Santiago de Chiquitos se envolvió de magia, aquella que solo los duendes y las hadas del arte pueden generar. Era una conjunción de manifestaciones que llegan al alma con la presencia de guardaparques, bomberos forestales y activistas. Todos unidos para conservar la naturaleza, especialmente en el Bosque Seco Chiquitano y el valle de Tucabaca.
Eso fue el festival ConserVarte, que se realiza desde el año 2015 y que, año tras año, busca despertar conciencias con la esperanza de que en los meses siguientes no se repitan los incendios que devoran fauna y flora, y que además aceleran el deterioro de la calidad de vida de los humanos.
Santiago de Chiquitos es un hermoso pueblo chiquitano, parte de las Misiones Jesuíticas. Está a poco más de seis horas de Santa Cruz de la Sierra. Es un pequeño tesoro para el turismo porque allí se encuentra el Valle de Tucabaca y el mirador, que es un paseo obligatorio. También tiene caídas de agua, pinturas rupestres y una variada riqueza que fascina a los visitantes, que llegan desde dentro y fuera de Bolivia.
El festival ConservArte nació como una iniciativa de Steffen Reichle, un alemán que ya es chiquitano hace un par de décadas. Es dueño del hotel Churapa y marca los latidos de este festival. Halló una contraparte entusiasta en el Centro para para la Participación y el Desarrollo Humano Sostenible (Cepad), a la cabeza de Rubens Barbery. Hay un equipo de 150 personas que se comprometen con la causa y permiten que el arte fluya en un continuo artístico y de conservación que es inigualable.
} data-plugin-id="facebook">Las calles, casi siempre tranquilas de Santiago, estaban vestidas de actividades de todo tipo. Escultores en madera y metal llegaron desde Chile, Bolivia y Argentina para crear obras con mensajes potentes de conservación. Hubo talleres tan variados que había desde pintura de máscaras de los Abuelos, elaboración de peluches con forma de animales en peligro de extinción, escultura en arcilla hasta los que permitían aprender cómo crear contenidos. Porque todos los que llegaron forman parte de la estrategia de amplificar los mensajes de conservación y amor por el medioambiente a través de sus redes sociales.
Un grupo de niños recorrió las calles con ritmos de la zona /Fotos: Cepad y Mónica Salvatierra La apuesta de Churapa y del Cepad es más alta cada año. Y por manifestaciones artísticas no se quedaron cortos: hubo teatro, artes plásticas, videos, conferencias, exposición de trabajos de los pueblos originarios, así como de los esfuerzos de bomberos y guardaparques. Hizo frío y la humedad estaba muy intensa, pero nada impidió que la noche del sábado se haga magia con la música. El violín de Gustavo Orihuela se combinó a la perfección con el piano de Diego Ballón y otros músicos que ofrecieron un concierto de lujo. Fiesta Cuetillo generó un alegre desorden que puso a todos a bailar; mientras que Hot Sugar, con la bella voz de Carla María Vaca Díez fue el broche de oro de una jornada intensamente creativa. La iglesia fue el escenario de un mappin} data-plugin-id="facebook"> Escultores Alfredo Benítez llegó del sur de Chile. Llegó con sus herramientas para tallar y tuvo el privilegio de darle forma al tronco de un árbol que se había caído y estaba condenado a morir. En cuanto pisó Santiago se enteró de quién es el Jichi (conocido como un guardián del bosque y de la naturaleza. Con sus manos de artista le dio forma de un duende, capaz de cuidar no solo el Bosque Seco Chiquitano, sino la naturaleza de toda la humanidad. Estuvo dos días con motosierra, cincel y otros instrumentos. Su obra quedó terminada el domingo y deja un claro mensaje en la plaza del pueblo. Estos escultores llegaron de Chile y en dos días tallaron un tronco para dar lugar al Jichi que cuida el planeta Tierra Más adelante, tres cordobeses tenían equipos de soldadura, que manipulaban con destreza para dar forma a un pájaro endémico de la zona. Llegaron por primera vez y aseguraron que no será la última. Estaban felices de apoyar con su arte al Festival y a la conservación de la naturaleza. En la noche del sábado, todos los visitantes se concentraron en el hotel Los Tajibos, donde se armó un cine y se proyectó dos documentales: Más allá del fuego, reflejando el intenso trabajo de los bomberos y alertando sobre nuevos desastres. Juan Carlos Crespo pintó la ansiada lluvia El segundo fue Tigre Gente, un video que refleja dos cosas: la sacrificada y apasionada vida de los guardaparques, que dejan la piel cuidando las áreas protegidas. Y, en segundo lugar, el video hace seguimiento al contrabando de colmillos de jaguar y cómo se comercializada. Una obra magistral que resume tanto en tan poco tiempo. Una veta de turismo Santiago de Chiquitos pertenece al municipio de Roboré. En este lugar está el mirador del Valle de Tucabaca: el bosque seco chiquitano. A medida que se va escalando, se pueden observar plantas endémicas y se escucha el sonido de animales únicos. Desde este lugar se observa un océano verde que está amenazado por avasallamientos de colonos y menonitas, cuyas huellas pueden verse desde las alturas. En Roboré, a pocos kilómetros, hay pinturas rupestres que tienen una antigüedad de miles de años. Estar allí sobrecoge, porque se refleja el caminar del ser humano que ha permitido llegar a este siglo XXI, en el que la Inteligencia Artificial ya tiene presencia imprescindible. Más hacia el este, los turistas tuvieron la experiencia de llegar a Aguas Calientes. Meterse en estas pozas gigantes en pleno surazo fue otro toque de magia que muchos elogiaron. Y, por supuesto, hay mucho más. El operador de turismo Nelson Pacheco cuenta que son recorridos apetecidos por extranjeros, muchos europeos que consideran un privilegio tener tanta belleza en este lugar. Los organizadores del festival ConservArte le ponen empeño con la esperanza de que la conciencia obre el milagro de acabar con las quemas de cada año.