Este 5 de septiembre se cumplen 36 años de la muerte del científico e investigador Noel Kempff Mercado, asesinado en la serranía de Huanchaca en medio de una expedición en la zona. Conocido por la investigación de la flora y fauna, y por ser un hombre visionario para su época, Santa Cruz conserva parte de su legado. El año pasado, EL DEBER, a través de la revista Extra, dedicó un especial sobre la vida de este ilustre cruceño. A continuación, un resumen de lo publicado para recordar su vida, su expedición, su deceso y la captura de algunos de los le quitaron la vida. ¿Quién era Noel Kempff Mercado? Noel Kempff Mercado nació el 27 de febrero de 1924 en Santa Cruz de la Sierra. Era hijo del médico alemán Francisco Kempff y de la cruceña Luisa Mercado. Tuvo cuatro hermanos, Rolando, Manfredo, Enrique y Nelly. Se casó con María Eddy Saucedo Justiniano y fue padre de Francisco Noel, Ana Bely, María Leny, Selva Lorena y Tania Isabel. Quienes lo conocieron coinciden en destacar su carácter sencillo, su honestidad, pero sobre todo, su espíritu curioso que lo llevó a profundizar en la flora y la fauna del oriente boliviano y a encarar otras investigaciones que lo convirtieron en el referente obligatorio de científicos nacionales y extranjeros. “Era un hombre ordenado y metódico. En investigación no se puede ser serio si no se hace notas y se es ordenado y él siempre iba apuntando las cosas. Era una persona extraordinaria de la cual no nacen muchas, porque unía a su sencillez su conocimiento, su disposición de ayudar, su capacidad de trabajo, su organización y su visión estratégica del futuro. La prueba es lo que dejó”, contó Castroviejo en 2011 a EL DEBER. Casi desconocido es que sus primeras publicaciones fueron de Geología. Una de ellas está dedicada a los yacimientos de mica en San Pedro, de la provincia Ñuflo de Chávez, y otra acerca de las características geológicas de Santa Ana de Velasco. Tiempo después (en los años 50) incursionó en la apicultura y se fue a vivir al campo. Algo poco convencional para una persona que había estudiado Contaduría, pero nada extraño para sus amigos y familiares, que conocían su interés en los bosques y la zona rural, que él tenía desde niño. Kempff terminó impartiendo las cátedras de apicultura, horticultura y jardinería en la Escuela de Agronomía de la capital cruceña. Durante siete años ayudó a formar una nueva generación de agrónomos. A la par, el naturalista empezó a publicar artículos de sus investigaciones acerca de las abejas. Desde la extracción de miel hasta trabajos realizados con abejas silvestres. Cerca de una treintena de artículos dedicó a este tema durante más de dos décadas. La semilla del explorador científico ya había germinado en él y empezó a viajar por el territorio nacional buscando nuevas especies de flora y fauna e interesándose en la vida silvestre de todo el país. Resultado de esas indagaciones fueron libros sobre Los ofidios de Bolivia, La flora amazónica de Bolivia y el de Aves de Bolivia, entre otros estudios, como el ‘mapa’ de las principales especies de peces del departamento. En 1965 fue nombrado proyectista y director del Jardín Botánico de Santa Cruz, actividad a la que dedico mucho tiempo y esfuerzo. Luego de la destrucción del primer jardín botánico en la riada de 1983, el investigador se dedicó a conseguir los terrenos y proyección de uno nuevo. No descansó en ese empeño hasta que se pudo concretar la iniciativa y hoy la ciudad cuenta con un jardín botánico camino a Cotoca. A él también se debe la arborización de las principales calles de la ciudad, ya que fue nombrado director de Parques y Jardines por la municipalidad y en su gestión se plantaron tajibos, toborochis, jacarandá y otras especies que han permitido a la capital cruceña tener árboles floridos todo el año. Más conocido fue su papel en la creación y dirección del zoológico cruceño. En su tiempo fue considerado por los especialistas como uno de los mejores y más completos de fauna sudamericana. El prestigio que había ganado hizo que en 1985 la Academia Nacional de Ciencias de Bolivia lo nombrara miembro de número. Incansable, como era, dedicó esfuerzos a gestionar la creación de los parques Amboró y Caparuch; este último hoy lleva su nombre y lo pensó como un proyecto binacional entre Bolivia y Brasil, para lo que estableció contactos con el doctor en botánica Paulo Windisch. Con más de 60 años seguía teniendo el mismo afán investigativo de joven y en cada viaje grababa los sonidos de aves y otros animales de la selva que, con su magnetófono, se dedicaba a recolectar. “Se levantaba a las 4:00 y a las 5:00 ya estaba dentro de la selva identificando las voces de las aves, los ruidos de los animales o mirando las huellas que ellos dejaban”, contó años atrás el documentalista Rubén Poma, que lo acompañó en varias de sus expediciones por la geografía cruceña. Así se gestó la expedición zoológica hispano boliviana En 1980 Noel Kempff Mercado realizó, junto a Günter Holzman, un viaje a lo que por entonces era el Parque Nacional Huanchaca, para explorar las cataratas del río Pauserna, una zona a la que se puede acceder solo en ciertas épocas del año. Luego de recolectar importantes datos de su flora y fauna presentó ante las autoridades el proyecto de creación del Parque Bi Nacional Caparuch, que abarcaría toda la zona de Huanchaca y la Serranía Ricardo Franco en el lado brasileño. La región, ubicada a 600 kilómetros al noreste del departamento de Santa Cruz y dentro de las provincias Velasco e Iténez, fue una de las que más impresionó al británico Percy Harrison Fawcett, que a principios del siglo XX fue contratado por el gobierno boliviano para establecer los límites con el Brasil. Fueron las descripciones de uno de los sitios del parque, lo que le serviría de material a su amigo, el escritor Arthur Conan Doyle, para escribir El mundo perdido, relato considerado un clásico de la literatura. En 1985 a través de gestiones del biólogo español José Cabot Nieves, Kempff propuso la idea de que un equipo hispano boliviano realizará una expedición zoológica con fines científicos a esa zona. “El empeño del profesor era dar a conocer los múltiples valores naturales del Parque, elaborar un plan de gestión del espacio protegido y acometer el estudio de sus recursos naturales. Acariciaba también la idea de convertirlo, en un futuro no muy lejano en reserva binacional, al objeto de hacer más efectiva su protección… Pensaba acertadamente que lo primero era realizar un inventario de sus ricas y desconocidas fauna y flora, y darlos a conocer”, cuenta Cabot Nieves, en el libro que dedicó a la frustrada expedición. Con el aval del director de Javier Castroviejo, director de la Estación Biológica Doñana, se pusieron en marcha las gestiones del proyecto, que se concretó a mediados de 1986. El 19 de agosto de ese año partía hacía el Parque Huanchaca la expedición de investigadores españoles y la contraparte boliviana, sin sospechar los dramáticos sucesos que luego ocurrieron el 5 de septiembre. Muerte y dolor en Huanchaca La mañana del último jueves de agosto de 2021, Julio Kempff, Marcelo Somerstein, Mario Áñez y Richard Parada se sientan alrededor de una mesa en EL DEBER. Desde Croacia, vía Zoom, espera Lorena Kempff. Estas cinco personas están unidas por un mismo recuerdo que revivieron en una extensa entrevista: el 5 de septiembre de 1986 las balas del narcotráfico pusieron fin a una expedición que se había iniciado apenas una hora antes. Una mafia asesinó a Noel Kempff Mercado, a Juan Cochamanidis y a Franklin Parada. La expedición El científico cruceño Noel Kempff Mercado había planificado durante dos años una expedición a un parque nacional que permanecía casi virgen. Una zona de cerros verdes, que entonces se conocía como Huanchaca y que estaba llena de especies de flora y fauna por descubrir. El territorio (actualmente Parque Nacional Noel Kempff Mercado) tiene una extensión de 550.000 hectáreas y está a 200 Km al norte de San Ignacio de Velasco. El plan era subir por un farallón y llegar a una meseta donde un grupo de biólogos y guías permanecería por lo menos 15 días. El estudio contaba con el apoyo de la Estación Biológica Doñana, de España, que había enviado naturalistas para colaborar en el trabajo de Kempff Mercado. Marcelo Somerstein era dueño del aserradero Moira, ubicado a 50 Km del parque nacional. Era buen amigo de Kempff Mercado y cuando supo de sus planes le ayudó en todo lo que pudo. A la meseta se podía llegar escalando a pie, pero sería difícil con todo el equipamiento que querían llevar (algunos biólogos ya habían subido por el farallón y sufrieron bastante). La mejor opción era hacerlo por aire. A cinco kilómetros del aserradero estaba la comunidad La Florida, donde había una pista de aviones. Somerstein les propuso a los investigadores que partieran desde ahí. “En el aserradero no queríamos tener una pista por los problemas que podría ocasionar con las actividades ilícitas”, menciona Somerstein. Esas actividades eran tanto el tráfico de madera como la producción de cocaína, que se sabía estaban desarrollándose por algunas zonas de ese extenso territorio. Un día, el entonces Centro de Desarrollo Forestal (lo que hoy día es la Autoridad de Bosques y Tierras) sobrevoló en helicópteros Huanchaca en busca de piratas de madera brasileños. Don Noel aprovechó la ocasión para pedir que una de las naves volara por donde quería instalar su campamento. “Cuando estaban por volver de esa inspección vieron una pista, pero el combustible no les dio para ir a verificarla. Esa era la famosa pista donde ocurrieron los hechos”, recuerda Somerstein. El profesor Kempff estaba contento de haber encontrado una pista de aterrizaje que le facilitaría las cosas. Su entusiasmo por iniciar el trabajo era superior a las sospechas de lo que podía pasar en aquel lugar. Su hija, Lorena Kempff, recuerda ese fervor que invadía a su padre, también menciona que el tema del narcotráfico por esos paisajes siempre estuvo presente: “Por esa época mi padre tuvo información de que la gente de la zona había sido alertada sobre una redada en busca de droga. Él se molestó, dijo que cómo era posible que hicieran ese tipo de operativos anunciándolos”, dice Lorena. “El aserradero estaba establecido ahí desde 1981. Del aserradero hasta donde ocurrieron los hechos había 140 Km. Nosotros oíamos volar avionetas todo el tiempo pero no les prestábamos atención porque en todo el oriente boliviano pasan avionetas”, acota Somerstein. La mañana del viernes 5 de septiembre había mucho movimiento en la pista de La Florida. 18 personas serían parte de la expedición. La avioneta que realizaría el primero de los viajes llevando a la gente hasta la meseta de Huanchaca estaba lista. Era una Cessna 206 monomotor perteneciente al Vicariato de San Ignacio de Velasco, el piloto era Juan Cochamanidis. En ese primer vuelo irían el guía Franklin Parada, el biólogo español Vicente Castelló y Noel Kempff Mercado. A las 10:00 partieron con una radio sin baterías (la de la avioneta no funcionaba). Esa fue la última vez que tuvieron contacto con ellos. La incertidumbre En un capítulo del libro La expedición zoológica hispano-boliviana a la serranía de Huanchaca, el doctor español José Cabot, amigo de Noel Kempff y quien organizó al grupo que llegó desde su país a Bolivia, describe lo que sucedía en La Florida mientras esperaban el regreso de ese primer vuelo: “A medida que transcurría el tiempo la inquietud aumentaba (…) Al oscurecer no había habido todavía ninguna novedad. Durante la espera se barajaron diversas conjeturas para explicar el retraso: que una rueda del aparato tal vez se podría haber pinchado, o que aunque desde el aire la pista parecía buena, al tomar tierra podrían haber encontrado termiteros o mucha vegetación, en cuyo caso Vicente y Franklin estarían tardando en limpiar el terreno para el despegue”.
Noel Kempff Mercado estudió la fauna y la flora del oriente boliviano
La Escuela Nacional de Ciencias lo nombró miembro en 1985
Noel Kempff Mercado en una de sus últimas fotografías, recorriendo el parque que hoy lleva su nombre
La enseñanza y formación de agrónomos fue otra pasión de don Noel Kempff Mercado