Más de una semana después del sismo de magnitud 7,8, las esperanzas de encontrar personas con vida bajo los escombros se desvanecen, por lo que la atención se centra ahora en proporcionar alimentos y refugio a los damnificados. Pero activistas y equipos de emergencia en el noroeste de Siria han criticado la lenta respuesta de la ONU en las áreas controladas por los rebeldes, en contraste con los aviones cargados de ayuda humanitaria que han llegado a los aeropuertos controlados por el Gobierno. En Siria, por primera vez desde 2020, un convoy de ayuda entró el martes en las zonas rebeldes del norte a través del paso fronterizo de Bab al Salama con Turquía, indicó un periodista de AFP. El convoy está compuesto por 11 camiones de ayuda humanitaria de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), dijo un portavoz de esta organización de las Naciones Unidas en Ginebra. La preocupación crece en ambos lados de la frontera por los damnificados, sobre todo por los niños, entre los cuales más de siete millones habrían sido afectados, según Unicef, que expresó su temor de que hayan muerto “muchos miles” más. “Está claro que los números seguirán creciendo”, dijo en Ginebra James Elder, portavoz del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). Por su parte el secretario general de la ONU, António Guterres, hizo un llamamiento a donaciones de casi $us 400 millones para hacer frente durante “tres meses” a las “necesidades inmensas” de las poblaciones víctimas del terremoto en Siria. “Todos sabemos que la ayuda que salva vidas no entra en la velocidad y escala necesarias”, afirmó. El balance oficial más reciente es de 39.106 muertos, 35.418 en Turquía y 3.688 en Siria. Riesgos sanitarios El “peor desastre natural” en 100 años en la región europea, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), también ha tenido consecuencias sicológicas entre la población. Serkan Tatoglu logró salvar a sus cuatro hijos del violento sismo que destruyó su casa en el sureste de Turquía. La familia está ahora segura, pero su hija de seis años no para de preguntarle: “Papá, ¿vamos a morir?”, contó el hombre de 41 años. Al sufrimiento mental se suma la dura realidad de sobrevivir en ciudades convertidas en ruinas en plena helada invernal. En Kahramanmaras (sur de Turquía), multitudes dependían de un único retrete aún en funcionamiento en una mezquita. “Camino cinco kilómetros todos los días para venir aquí”, señaló Erdal Lale, de 44 años. Una sicóloga voluntaria que trabaja en un centro de ayuda en la provincia de Hatay dijo que muchos padres buscan desesperadamente a sus hijos desaparecidos. “Recibimos un aluvión de llamadas sobre niños desaparecidos”, dijo Hatice Goz. “Pero si el niño no habla aún, la familia no puede hallarlo”. Millones necesitan alimentos En la devastada ciudad turca de Antakya, los equipos de limpieza siguen retirando los escombros e instalando aseos básicos. La red telefónica empezaba a volver a funcionar en algunas zonas. “Envíen todo lo que puedan porque aquí hay millones de personas y todas necesitan alimentarse”, suplicó el ministro turco del Interior, Suleyman Soylu. En Antakya y Kahramanmaras estaban llegando alimentos y otros suministros. Ayuda para Siria Más de una semana después del terremoto y contra todo pronóstico siguen surgiendo historias de personas encontradas vivas entre los escombros. El lunes, camiones con kits de ayuda cruzaron desde Turquía al noroeste de Siria. Según el Ministerio de Transporte sirio, hasta ahora han aterrizado en Siria 62 aviones con ayuda y se esperan más en los próximos días. Ayer, un avión de Arabia Saudí con ayuda para las víctimas del terremoto aterrizó en Alepo, norte de Siria. Una madre y sus tres hijos están siendo asistidos para volver al país. La comunidad boliviana en territorio turco está conformada por al menos 500 personas
Un nuevo convoy de ayuda entró el martes en las zonas rebeldes del norte de Siria ocho días después del terremoto que la Organización Mundial de la Salud calificó de la “peor catástrofe natural en un siglo en Europa” y cuyo saldo en Siria y Turquía se acerca a los 40.000 muertos.Lea también
PAÍS
La familia boliviana afectada por el sismo en Turquía ya fue trasladada a Ankara