ensayo premundialista, debe ser buena como para mostrar lo que se vivirá en la Copa del Mundo.
Hubo en las tribunas residentes bolivianos en México, otros llegaron desde Estados Unidos. Bajo una misma bandera tricolor se unieron con quienes fueron desde Bolivia y los que hicieron el esfuerzo de llegar desde otros países.
Conmovedor fue cuando se entonó el Himno Nacional, jugadores, cuerpo técnico y aficionados se fundieron en un coro que hizo vibrar el estadio.
El aliento continuó con gritos cada vez que atacaba el equipo o cuando la pelota estaba en poder del equipo.
No bajó el ánimo luego del gol de Surinam Explotó el estadio primero con el golazo de Moisés Paniagua y después con el desnivel de Miguel Terceros.
Luego del 2-1 hasta el final el hincha se convirtió en un jugador más para liquidar el juego y celebrar este paso e ir con todo al juego decisivo.