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Bordadoras de Méndez: mujeres tarijeñas que transforman el bordado chapaco

Miércoles, 27 de agosto de 2025 a las 04:53

29 mujeres del valle tarijeño mostraron en una pasarela el bordado chapaco aplicado a camisas, vestidos y accesorios. Entre hilos de colores y figuras tradicionales, las artesanas demostraron que la cultura puede adaptarse a la moda contemporánea sin perder su esencia.

En Tarija, la localidad de San Lorenzo fue escenario de una pasarela en la que 29 mujeres del Valle Central de Tarija mostraron prendas con el característico bordado chapaco. Las 'bordadoras de Méndez' presentaron una propuesta que unió tradición y creatividad, con diseños aplicados a camisas, vestidos, pantalones, sombreros y distintos accesorios.

El bordado, considerado un emblema cultural de la región, incorpora figuras como flores, uvas, erques y la rosa pascua, plasmadas con hilos de colores en cada pieza. A través de talleres de capacitación, estas artesanas perfeccionaron sus técnicas y combinaron la cultura con propuestas contemporáneas que buscan que el bordado chapaco tenga un lugar dentro de la moda. 

Más allá de su valor cultural, el bordado no solo mantiene viva la herencia chapaca, sino que también representa una fuente de sustento para muchas mujeres. Algunas lo asumen como un ingreso complementario, mientras que para otras es la principal manera de mantener a sus familias.

Las bordadoras buscan diferentes espacios para comercializar sus piezas: desde la venta en sus propios hogares hasta ferias locales o el mercadito de San Lorenzo. Sin embargo, la retribución económica sigue siendo baja frente al tiempo y la dedicación que exige cada prenda.

En cada puntada y diseño, entre hilos y colores, estas mujeres preservan la tradición tarijeña y demuestran que el bordado es más que un oficio: es arte, identidad y una herramienta de resiliencia.

¿Quiénes son estas bordadoras?

EL DEBER conversó con siete mujeres bordadoras de la provincia Méndez, quienes compartieron cómo nació en ellas la pasión por este arte. 

  • Primitiva Serpa

    Primitiva, de 57 años, aprendió a bordar hace apenas cinco años en el Instituto Santa Isabel. Oriunda de la comunidad La Victoria, en la provincia Méndez, cosía y confeccionaba desde niña, hasta que encontró en el bordado una nueva pasión. Actualmente es presidenta de la Asociación de Bordadoras de Méndez, que reúne a 21 mujeres dedicadas a este oficio, un espacio donde además de compartir técnicas, se apoyan mutuamente en la venta de sus trabajos.

    Todo me gusta hacer a mí. Yo sé costurar, sé bordar, tejer, bordar a mano, de todo sé hacer yo, contó Primitiva, quien desde muy joven se dedicaba a la costura. Su ingreso a la asociación se dio gracias a una invitación y, con el tiempo, fue elegida presidenta. Aunque cada una trabaja desde su casa, juntas han logrado espacios de comercialización, como el mercadito de San Lorenzo, donde una tienda ofrece los productos de todas.

    Espero que las mujeres que lo deseen puedan ser diseñadoras, no solo bordadoras. Que todas luchen por sus sueños, porque nunca es tarde para realizar los sueños que uno quiere... yo soñaba con bordar, nunca es tarde para aprender, compartió la líder de las bordadoras de Méndez.

    • Maida Aguilera

      Maida, de 28 años, ingresó al mundo del bordado hace cuatro años. En la pasarela más reciente, tuvo un motivo especial para estar orgullosa: su hijo de 10 años fue el modelo más pequeño del desfile. Entre las prendas que más disfruta elaborar están las mantas, ponchos, sombreros y sus aplicaciones, además de gargantillas, carteras, estucheras, cintillas, vestidos e incluso vestidos de novia.

      Mi horario de trabajo es de las 14:00 a 18:00 o 19:00. Me costó bastante aprender a bordar, he estado tres años aprendiendo. El primer año no podía bordar, el segundo ya empecé masito, masito. Y ahora ya más profesional, explicó. Las mantas son las que más me apasionan, añadió.

       Él está chocho (felíz), él quiere aprender a bordar también. Ya está esperando cumplir los 15 años para entrar al Instituto Santa Isabel, donde yo también aprendí, compartió la artesana.

      El bordado, además, tiene un significado profundo dentro de su familia. Maida recuerda que su madre siempre la animó a bordar, aunque no estaba de acuerdo con que vendiera sus trabajos. Ella me decía que solo haga cosas para mí, contó. Ahora las creaciones de la bordadora no sólo llegan a más personas, sino también inspiran a su hijo a seguir sus pasos.

      • Delina Ramos

        La bordadora, de 30 años, lleva alrededor de cinco años dedicada al bordado. Aunque en un inicio había dejado de practicarlo, decidió retomarlo mientras veía crecer a sus tres hijos.

        Solo eso, el bordado y costura, confección o prendas. Más me gusta lo estilizado: lo estilizado para vestir a diario, ya sea para varón o para mujer. En temporada de carnaval hacemos la ropa típica, que eso también es muy buscado, explicó la artesana. Entre las figuras que más borda están las flores, los claveles y las rosas pascuas. 

        En cuanto al taller en el que aprendió nuevas técnicas, Delina destacó su importancia: Nos ayuda los talleres, a mí los talleres siempre me han gustado porque el saber nunca ocupa campo, ocupa un lugar en nuestra mente. Siempre es bueno aprender, indicó con una sonrisa. 

        • Gilda Fernández

          Una artesana, de 28 años, aprendió el arte del bordado hace nueve años. Su primera oportunidad llegó cuando una señora de San Lorenzo comenzó a darle camisas para bordar, y desde entonces no ha dejado de hacerlo.

          Me especializó en camisas. Después ya he ido bordando de todo. Yo vivía en el campo y allá no había colegio. Después yo terminé mi octavo ahí en el campo y después vine aquí al Instituto Santa Isabel. Ahí aprendí a bordar porque era una carrera técnica y me gustaba mucho el bordado. Me gusta combinar los hilos, la tela; te desestresa de muchas cosas y es lo más bonito poder bordar con los hilos, relató.

          Hoy en día, sus trabajos van desde blusas y aplicaciones para sombreros, hasta cintos y aros. Hago todo lo que me piden, explicó con una sonrisa. Sus precios varían según el tipo de prenda y el detalle del bordado: unos aros pueden costar entre Bs 10 y 15, mientras que una blusa bordada puede llegar a valer entre Bs 120 y 150.

          El bordado se hace en una media mañana. Es mi única fuente de ingresos. Tengo mi hijita de 8 años y vengo a dejarle el colegio y me dedico a bordar, es más cómodo para mí ya trabajar en casa. Mi hijita se pone feliz de verme bordar. Cuando ella está haciendo su tarea me pregunta: ¿Mami, cuándo vas a acabar de bordar? Yo le repondo: No, pues mamita, yo tengo que bordar. ¿Con qué vamos a alimentarnos o comer?, contó la artesana.

          • Asunta Aguilera 

            La bordadora es originaria de Erquis, en la provincia Méndez. Desde hace cuatro años se dedica al bordado, oficio que aprendió en el CEA Santa Isabel. Lo que más disfruta de su trabajo es jugar con los colores de los hilos y elaborar mantas o ponchos, especialmente los flecos de estos últimos, que realiza de manera completamente manual.

            En un poncho, cuando el diseño de la rosa es grande se tarda, más o menos, desde las 08:00 hasta las 14:00. El fleco del poncho, eso es un poco más moroso para mí, tardo un día y medio. Los ponchitos, normalmente, que tienen bordado adelante y atrás cuestan Bs 200 hasta Bs 350, explicó Aguilera sobre su trabajo. 

            • María Teresa Gareca y Araceli Ortega Gareca

              María Teresa (53) y Araceli (18) han encontrado en el bordado una manera de trabajar juntas y fortalecerse como madre e hija. Ambas se inscribieron en el Instituto Santa Isabel, donde aprendieron el oficio.

              Empezamos las dos juntas. Mi hija tiene una discapacidad intelectual. Para que ella no se sienta discriminada, llegamos al instituto y ambas aprendimos a bordar, explicó María, quien pensó inicialmente en el bordado como una actividad que permitiera a Araceli socializar, pero que terminó convirtiéndose en un proyecto compartido.

              Actualmente trabajan principalmente desde casa. Una camisa bordada puede llegar a costar Bs 150, dependiendo del tipo de figura y del detalle del bordado. En el caso de las mantas con flecos, el trabajo puede extenderse hasta cuatro días, y su precio varía entre Bs 250 y 600, según el tamaño.

              Nunca es tarde en la vida para aprender, reflexionó María. Al hablar sobre lo que significa compartir este oficio con su hija, la madre bordadora destacó con orgullo que ambas forman un gran equipo.

              El bordado: un legado cultural que genera ingresos

              El evento Bordando Futuro: Moda con Raíces se desarrolló en el marco del proyecto de Desarrollo Económico Local Sostenible con Protagonismo Juvenil y Equidad de Género en el Valle Central de Tarija. Para realizar el proyecto, se identificó que, en San Lorenzo, muchas mujeres se dedican al bordado, aunque generen pocos ingresos. Algunas aprendieron la técnica en el CEA Santa Isabel, mientras que otras la heredaron de sus familias, perfeccionándola con los años.

              Este proyecto fue ejecutado por la Organización Esperanza Bolivia y Louvain Cooperation, con el financiamiento de la Unión Europea.

              Para hacer contacto con las artesanas, puede escribir a la Organización Esperanza Bolivia a través de sus redes sociales o contactarse con la presidente de la Asociación de Bordadoras, Primitiva Serpa: +591 75142299

              Entre las participantes se encuentran Maida Aguilera, María Elena Martínez, Lidia Rodas, Estela Aramayo, Analía Aguilera, Alicia Castro, Asunto Aguilera, María Teresa Gareca, Gilda Fernández, Aracely Ortega, Delina Ramos, Celinda Tarifa, Marfa González, Ilsen Bolívar, Carla Bolivar, Mirtha Rios, Primitiva Serpa, Eudalina Rojas, Dominga Rojas, Rossio Perales, Raimunda Guerrero, Tatiana Arce, Elizabeth Beltrán, Mariela Ortiz, Carolinne Tinta, Yovanna Rojas, Paula Valdez, Derlinda Jiménez y Liliana Quispe.

              Las bordadoras provienen de distintas comunidades de la provincia Méndez, como Erquis, Canasmoro, San Lorenzo, Trancas, Marquiri, Carachimayo y La Victoria, entre otras. Todas comparten un mismo oficio que combina tradición y creatividad, manteniendo viva la cultura local a través del bordado.

              El desfile de prendas chapacas era el cierre de los talleres a las artesanas. Con el apoyo de la agencia Andalucía Model’s, integrada por modelos tarijeñas, la pasarela permitió lucir las creaciones de las artesanas, resaltando los detalles de cada prenda y mostrando cómo la tradición chapaca se adapta a la moda contemporánea, sin perder su identidad cultural.

              Ana Karina Romero desempeñó el rol de capacitadora de las mujeres bordadoras, guiándolas a lo largo de un taller de cuatro jornadas que culminó con el desfile en San Lorenzo

              Lo más gratificante para mí es ver los resultados finales y ver el trabajo que realizan estas señoras, el empeño que le ponen. Clase a clase se pudo ver la diferencia y la mejoría que ellas tenían en su presentación. Igual la predisposición y ganas que ellas tienen de aprender cosas nuevas, compartió la capacitadora. 

              El taller se centró principalmente en el diseño y la elaboración de patrones para bordado, combinando la teoría con la práctica hasta completar la pieza final. Sin embargo, Romero reconoció que uno de los grandes desafíos que enfrentan las artesanas es la escasa institucionalidad que apoye el trabajo artesanal. Su consejo para quienes desean emprender en bordado es atreverse a soñar y enfrentar los miedos: “Nada es imposible, si lo puedes soñar, lo puedes lograr”.

               

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